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The Guardian en español

La industria láctea ha conseguido volver a colar la leche con grasas en las escuelas de EEUU

El secretario de Agricultura de EEUU, Sonny Perdue, sostiene su mini brick de batido de chocolate durante una visita a una escuela primaria en Arlington, Virginia.

Jessica Glenza

Nueva York —

El secretario de Agricultura de Estados Unidos, Sonny Perdue, levantó el vaso con batido de chocolate y brindó con el lobby de la industria de productos lácteos para celebrar una reciente victoria comercial de lobby. Era octubre y Perdue se había presentado en la junta de directores del grupo sin previo aviso.

El Tratado de Libre Comercio de América del Norte (NAFTA, por sus siglas en inglés) promovido por el gobierno de Trump había proporcionado a los productores de leche de Estados Unidos una mayor entrada en el mercado canadiense, permitiéndoles exportar al país vecino 50.000 toneladas más de leche.

Dos meses después, Perdue impulsó una medida que permite que se vuelvan a ofrecer mini bricks de leche 1% materia grasa y con chocolate o con sabor a fresa en todas las escuelas del país [la administración Obama aprobó unas normas más estrictas para fomentar la alimentación saludable y las escuelas solo podían ofrecer cartones de leche desnatada y sin aromas].

“Alzó un vaso con batido de chocolate y brindó por nuestro director general y nuestra junta”, explics a The Guardian Cary Frye, vicepresidente de cuestiones reglamentarias de la Asociación Internacional de Productos Lácteos (International Dairy Foods Association, IDFA).

El brindis de Perdue al lobby de productos lácteos es solo un ejemplo de cómo la Administración Trump trabaja codo con codo con la industria de este sector en un contexto en el que la guerra comercial impulsada por el presidente ha perjudicado a los productores de leche.

La guerra comercial de Trump con China y México ha conllevado para la industria láctea pérdidas de unos 1.500 millones de dólares en concepto de aranceles de represalia. A lo largo de los últimos diez años, la producción de leche ha aumentado un 13%, si bien las ventas han disminuido. Según datos de Nielsen, solo en 2018 las ventas cayeron un 6%, en comparación con la venta de leches vegetales, que aumentó un 9%.

En este contexto, varios lobbies de peso se han gastado millones de dólares para defender los intereses de los productores de leche, queso y yogur de Estados Unidos. Según información sobre los lobbies proporcionada por el Senado de Estados Unidos, la IDFA se gastó 1,3 millones de dólares en campañas de presión, entre ellas una para que sus productos vuelvan a consumirse en las escuelas. Por otra parte, según Center for Responsive Politics, un organismo sin ánimo de lucro que hace seguimiento de las donaciones a campañas y partidos, el sector donó unos 260.000 dólares a candidatos políticos a través de su comité de acción política. Dos tercios de estos políticos eran republicanos. Según los datos de la misma organización, la Unión de productores de leche de Estados Unidos se gastó 924.000 dólares.

En agosto del mismo año, la Administración Trump compró leche por valor de 50 millones de dólares para donarla a bancos de alimentos y escuelas. Un mes más tarde anunció que haría un pago directo de 127 millones de dólares a los productores de leche. En octubre, tras la renegociación del NAFTA, los productores de leche de Estados Unidos consiguieron tener una mayor entrada en el mercado lácteo de Canadá. Y, por último, en diciembre, se cambiaron los criterios en torno a la leche que deben consumir los alumnos en las escuelas públicas del país.

“Ha sido un cambio muy importante para el sector. Las ventas de leche estaban bajando y también seguían bajando en las escuelas”, indica Frye. El sector tenía cinco prioridades y una de ellas era conseguir que la leche con un 1% de materia grasa y con aroma a fresa y chocolate volviera a consumirse en las escuelas del país: “Estamos muy contentos con el cambio”.

Este cambio de criterio permite que las escuelas ofrezcan mini bricks de leche con bajo contenido en grasa (la administración Obama consiguió que en las escuelas solo se consumiera leche desnatada) y con sabor a chocolate o a fresa. También ha abierto la puerta a harinas refinadas y a alimentos más altos en sodio.

Sin embargo, han sido muchos los que han expresado sus quejas ante este cambio de criterio del Departamento de Agricultura de Estados Unidos. La normativa establece que el público debe ser informado sobre este tipo de cambios y tiene derecho a expresar su opinión. Más de 83.000 personas hicieron llegar sus comentarios al Departamento de Agricultura y el 96% se mostraron en contra de volver a ofrecer leches aromatizadas en las escuelas.

