La portada de mañana
Acceder
La convocatoria en Andalucía encuentra al PP atrapado en la negociación con Vox
La fundación de Vox declaró 630.000 euros como “servicios a profesionales”
Opinión - 'Guerra: destrucción, muerte y una gran estafa', por Rosa M. Artal

“Detengan a este ser salvaje”: los iraníes temen que el aplazamiento del ataque anunciado por Trump solo retrasa un desastre mayor

Patrick Wintour

24 de marzo de 2026 21:59 h

0

Una ola de alivio temporal y cierto júbilo se extendieron por Irán después de que el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, anunciara el aplazamiento de un posible ataque contra la infraestructura energética del país. Trump justificó la decisión aludiendo a conversaciones “productivas” con Teherán. Sin embargo, las autoridades iraníes negaron de inmediato haber mantenido ningún diálogo, ni directo ni a través de intermediarios.

Eso no significa, sin embargo, que la vía diplomática haya estado completamente cerrada. Turquía, a través de su ministro de Asuntos Exteriores, Hakan Fidan, y Omán, por medio de su titular de Exteriores, Badr Albusaidi —ambos interlocutores respetados tanto en Teherán como en Washington—, han mantenido contactos telefónicos constantes.

Como suele ocurrir con Trump, la posibilidad de que todo esto no sea más que un Armagedón aplazado obliga a los iraníes a vivir en vilo, al menos durante el resto de la semana. Al mismo tiempo, refuerza a quienes dentro de Irán sostienen que la amenaza de paralizar el suministro eléctrico del país era, en realidad, una maniobra de distracción respecto a su principal objetivo estratégico: hacerse con el control del estrecho de Ormuz.

Si el pueblo de Estados Unidos u otros países no detienen a este ser salvaje, Oriente Medio se convertirá al instante en un infierno inimaginable y luego en una tierra árida e inhabitable

No obstante, la amenaza sobre los suministros eléctricos de Irán ha sido recibida con una mezcla de desafío, ira y un temor comprensible ante la posibilidad de apagones prolongados. En paralelo, se han lanzado llamamientos de última hora a la comunidad internacional para que inste a Donald Trump a abstenerse de lo que muchos consideran una amenaza precipitada y poco meditada.

Un conocido escritor reformista iraní, Ahmad Zeidabadi, compara el escenario que podría abrirse con la novela posapocalíptica Ensayo sobre la ceguera, de José Saramago, en la que una epidemia de ceguera se extiende de forma progresiva hasta afectar a toda la sociedad. Zeidabadi, habitualmente comedido, ha descrito el posible ataque de Donald Trump como “la mayor amenaza que se ha planteado contra nuestro país o cualquier otro a lo largo de la historia”.

En este sentido, ha advertido de que, si se interrumpe el suministro eléctrico a 90 millones de personas, hogares y calles quedarían sumidos en la oscuridad; los ancianos y las personas con discapacidad podrían quedar atrapados en los bloques de viviendas; y el agua, el gas, la gasolina y el gasóleo empezarían a escasear, a lo que pronto se sumarían carencias de alimentos, de productos de higiene y de transporte.

“Si el pueblo de Estados Unidos u otros países no detienen a este ser salvaje, Oriente Medio se convertirá al instante en un infierno inimaginable y luego en una tierra árida e inhabitable”, alerta. En su opinión, Trump es un individuo enloquecido que, no obstante, es “el principal responsable de la toma de decisiones de la mayor potencia militar del mundo”. La sensación de que Estados Unidos está en manos de una figura desquiciada es bastante común entre los iraníes.

En un escrito que publica diariamente, Yousef Pezeshkian, hijo del presidente de Irán, Masoud Pezeshkian, ha justificado una posible represalia iraní al afirmar: “Cuando Estados Unidos ataca infraestructuras, las consecuencias acaban recayendo sobre vosotros. No se puede decir: ‘te cortaré la electricidad, pero tú no debes cortarme la mía’. Todo lo que hagamos, tarde o temprano, vuelve para atormentarnos. Esta es la ley de la naturaleza y el orden de la creación. Este es el honor del mundo”.

Reza Nasri, un abogado internacional con fuertes vínculos con el Ministerio de Asuntos Exteriores iraní, ha alertado de que, si Trump cumple su promesa de atacar las centrales eléctricas de Irán, no se tratará de un crimen de guerra cometido en el caos de la batalla, sino de algo premeditado y anunciado con antelación. En este sentido, ha afirmado que la falta de supervisión del Congreso o del poder judicial pone de manifiesto que algo fallaba de manera fundamental en la política estadounidense.

