El movimiento de protesta estudiantil que puede derrotar al líder ultranacionalista de Serbia en las elecciones
En una fría tarde de otoño, un grupo de estudiantes serbios recorre como voluntarios los bloques de viviendas de Krnjača, un barrio de las afueras de Belgrado, para hacer campaña puerta a puerta. Llevan cintas para colgar al cuello con la palabra “victoria”, una lista de preguntas y una aplicación móvil que registra los hogares visitados y el nivel de apoyo en cada uno.
Los voluntarios forman parte de Lista Estudiantil, un movimiento de masas que lleva dos años sacudiendo Serbia con protestas constantes. Este domingo, el grupo presentará a sus propios candidatos a las elecciones parlamentarias y planteará el desafío más serio al que se ha enfrentado Aleksandar Vučić en sus 12 años en el poder, marcados por un autoritarismo creciente.
Esperan emular la derrota del aliado de Vučić, Viktor Orbán, en la vecina Hungría hace seis meses en un efecto dominó que podría impulsar un resurgimiento democrático en Europa Central.
Los sondeos arrojan resultados muy dispares, pero muchos analistas consideran muy posible que las elecciones estén reñidas. Ninguna de las partes parece dispuesta a reconocer una eventual derrota como legítima, lo que aumenta el riesgo de disturbios y enfrentamientos tras los comicios.
Para ganar, la lista de 250 candidatos del movimiento estudiantil tendría que transformar la manera de hacer política en Serbia y poner fin al control que Vučić ejerce sobre el país. Vučić dimitió como presidente el mes pasado, cinco meses antes de concluir su segundo y último mandato permitido por la Constitución, pero lo hizo con el único objetivo de prolongar su permanencia en el poder como primer ministro al frente del Partido Progresista Serbio (SNS).
En la zona del barrio que tenían asignada, el estudiante de Derecho Zak Veličković y la fotógrafa de campaña Danijela Radojković encuentran un apoyo abrumador. Salvo unas pocas personas que los despachan educadamente indicando que no les interesa la política, los vecinos aprovechan la ocasión para expresar sus quejas.
La mayoría promete darles su voto y una minoría considerable se ofrece a colaborar: algunos taxistas que viven en los bloques de pocas plantas señalan que llevarán a los votantes a los colegios electorales.
“La clave es la participación”, señala un vecino. “Orbán cayó con un 80%”, añade, en referencia a las elecciones húngaras de abril.
Veličković comienza cada conversación preguntando a su interlocutor cuál es el mayor problema de la sociedad serbia; una pregunta que a menudo provoca risas y respuestas del tipo: “¿Cuánto tiempo tienes?”.
La corrupción es la queja más frecuente. En el índice de corrupción elaborado por Transparency International, Serbia ocupa un puesto mucho peor que cualquiera de sus vecinos. Es el país más corrupto de Europa, con la excepción de Bielorrusia y Rusia.
Son frecuentes las acusaciones de vínculos entre el SNS y el crimen organizado y el eslogan de la Lista Estudiantil aborda de frente esa percepción generalizada planteando la disyuntiva entre “Serbia o la mafia”. El Gobierno niega todas las acusaciones y sostiene que está combatiendo el crimen organizado.
Los principales problemas locales en Krnjača parecen ser el mal estado del puente que une el barrio con el centro de Belgrado y el sistema de alcantarillado, que falla repetidamente cuando llueve intensamente, a pesar de la promesa personal de Vučić —quien, según los vecinos, visitó la zona hace unos años— de solucionar el problema.
La economía ha crecido en los últimos años, pero existe la opinión generalizada de que los beneficios no se distribuyen de forma equitativa. En Krnjača se han abierto concesionarios de Porsche y Land Rover. Esto contrasta con los espacios públicos, que se ven descuidados. Algunos de los tranvías de Belgrado tienen más de 50 años.
De hecho, fue un grave fallo de infraestructura lo que desencadenó las protestas estudiantiles: el derrumbe de una marquesina de hormigón en la estación de tren de Novi Sad el 1 de noviembre de 2024, en el que murieron 16 personas. Las pruebas apuntaban a modificaciones defectuosas realizadas durante las obras de remodelación, pero hasta la fecha no se ha determinado oficialmente la causa ni se han exigido responsabilidades a ningún cargo público.
Cuando los estudiantes de Belgrado bloquearon una carretera en una vigilia por las víctimas tres semanas después de la catástrofe, fueron atacados por una turba del SNS y el movimiento de protesta se extendió a todo el país.