“Alimenten a los niños con comida nutritiva, como frutas, verduras y alimentos con alto contenido en proteínas. Nada de azúcar y de productos procesados que tengan químicos”, indicó una de las personas que mandó su comentario de forma anónima. “Si queremos que los ciudadanos del futuro estén sanos y bien informados, debemos empezar por ofrecerles comida de calidad en la escuela para que se puedan concentrar y retener conocimientos”.

“Las comidas nutritivas no sirven si los niños las tiran”

A pesar de estos comentarios, el Departamento de Agricultura tomó la decisión de flexibilizar la normativa en torno a los alimentos escolares e indicó que “tras valorar con detenimiento todos los comentarios expresados, consideramos que los responsables de gestionar el programa de nutrición en las escuelas públicas del país han defendido con éxito su argumento de que el nuevo criterio es un cambio práctico y necesario para poder trabajar de forma eficiente”.

Perdue también defendió la medida en un tuit: “Las comidas nutritivas no sirven para nada si los niños las tiran a la basura”. También indicó que el Departamento de Agricultura “empodera a las escuelas locales” para que ofrezcan “comida sana y sabrosa” a los niños, un argumento que la industria láctea ha esgrimido en muchas ocasiones.

En una encuesta del National Dairy Council [el consejo nacional del sector de productos lácteos] el 73% de las escuelas indicaron que los alumnos prefieren la leche con un 1% de materia grasa y aromatizada, en detrimento de la leche desnatada. De hecho, el lobby del sector afirma que entre 2012 y 2015 [años en los que las escuelas solo ofrecieron leche desnatada y sin aromas] los niños consumieron 288 millones de mini bricks menos.

El criterio sobre el tipo de leche que debe ofrecerse en las escuelas se integra en el programa de comidas escolares subvencionadas, que a diario sirve comida a 31 millones de alumnos. Los escolares con familias de bajos ingresos no pagan el comedor escolar, o solo lo pagan en parte. De hecho, en algunos casos, las comidas en la escuela representan la mitad de las calorías diarias consumidas por estos estudiantes.

La batalla para alimentarlos y para fijar los criterios de cómo deben ser alimentados ha vuelto a enfrentar a los expertos en nutrición con los lobbies en un contexto en el que estos últimos parecen tener mucho peso político.

Como ejemplo, uno de los cambios de criterio más comentados. Tras una campaña de presión por parte de la industria de alimentos congelados, el Congreso decidió que la pizza [que incluyera algún tipo de verdura] contaba como verdura en el menú escolar. Por otra parte, hace una década, en un contexto de excedente de ciruelas pasas, el lobby de productores de este fruto seco también intentó convencer al Gobierno de la conveniencia de añadirlo a las hamburguesas.

Susan Levin, directora de nutrición del Comité de Doctores para una Medicina Responsable (Physicians Committee for Responsible Medicine), un grupo que promueve la dieta vegana, indica que las normas que ahora se han flexibilizado intentaban “a pesar de todos sus defectos, que en las escuela se sirviera comida más saludable”. En su opinión, el cambio de criterio “se hace para favorecer a la industria”.

En su momento, el lobby de la industria láctea luchó con uñas y dientes contra las medidas que impulsó la administración Obama, que estableció que las escuelas públicas del país solo ofrecieran a los alumnos la posibilidad de leche desnatada y sin aromas. El sector afirma que esta medida es la culpable del descenso en el consumo de leche.

Solo en 2018, la IDFA se gastó cerca de 300.000 dólares trimestrales en campañas para defender sus intereses, entre ellos, los que tienen que ver con la leche que se ofrece en los comedores escolares a la hora del almuerzo.

“Cualquier programa gubernamental [en torno a la nutrición] tiene un enorme impacto económico para el sector y esto incluye las escuelas”, indica Levin. “Es precisamente en los centros escolares donde van a parar los excedentes, también en las cárceles federales”.

En los últimos años, la industria ha intentado inculcar la noción de que la leche con chocolate es idónea para los atletas y también ha intentado alejar a los consumidores de algunas bebidas en auge [como las leches vegetales]. Según un informe de MilkPEP (National Fluid Milk Processor Promotion Board, Consejo Nacional de Promoción de Productos Lácteos Líquidos) el descenso de natalidad y los “niños veganos” también son algunos de los retos a los que debe hacer frente el sector.

Una nutricionista de la Universidad de California califica de absurda la noción de que la leche con chocolate sea beneficiosa para los deportistas. “La leche es una bebida muy saludable, tiene proteínas, calcio y vitamina D; somos mamíferos y crecemos bebiendo leche por este motivo”, indica Lorrene Ritchie, directora del Instituto de Políticas de Nutrición de la Universidad de California. “Añadirle chocolate no supone ningún beneficio para el deportista”.

Traducido por Emma Reverter

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