Mohammad Enayati, un experto en energía muy citado en los medios iraníes, sostiene que la red eléctrica del país —con una capacidad de 100.000 megavatios— constituye un sistema amplio y disperso, lo que dificulta su neutralización mediante unos pocos ataques aéreos. Según explica, las cinco mayores centrales eléctricas de Irán concentran apenas el 10% de la generación nacional, mientras que en Israel las cinco principales instalaciones aportan cerca del 50% de la electricidad. En este contexto, los medios iraníes han llegado a identificar y difundir las cinco centrales del país consideradas más vulnerables a un eventual ataque.

También ha señalado que, debido a las vacaciones de Nowruz, el Año Nuevo persa, el consumo eléctrico es inferior al habitual, lo que facilita el mantenimiento de la red. Durante este periodo, el éxodo desde Teherán es especialmente intenso, con un elevado tráfico en las carreteras que salen de la ciudad. Se estima que más de tres millones de iraníes se han visto obligados a desplazarse internamente a causa de la guerra.

En una publicación en Telegram, el exembajador iraní en el Reino Unido, Mohsen Baharvand, ha señalado que “no tendrá más honor ni credibilidad [una] superpotencia por atacar instalaciones civiles con armas avanzadas y destructivas y causar problemas críticos a una nación civil”.

Sostiene que, cuando un líder mundial presenta las operaciones militares y la muerte de personas como algo casi lúdico, hablar de crímenes de guerra resulta evidente.

Baharvand también ha indicado que muchos iraníes nunca perdonarán a Trump por bromear sobre lo “divertido” que fue que un submarino estadounidense hundiera la fragata iraní IRIS Dena frente a las costas de Sri Lanka, matando a más de 80 marineros.

Ha señalado que, con diplomacia, el estrecho de Ormuz aún podría convertirse en “una baza para la paz”, un punto de negociación entre los Estados del Golfo.

Muchos iraníes, tanto civiles como diplomáticos, habían confiado en que Europa o los Estados del Golfo pudieran persuadir a Trump para moderar su postura. Sin embargo, la Guardia Revolucionaria se mostró inflexible y dejó claro que respondería atacando infraestructuras energéticas y plantas desalinizadoras en el Golfo, una escalada que podría agravar aún más la fragilidad de sus economías y desencadenar una crisis ecológica y humanitaria de gran alcance. Las autoridades iraníes advirtieron, además, de que habría represalias incluso ante un ataque meramente simbólico contra una central eléctrica.

Muchos analistas iraníes siguen mostrando preocupación por los crecientes informes de que Estados Unidos podría desplegar fuerzas terrestres para tomar la isla de Jarg, un enclave estratégico en el golfo Pérsico, clave para las exportaciones petroleras de Irán.

De hecho, el exvicepresidente del Parlamento, Ali Motahari, ha afirmado que cree que la amenaza de atacar la central eléctrica es un engaño diseñado para desviar la atención de los planes de tomar las islas del estrecho.

El Consejo de Defensa de Irán ha emitido un comunicado en el que lanza la siguiente advertencia: “Cualquier intento enemigo de atacar las costas o islas iraníes conducirá naturalmente al minado de todas las rutas de acceso y líneas de comunicación en el Golfo Pérsico y las costas con diversas minas navales, incluidas minas nadadoras que pueden desplegarse desde la costa. En ese caso, prácticamente todo el golfo Pérsico experimentará una situación similar a la del estrecho de Ormuz durante largos periodos y, esta vez, todo el golfo Pérsico quedará efectivamente bloqueado”.

En este contexto de creciente tensión en el golfo Pérsico y de advertencias cruzadas sobre el control del tráfico marítimo, el comunicado recuerda que “aún no se ha olvidado el sacrificio de más de 1.000 desminadores que no lograron neutralizar un número limitado de minas navales en la década de los ochenta”. Y añade que “la única forma de que los países no hostiles atraviesen el estrecho de Ormuz es en coordinación con Irán”.

Irán sigue negando las acusaciones de que haya lanzado un misil balístico intercontinental contra la base militar británica de Diego García, una afirmación que llevó a Israel a argumentar que Europa se ve amenazada por el programa de misiles de Irán. El pasado domingo, el ministro del Gobierno británico Steve Reed declaró que “no hay ninguna evaluación específica que indique que los iraníes tengan como objetivo Reino Unido o que pudieran hacerlo si quisieran”.

Esmaeil Baqaei, portavoz del Ministerio de Asuntos Exteriores iraní, ha señalado que resulta significativo que Mark Rutte, secretario general de la OTAN, haya admitido que la alianza no puede confirmar que los misiles dirigidos contra la base británica fueran misiles balísticos intercontinentales lanzados por Irán. Días después del incidente, los detalles de lo ocurrido siguen sin estar claros.

De hecho, los centros de estudios estratégicos israelíes han afirmado que Irán solo conserva el 25% —unos 120— de los 450 lanzamisiles que tenía al inicio de la guerra.