Estar a la altura

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El segundo hombre con más poder en la Policía Nacional, el alcalde de Móstoles del PP, el portavoz de Sumar en el Congreso, el jefe de redes de VOX o el secretario general del PSOE de Torremolinos. Todos hombres. Todos españoles. Todos envueltos en denuncias de agresión o acoso sexual. 

En 2026, diez mujeres y dos menores de edad han sido asesinados por violencia de género en apenas 59 días. Solo en el mes de enero de 2026, el servicio 016 recibió 12.097 consultas relacionadas con la violencia contra las mujeres (el 84,4% de ellas vinculadas a la violencia de género).

A pesar de todo esto, la semana pasada leía en la prensa que el apoyo al feminismo había caído, sobre todo entre los chicos jóvenes. Curiosamente algunos utilizaban este dato para etiquetar en redes a algunas educadoras feministas, y de paso subrayar lo “banal” de sus actividades. Sin embargo, varias respondieron publicando vídeos en directo con testimonios de chicos que acababan de asistir a esas charlas o talleres, que manifestaban con claridad que les había servido, que les había hecho reflexionar, que algunos temas no eran como los habían pensado o imaginado. Y es que no todo está perdido, aunque a veces quieran hacérnoslo creer así. Precisamente, hace unos días, el Consejo de la Juventud de España (CJE) presentó un estudio que desvelaba la coexistencia de diferentes miradas con relación a la igualdad de género, identificando cuatro perfiles juveniles: feminista, igualitario, tradicional y distante. Lo más interesante de esto era descubrir que estas posiciones no son categorías estancas, que la juventud tiene dudas, preocupaciones, inquietudes. Y ahí radica la importancia de configurar espacios que inviten al diálogo y a la reflexión: espacios abiertos en los que estemos dispuestos a desaprender, a cuestionarnos, a escuchar. Esos espacios existen, aunque quizá no son suficientes para la inmensa tarea que tenemos por delante.

En este contexto, escuchar al principal partido de la oposición vincular su feminismo con el de VOX, no sólo no ayuda en la tarea, sino que ahonda en la percepción del feminismo como herramienta de manipulación política. Así, se evidencia que hoy podemos firmar un Pacto de Estado contra la Violencia de Género, y mañana defender una igualdad “similar” a la que propugna VOX. Se legitima, de ese modo, unas políticas contempladas en las 117 páginas de su programa electoral, que plantean suprimir estructuras administrativas necesarias para desarrollar políticas de igualdad o que ponen el acento en dar publicidad a la nacionalidad de los agresores sexuales. Todo ello envuelto en un lenguaje beligerante que habla de leyes “destructivas”, ideologías “totalitarias” o “chiringuitos ideológicos”. Ahí es nada. De esta forma se refuerzan ciertos mensajes, aunque carezcan de fundamento, como que “ser feminista es odiar a los hombres” o que “la mayoría de las denuncias por violencia de género son falsas”. 

Frente a ello, la juventud necesita saber que “sus mayores” apuestan claramente por la igualdad: sin titubeos, sin medias verdades, sin intereses partidistas que conviertan el feminismo en un arma arrojadiza. De hecho, los datos presentados por el CJE muestran que siete de cada diez jóvenes se sitúan en posiciones favorables, al menos, a los principios básicos de la igualdad, aunque no se “etiqueten” como feministas. No hace falta. Nuestra responsabilidad es cuidar este espacio, frágil pero esperanzador, que aclare conceptos, que desmonte prejuicios y estereotipos, que nos acerque al principio de igualdad como eje vertebrador de todas las políticas públicas. Y para ello, necesitamos estar a la altura.   

Estar a la altura es no instrumentalizar la violencia machista, según quién sea el presunto agresor: de los “míos” o de los “tuyos”.

Estar a la altura es favorecer espacios de debate y reflexión, no es confrontar los supuestos “buenos” y “malos” feminismos.

Estar a la altura es dejar de pensar que hay poco que aprender de los demás, arguyendo aquello de “lecciones, las justas”.

Estar a la altura es acordar, pero también que lo acordado aterrice en la práctica.

Estoy convencida de que, al menos en parte, conocemos la receta, y que las soluciones serán imperfectas, pero serán más eficaces, si transitamos por este camino, juntos. Porque la igualdad no debería ser una moneda de cambio, ni un concepto moldeable según nos venga bien, sino el punto de partida para construir los cimientos de una sociedad más justa y equitativa.

Nota al pie:

Según datos del informe “Juventud en España 2024” del Ministerio de Juventud e Infancia, en 2019, el 80% de la juventud veía la violencia de género como un gran problema, y hoy solo el 65% lo cree; el apoyo al feminismo ha caído, sobre todo entre chicos: sólo un 41% se declara feminista; entre chicas, el 67%. 

Según el estudio del Consejo de Juventud de España (CJE) de 2026 (“Más allá del compromiso y la reacción: Narrativas sobre la igualdad de género entre la juventud en España”), las posiciones claramente contrarias a la igualdad son minoritarias. El perfil tradicional, más cercano a discursos antifeministas, representa a menos de dos de cada diez jóvenes y se concentra principalmente entre hombres jóvenes con ideologías conservadoras.

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