Emprender desde la calma: las sábanas de algodón orgánico que se producen en un pueblo riojano de 300 habitantes

Dora Moure García, de La Rueca Voladora, entre tejidos

Ester Fernández García

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Conocía los tejidos de calidad porque había pasado años entre manteles y sábanas por su trabajo en la hostelería y en hoteles, pero no sabía nada de costura. Sin embargo, querer huir de aquel estrés le llevó a emprender y crear su propia empresa de ropa de cama sin marcharse del pueblo en el que vivía, Ollauri, en La Rioja Alta, donde apenas viven 300 habitantes. Fue, sobre todo, “una apuesta por la tranquilidad” como lo son sus tejidos, señala como analogía Dora Moure García, creadora de La Rueca Voladora.

Las premisas de su marca siguen intactas como hace diez años cuando la puso en marcha: ofrecer productos a medida y tallas especiales, como ropa de cama de 2x2 que entonces no era tan fácil encontrar, y artículos de calidad, como algodones orgánicos certificados, en los que son ya una de las empresas punteras del país. Actualmente, trabajan con algodones de lino o algodón supima, siempre comprados dentro de la Unión Europea. “Para tener la seguridad de las certificaciones”, apunta Dora Moure, que subraya también la importancia que le dan al respeto por el medio ambiente de los tejidos con los que trabajan.

La cercanía es un valor fundamental para este proyecto, pero a veces no resulta sencillo. “Siempre habíamos trabajado con talleres de confección de La Rioja, pero se nos jubilaron y tuvimos que salir -siempre dentro de España-”, cuenta. Ahora, agradece haber vuelto a trabajar con dos talleres en La Rioja, situados muy cerca de su empresa, en Haro y Santo Domingo. “Me gusta saber quiénes está detrás y ver cómo trabajan, conocemos a los proveedores de las telas en persona y también buscamos en persona los talleres, así se puede controlar mejor la producción”, explica Moure, que subraya la importancia de que los talleres de confección y las modistas puedas subsistir. “Doy mucho valor a cada puntada”, asegura Moure, que en estos años ha aprendido muchísimo de costura, que hasta ahora era desconocido.

Aposté por la tranquilidad, porque mis tejidos también son así

Dora Moure García La Rueca Voladora

Aunque ella no había cosido nunca, le contaron que su bisabuela sí lo hacía y también su suegra, de quien conserva una rueca antigua que dio nombre a su empresa. En La Rueca Voladora se encargan de seleccionar cuidadosamente los tejidos y hacer los diseños. Aunque la marca empezó centrada en la ropa de cama, su cartera de productos se ha ido ampliando, aunque siempre relacionado con el dormitorio y el baño, que venden a hoteles y clientes particulares. Hacen también toallas, albornoces, pijamas y muchas más ideas que ya están en mente de Dora Moure, que quiere seguir haciendo crecer su negocio. Pero sin perder su esencia más importante: la calidad y la cercanía.

Y por ello, estar ubicado en Ollauri es otro valor de la empresa. La apuesta era desde el principio quedarse en el pueblo en el que vivía y no hacer grandes producciones, asegurando que la tranquilidad de su vida cotidiana fuera también las de los tejidos que vende. “Tengo claro que si esta empresa me la llevo a una ciudad, ya habría crecido muchísimo más. Pero pasé de un negocio muy estresante a decir 'no, ahora quiero más calma'”, dice satisfecha con su decisión. Por ello, desde el principio creó una página web para llegar igual de lejos estando en una ciudad que en un pueblo de 300 habitantes como Ollauri, también a través del teléfono: “Nuestra apuesta siempre fue cuidar muchísimo el cliente y cuidar la calidad de las cosas. Entonces, el mejor entorno era este”.

Así desde la cercanía de esta empresa en un pequeño pueblo que confecciona en talleres de otros pueblos cercanos, ha conseguido que sus productos se vendan por todo el país, e incluso fuera de él. “Tengo clientes que serían impensables, vemos los pueblos como algo pequeño, pero no es cierto”, dice. En este sentido, destaca la importancia, básica en su caso, de que los pueblos cuenten con conexión a internet o lleguen los repartidores. “Le doy mucho valor porque al principio era una locura esto”.

Sin embargo, más allá de la ubicación, su principal reivindicación es la falta de apoyo al sector textil: “En España éramos punteros y lo tenemos un poco abandonado”. En este sentido, reclama a los consumidores mirar mucho más las etiquetas y consultar tejidos, calidades y procedencias para valorar de verdad lo que compramos, al tiempo que asegura que cada vez hay más gente que valora más el trato cercano y la calidad.

Las ideas giran sin parar en La Rueca Voladora. Dora Moure trabaja ahora en un proyecto de productos para personas con personas de piel, con tejidos sin blanquear, sin ningún tinte y sin pesticidas. También, quiere seguir dando saltos hacia nuevos productos. A veces, a través del propio contacto directo con proveedores y cercanos, surgen ideas y propuestas, que “dan un impulso”, agradece Dora Moure, que asegura no rendirse: “Pocas veces me ha pasado que algo no se pueda, siempre buscamos y movemos lo impensable”. Eso sí, aunque son muchos los sueños y las ansias de crecer y mejorar de La Rueca Voladora, la premisa de su creadora es contundente y clara. “Siempre con los mejores textiles, eso lo tengo claro”.

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