Pravy Sektor, el rostro más temible de la nueva Ucrania

El líder de Pravy Sektor, Dmytro Yarosh, habla en febrero en un mitin en la Plaza de la Independencia en Kiev.

No quiere decir su nombre, pero todo el mundo lo llama Byk, toro en ucraniano. Como indica su apodo, hay que capearlo como a un miura cada vez que atraviesa el pasillo. Lleva chaleco antibalas, pasamontañas y ningún arma a la vista. Es bajito, pero su decisión, su volumen corporal y su presumible fuerza asustan.

Toro es uno de los voluntarios que escoltan la entrada al edificio ocupado por Pravy Sektor en la plaza de la Independencia de Kiev. Este Sector de Derechas, según su traducción, apareció en Ucrania poco antes de las manifestaciones del 30 de noviembre, cuando miles de personas salieron a la calle para protestar contra la negativa del expresidente Víctor Yanukóvich de firmar un tratado de libre comercio con la Unión Europea. Y en estos meses ya ha conseguido acaparar la atención de la gente dentro y fuera del país por su conducta violenta y sus ideas ultras. En las últimas semanas, miembros armados del grupo han participado en tiroteos en la zona suroriental de Ucrania.

Poca gente, sin embargo, parece saber qué es exactamente Pravy Sektor. Ni quién lo forma o quién lo financia. Su bandera (compuesta por dos barras horizontales, una negra y una roja, simulando la tierra y la sangre derramada por ella) ondea sobre algunas tiendas de campañas de la plaza donde nació el heterogéneo movimiento conocido como Maidán o Euromaidán (por su afinidad de pertenencia a Europa) y sus símbolos son cada vez más visibles.

Ni siquiera Andrea, el boxeador profesional de 27 años que hace de lazarillo por el inmueble ocupado en esta plaza, conoce el ideario del grupo más allá de su lema 'Gloria a Ucrania' y de la llamada “Revolución Nacional” que enarbola la formación por medio de sus “soldados”. Tampoco el número de seguidores: “Sólo lo saben en las esferas superiores. No nos dejan saberlo para no darles pistas al enemigo”, apunta este joven de rasgos hoscos y nariz machacada por los golpes en el ring. ¿Qué enemigo? “Putin”, responde de inmediato en alusión al presidente ruso.

Su discurso responde al del nacionalismo ucraniano contrario a la anexión de las provincias orientales a la Federación Rusa. “Queremos una Ucrania formada por la gente de aquí, en paz. Los que dicen que matamos son los de Moscú, que siempre mienten”, espeta. Lo explica alguien que nació en Yalta –tercera ciudad de la península de Crimea, la primera provincia que pasó a formar parte de Rusia hace un par de meses- y ha peleado como púgil en torneos de Rumanía, Bulgaria o Alemania. Andrea quiere “un Estado democrático” y asegura que no son “radicales” sino “gente harta de la corrupción”. “Queremos que el dinero del país sea para el pueblo y no para los gobernantes”.

Dicen que no son radicales, pero algunos de sus miembros más conocidos han protagonizado amenazas y extorsiones. Alexander Muzychko apareció en la Fiscalía de Kiev en febrero para amenazar y golpear a un fiscal porque no le decía dónde estaba su jefe. Se paseó por el Ayuntamiento de la capital exhibiendo un kalashnikov y retando a los presentes a que se lo arrebataran. En marzo murió a tiros en una operación de las fuerzas especiales de la policía organizada para detenerlo o simplemente silenciarlo.

El líder del Pravy Sektor -Dimitri Yarosh, de 42 años- es un antiguo dirigente del grupo de ultraderecha Trizub (que significa 'tridente', como el símbolo de la bandera ucraniana que representa los tres elementos aire, tierra y agua). De formación militar soviética (fue entrenado en el Ejército ruso y después se enroló en grupos nacionalistas ucranianos a finales de los 80, cuando la URSS se desintegraba), Yarosh siempre ha mostrado una actitud extremadamente beligerante contra las fuerzas rusas.