Vučić, preocupado
En un principio, los estudiantes se distanciaron de los partidos de la oposición y evitaron cualquier tipo de jerarquía o estructura de liderazgo convencional. Se trató, en parte, de una elección ideológica y, en parte, de una decisión práctica. El SNS y los medios de comunicación estatales gobiernan, entre otros métodos, recurriendo a la difamación de sus oponentes, y el enfoque colectivo de los estudiantes ofrecía menos objetivos de ataque.
Vučić saltó a la fama en la década de 1990 como nacionalista radical, partidario de las políticas de expansión serbia y limpieza étnica lideradas por Slobodan Milošević, quien falleció de un infarto mientras se encontraba detenido en La Haya durante su juicio por genocidio y crímenes contra la humanidad cometidos en Croacia, Bosnia y Kosovo. Ocupó el cargo de ministro de Información de Milošević durante todo el conflicto de Kosovo. Como presidente, Vučić no ha imitado el militarismo de su predecesor, pero ha seguido recurriendo al nacionalismo en la política interna, descalificando a la oposición como un grupo de títeres al servicio de supuestas potencias extranjeras que no identifica.
Hasta ahora, esas tácticas tan manidas han resultado ineficaces frente a los estudiantes. Una encuesta publicada en julio por un grupo serbio prodemocrático, el Centro de Investigación, Transparencia y Rendición de Cuentas (CRTA), y la Universidad de Stanford reveló un apoyo significativamente mayor a los estudiantes (45%) que al SNS (36%), pero eso fue mucho antes de que Vučić anunciara su dimisión el 27 de septiembre y su maquinaria electoral se pusiera a trabajar sin descanso. Otras encuestas nacionales más recientes sitúan al SNS a la cabeza, aunque la oposición atribuye a esas encuestadoras un sesgo favorable al Gobierno.
El propio Vučić da muestras de que se está tomando la amenaza política lo suficientemente en serio como para lanzarse de lleno a la campaña, con 129 apariciones en directo en televisión en agosto, más de cuatro veces el total del mes anterior.
Somos personas que hemos dirigido proyectos, organizaciones y nuestra comunidad y, la verdad, no veo que podamos hacerlo peor que estos políticos… Lo único que importa es la voluntad de mejorar algo, la experiencia para llevarlo a cabo y el apoyo necesario para lograr el cambio real
“Serbia ha sido una autocracia electoral y, en las autocracias electorales, solo los partidos políticos en el poder pueden ganar”, explica Raša Nedeljkov, director de programación de la CRTA. Cree que el actual equilibrio de poder está ahora en peligro.
“Lo que estamos viendo en los últimos días, semanas y meses es que esa fuerza —el Gobierno homogéneo con el que solía contar Vučić— ya no existe. Se enfrenta a un actor político poco ortodoxo y las herramientas que ha perfeccionado a lo largo de los años desde que llegó al poder ya no le sirven”, explica.
Un experimento democrático
Incapaz de aplastar a los estudiantes por la fuerza, la división o el menosprecio, Vučić se arriesgó anunciando su dimisión como presidente y convocando elecciones anticipadas, con la aparente esperanza de pillar a los estudiantes desprevenidos, pero estos respondieron improvisando un experimento democrático.
Los 250 candidatos fueron en su mayoría propuestos por las facultades universitarias (entre ellos hay más de 160 doctores), con algunos agricultores y profesionales de otros ámbitos, y cada candidato tuvo que ser aprobado en las sesiones plenarias de las protestas estudiantiles.
El programa político también ha sido decidido por el pleno, con el resultado de que se han minimizado los temas que generan polémica, especialmente la política exterior: la cuestión de la futura adhesión a la UE se ha dejado en manos de un referéndum y se afirma que Kosovo es parte integrante de Serbia.
Esta gente decía: 'No me meto en política', y luego la política les costó la vida. (...) Sin duda, esto ha impulsado a mucha gente a implicarse y, obviamente, esas personas no votarán a Vučić. Creo que esa es la única oportunidad de cambio: ese reservorio de votos de personas que nunca han votado
Una de las candidatas elegidas, Milica Jovanović, profesora adjunta de la Universidad de Belgrado, argumenta que la falta de experiencia política de la Lista no era necesariamente un inconveniente.
“Somos aficionados a la política, pero somos expertos”, afirma Jovanović. “Somos personas que hemos dirigido proyectos, organizaciones y nuestra comunidad y, la verdad, no veo que podamos hacerlo peor que estos políticos… Lo único que importa es la voluntad de mejorar algo, la experiencia para llevarlo a cabo y el apoyo necesario para lograr el cambio real”.
