¿Y por qué no?

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Estos días resulta difícil sustraerse a la euforia colectiva generada tras la conquista de la segunda estrella por la Selección Española (masculina) de fútbol. Con esta victoria, España se ha convertido en el primer país de la historia en ostentar simultáneamente los títulos mundiales de fútbol masculino y femenino.

Hablamos de fútbol, sí, un deporte rey en nuestro país; un deporte con luces, pero también con habitaciones oscuras (violencia, brecha salarial entre hombres y mujeres, infrarrepresentación femenina en los puestos de poder, etc.). Con todo, este último logro deportivo nos ha dejado algunas reflexiones que trascienden lo meramente futbolístico.

Y es que, a lo largo de estas semanas, el seleccionador riojano Luis de la Fuente ha transmitido una idea clara e inequívoca en sus intervenciones: que el equipo está por encima de las individualidades. Y esto no es baladí. Escuchar a un entrenador de fútbol recurrir a una frase atribuida a Marco Aurelio: “Lo que es malo para el panal, es malo para la abeja”, no es algo habitual, y ahí reside parte de su valor. Si pretendemos que el deporte, también el fútbol, transmita unos valores y una manera de entender la convivencia, importa tanto lo que sucede sobre el césped como los mensajes que se proyectan fuera de él.

Además, que el criterio de un seleccionador nacional a la hora de elegir a un jugador no se limite al rendimiento deportivo, sino que incluya aspectos como la calidad humana, lo dice todo. Estamos hablando de una manera de pensar y de vivir, de una manera de liderar que pone el foco en el “nosotros”, en la construcción de algo común.

Cierto es que no es el único que apuesta por una dirección basada en valores, pero quizá su “altavoz” sea más potente. Hablar de respeto, igualdad, diversidad o esfuerzo, no debiera resultarnos un lenguaje ajeno, pues son precisamente estos valores los que permiten construir proyectos sólidos y cohesionados. Y quizá ahí radique la principal enseñanza que deja esta selección: todo es posible si somos capaces de remar en una misma dirección.

Así que al escuchar a Luis de la Fuente manifestar que no olvidemos que “juntos somos más fuertes”, me he atrevido a soñar: ¿qué pasaría si esta fuerza colectiva la usáramos para afrontar otros desafíos? ¿Qué pasaría si nos uniéramos para reclamar medidas para que nuestra juventud pueda acceder a una vivienda digna?, ¿o para obtener más recursos para la sanidad pública?, ¿o para poner fin a la violencia de género?, ¿o para conseguir unas ciudades más amables, con menos humos y más árboles?, ¿o para combatir la soledad no deseada? ¿Qué pasaría? ¿Se imaginan?

Pues yo quiero imaginarlo, porque si esta selección nos ha hecho vibrar, emocionarnos, creer en el esfuerzo compartido, podemos intuir que los retos que tenemos como sociedad también se ganan en equipo. Escuchando a Laporte cuando le preguntaron por qué España podía ganar el Mundial, la respuesta fue tan sencilla como relevadora: “¿y por qué no?” Pues eso. Porque toda transformación colectiva comienza precisamente ahí: en la capacidad de anhelar y compartir un horizonte común.

Nota al pie:

La Audiencia Nacional confirmó en 2025, la condena del expresidente de la Real Federación Española de Fútbol, Luis Rubiales, por un delito de agresión sexual contra la jugadora Jenni Hermoso, en el Mundial femenino de 2023.

Las campeonas del mundo de la Selección Española de fútbol en 2023 cobraron 244.890 euros de prima por ganar el Mundial; ellos, en 2026, cobrarán de prima en torno a los 750.000 euros, por el mismo título.

En 2020, los sindicatos y la patronal firmaron el primer convenio colectivo de la Liga femenina de fútbol, un acuerdo que fijaba un sueldo mínimo de 16.000 euros anuales y de 12.000 para los contratos a jornada parcial.

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