“Si asoman su cara aquí, como en Georgia en 2008, van a recibir un golpe en los dientes”, dijo en una entrevista a la revista Time. Afirma llevar entrenando a milicias desde hace veinte años y que fueron los primeros en salir con armas de fuego a las calles de la capital ucraniana.

También se les relaciona con el partido de marcada línea ultranacionalista Svoboda, formado en 2005 al calor de la llamada Revolución Naranja (su líder, Oleg Tiagnibok, fue declarado 'persona non grata' en Estados Unidos por unas declaraciones “abiertamente antisemitas”) y que es la cuarta fuerza política desde las últimas elecciones legislativas. Su grupo posee actualmente tres ministros -de Agricultura, Educación y Ecología-, seis gobernadores provinciales, un viceprimer ministro y el fiscal general del Estado.

Desde el Kremlin los describen como neonazis y les acusan de sembrar el odio hacia los ciudadanos rusos y de negociar con terroristas. También les han culpado de ser los protagonistas de los disparos que acabaron con la vida de más de 100 personas en las protestas de febrero. “Cada uno los enmarca en el grupo contrario: Rusia los ve como una herramienta norteamericana o europea, y ellos de tener algún vínculo con Rusia”, sostiene Mark Rachkevych, periodista del diario en inglés Kyiv Post. “Pero no se sabe realmente quién está detrás”, aclara.

Según este periodista, Pravy Sektor cuenta con unas 1.500 personas, de las cuales sólo una parte minoritaria sería seguidora del líder nacionalista ucraniano Stepán Bandera, que luchó junto a los nazis en la Segunda Guerra Mundial. Ellos estiman haber congregado a 10.000 “soldados” que pelean en las zonas “separatistas”.

Pravy Sector ha dicho que está dispuesto a presentarse a las próximas elecciones legislativas. Pocos les auguran mucho éxito. En las encuestas no llegan ni al 1%.

“Se nos señala como banderovsky (los ”fachas“ de aquí) o neonazis y sólo queremos la unidad de Ucrania frente a los separatistas”, asevera Andrea mientras señala dos huchas para recaudar dinero para armas (“compramos fúsiles Scorpion y Kalashnikov”, sonríe). En la acampada nadie parece haber tenido ningún choque con ellos y siguen a la expectativa de sus movimientos.

Solo Oleg Babanin, portavoz del lobby prorruso Vybor, relata en su despacho cómo han ido dos veces a las oficinas para pedir documentación y llevarse papeles. “Una vez rompieron un cristal y se metieron de madrugada. Otra llegaron en tropel y nos obligaron a enseñarles nuestros archivos”, dice el portavoz de esta asociación con fuertes conexiones en Moscú.

¿Cuál será el siguiente paso? Esa es la gran duda en Ucrania. Ya han formado un grupo paramilitar que ha participado en enfrentamientos contra grupos prorrusos en las zonas de Donestk o Lugansk, en el este del país. Miembros del grupo estuvieron en la manifestación de Odessa en la que se lanzaron cócteles molotov contra el edificio de la sede de los sindicatos, que acabó en llamas. Decenas de personas murieron asfixiados, la mayoría miembros de los grupos contrarios al Gobierno de Kiev que habían ocupado el edificio.

De momento, en las dos plantas del bloque que han ocupado en la plaza de la Independencia, los cerca de 30 miembros que pasean por su interior evitan, con cierta amabilidad, pronunciarse. Casi todos se han ido a luchar al este del país. El resto pasa las noches en lo que antes era un locutorio, convertido ahora en un dormitorio común con colchones en las cabinas y desplegados sobre palés. La antigua recepción se utiliza de cocina, con mostrador, hornillos, nevera y microondas. En el sótano, un antiguo gimnasio aún mantiene su sala de máquinas y los vestuarios. En la primera sólo queda una barra colgada en la pared y una mesa de ping pong. En los segundos, una sauna encendida a medio gas se utiliza para secar la ropa. Algunas baldas de las estanterías muestran un relicario de máscaras antigás y munición. Y camisetas con el rostro de Putin retratado como Adolf Hitler cuelgan de los muros. Andrea insiste en que “él es el enemigo” mientras sortea la embestida de Toro, que vuelve a su sitio habitual: la entrada.

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