La Lista Estudiantil se enfrenta al monolito político del SNS, que lleva 14 años en el poder y controla el aparato estatal. Acusa al Ministerio de Asuntos Exteriores de manipular el voto de la diáspora al mantener abiertos los colegios electorales donde Vučić cuenta con un fuerte apoyo, como en la parte serbia de Bosnia, y cerrarlos en zonas de Norteamérica donde la oposición tiene expectativas de obtener buenos resultados. El ministerio no ha respondido a una solicitud de comentarios.
Mientras tanto, el control del SNS sobre los medios de comunicación nacionales es evidente. Una encuesta de la CRTA realizada en septiembre reveló que el 69% del tiempo de emisión de los canales de televisión serbios se dedicaba a la mayoría gobernante. De la cobertura restante dedicada a la oposición, el 42% tenía un tono negativo y el 53% era neutral.
El movimiento estudiantil ha tratado de eludir el dominio gubernamental de los medios de comunicación, según afirma, yendo puerta a puerta, incluso enviando a un representante “a cada pueblo”, con la esperanza de hacer mella en la sólida base de Vučić en el campo serbio. El resultado podría depender de si estos emisarios estudiantiles logran cambiar la mentalidad de la población rural.
Ningún representante del SNS ha querido responder a la solicitud de comentarios de The Guardian. Gordana Čomić, exmiembro del Partido Demócrata, de la oposición, y exministra en el Gobierno del SNS, afirma que los estudiantes están exagerando el alcance de su campaña rural y que se autoengañan si piensan que tienen posibilidades de ganar.
“No están sobre el terreno. Es propaganda. No tienen ni idea de quiénes son sus votantes”, afirma Čomić, que pronostica que la Lista Estudiantil obtendrá unos 80 de los 250 escaños de la Asamblea Nacional y que terminará disolviéndose. “No tendrán ni idea de cuál es su papel. ¿Cómo van a trabajar si no quieren hablar con nadie de los partidos en el poder? Simplemente, se disolverán”, afirma.
Radivoje Grujić, un consultor electoral serbio afincado en Varsovia, también se muestra escéptico respecto a que la Lista Estudiantil pueda obtener resultados positivos en las zonas rurales y argumenta que la única vía de victoria para los estudiantes sería que el desastre de Novi Sad movilizara a los serbios que hasta entonces se han mantenido al margen de la política.
“Esta gente decía: 'No me meto en política', y luego la política les costó la vida”, afirma. “Sin duda, esto ha impulsado a mucha gente a implicarse y, obviamente, esas personas no votarán a Vučić. Creo que esa es la única oportunidad de cambio: ese reservorio de votos de personas que nunca han votado”.
“Hay una sensación de que es ahora o nunca”
En una contienda reñida, se espera que entren en juego otros factores. Los partidos minoritarios que representan a las comunidades húngara, bosnia y albanesa podrían convertirse en decisivos.
En elecciones anteriores se han producido múltiples denuncias de diversas formas de fraude, como la compra de votos, la intimidación a los votantes y el relleno de urnas, por lo que la Lista Estudiantil tiene previsto desplegar el domingo un número sin precedentes de observadores de la oposición.
Esto, a su vez, podría aumentar la posibilidad de que se produzcan enfrentamientos el día de las elecciones. Los ataques contra representantes de la oposición por parte de bandas de hombres corpulentos, anónimos y vestidos de negro han sido una constante durante el mandato del SNS. En los días previos a las elecciones, uno de esos matones a sueldo se ha convertido en informante.
“Mi función consistía en dirigir a un grupo de hombres a los lugares más peligrosos y críticos, a cualquier concentración en la que hubiera estudiantes o miembros de la oposición”, explica Momcilo Marjanovic a la Red de Periodismo de Investigación de los Balcanes, añadiendo que se le pagaba de forma encubierta a través de un empleo ficticio en una empresa de servicios públicos. “Nuestro trabajo consistía, como último recurso, claro está, en recurrir a la fuerza, aunque a menudo no se trataba de un último recurso”.
Los diplomáticos en Belgrado pensaban que los planes de Vučić de acoger un gran evento internacional, la EXPO 2027, el año que viene, podrían frenar cualquier acto de violencia. Si su control del poder se ve amenazado, Vučić también tiene la opción de forzar repetidos recuentos con la esperanza de que el ímpetu de los estudiantes acabe disipándose.
El movimiento está decidido a que eso no ocurra y ha centrado su planificación en las últimas semanas en tácticas callejeras postelectorales para defender cualquier victoria.
“Creo que hay una sensación generalizada de que es ahora o nunca”, decía Jelena Kleut, profesora asociada de estudios de medios de comunicación, en una reciente manifestación frente al Ministerio de Educación en Belgrado. “La gente ha sentido realmente en carne propia de lo que es capaz el régimen y existe la sensación de que aún hay que mantenerse fuertes porque aún queda camino por recorrer”.
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