El doctor que denunció el maquillaje de listas de espera en Madrid: “Entre mis compañeros hay una ley de silencio”
El doctor Luis Martos, cirujano en el Hospital Ramón y Cajal, no teme las posibles represalias que puedan caer sobre él. Hace ya dos semanas que denunció de forma abierta, con su nombre y apellidos, que se habían modificado las listas de espera cambiando la prioridad de los pacientes para “maquillar” las cifras. Después de sus primeras declaraciones ha escuchado cómo el Gobierno de la Comunidad de Madrid le acusaba de alterar él mismo las listas para “trabajar menos”. Y, aunque relata que eso no le ha quitado las ganas de denunciar, sí que ve en sus compañeros un cambio de actitud hacia él: “No me hablan”, reconoce, ya fuera de las cámaras.
Martos, que en los próximos días registrará una querella contra la consejera de Sanidad, Fátima Matute, asegura que los cambios de prioridad en las listas para cumplir con los objetivos marcados por las administraciones es vox populi. “Todos sabemos qué pasa con las listas de espera, pero nadie tenía pruebas. Todo el mundo. Nadie ha pedido explicaciones del mal funcionamiento. Cuando alguien las pide, lo normal es que los demás le apoyen, y eso no ha sucedido. Yo sí creo que hay miedo”, asegura en una entrevista en la redacción de elDiario.es. “Esta mañana se ha sentado un compañero al lado en el quirófano y me dice: 'Voy a dejar que me vean a tu lado'”. Otro colega le llegó a preguntar: “¿Tú qué ganas con esto? ¿Alguien se va a ocupar de ti?”. “Sentirme bien cuando estoy solo”, le respondió.
Usted denunció hace dos semanas que el Hospital Ramón y Cajal cambiaba la gravedad de los pacientes para maquillar las listas de espera. ¿Cómo descubrió el caso y qué fue lo que ocurrió después?
Descubrirlo fue un hecho casual porque estaba implícito en mi trabajo diario de programación. Cada mes hay que programar los quirófanos del siguiente y en esas fechas yo aprecié que dos pacientes que tenía y recordaba como preferentes —porque estoy muy encima de lo que hago— habían pasado de esa lista, que es fácilmente identificable porque vienen marcados en rojo, a otra lista de espera 'normal'. Eso llamó poderosamente mi atención. Pensé que era un error de mi listado o una alteración del ordenador y lo confirmé con otros compañeros, hasta 17. Habían desaparecido todos los preferentes de ese mes, todos habían pasado de una espera de 90 días a 180 días.
Creo que esto puede que implique a más hospitales, a más servicios de todas las variedades. Supone una erosión a la confianza que tenemos en el sistema sanitario público
Lo puse en conocimiento de mi jefe de servicio y de todos los traumatólogos del servicio, luego registré una queja ante el director médico como partícipe, porque lo que descubrí es que esos cambios se habían producido por orden de la dirección médica o del jefe de servicio en el nombre del doctor Basilio de la Torre [jefe del servicio de Cirugía Ortopédica y Traumatología]. Así figuraba en todos los listados y esperaba que ellos me dieran una explicación. No me contestaron y tuve que elevar dos quejas a la siguiente instancia, al gerente del hospital.
¿Qué le respondió el gerente?
En un primer escrito me recordó la ley que ya conocía. Esa ley deja muy claro que yo llevaba razón, que solo el cirujano que había indicado la intervención estaba capacitado para modificar la preferencia, previo análisis del paciente y luego comunicándoselo. Me pidió que fuera mucho más explícito e hice un segundo escrito explicando cuáles eran los casos y recordándole que no se habían producido ninguna de las excepciones que él podía apuntar, que lo había hecho el jefe de servicio y la dirección a espaldas de los cirujanos y los pacientes.
¿Qué consecuencias puede tener sobre los pacientes esta alteración de las listas?
Una espera de 90 días implica una resolución de un problema más o menos grave porque así lo ha indicado su cirujano en función de su clínica y las alteraciones del paciente. Duplicarlo significa irse a 90 días más para resolver un problema que se puede complicar, puede ser más imprevisible y requerir una actuación más intensa sobre esa cirugía. La implicación es grandísima.
¿Cree que existen casos similares en otros hospitales o incluso en su propio centro que se haya podido producir con anterioridad? ¿Es el sistema el que genera estos incentivos para alterar las listas?
Las personas se mueven por incentivos a todos los niveles. Personales, sociales, económicos. Es evidente que esto fue un hallazgo de un mes, 57 pacientes no son de todo el año, son en ese mes. Puede que haya otros 57 en el mes anterior y otros en el posterior. Me consta, pero no tengo pruebas de ello, que se habían hecho estas cosas porque algún compañero me dijo “sí, yo ya me di cuenta de meses anteriores que esto ocurría”. Yo sí creo que esto puede ser una práctica generalizada, sobre todo en función de algo que llamó mucho mi atención, el apoyo institucional que ha tenido mi jefe de servicio cuando se corroboró que él lo había hecho conscientemente, que era una práctica que él creía adecuada por sus 29 años de experiencia. Creo que esto puede que implique a más hospitales, a más servicios de todas las variedades. Supone una erosión a la confianza que tenemos en el sistema sanitario público.
La consejera de Sanidad le acusó de manipular usted mismo las listas para “trabajar menos y operar casos menos complejos”. También dijo que tenía expedientes disciplinarios abiertos. ¿Qué opina sobre estas declaraciones?
Tenemos a un autor confeso con un motivo que él justifica con unas pruebas y que es apoyado por dirección. Y además un autor confeso, que es el jefe de servicio que desacredita el criterio de sus cirujanos y su servicio. Respecto a la consejera, me parece una barbaridad. No entiendo cómo una mujer que es médico, que tiene unos conocimientos, se arriesgue a comentar algo desde la ignorancia y el desconocimiento saltándose las pruebas.
Al reo hay que ejecutarlo en la plaza pública para que los demás sepan lo que les puede pasar si se rebelan, se revuelven o discrepan
La lógica va en contra. Yo trabajo lo mismo opere preferentes que no preferentes. Y los preferentes no tienen por qué ser los casos más complejos. Respecto a las malas formas y la poca educación de la presidenta de la comunidad, ella misma se retrata. Yo no pude alterar eso porque hay una huella informática que demuestra que no es mi DNI el que está ahí, sino el de la administrativa correspondiente a la que le ordenaban y además que dejó indicado por orden o por indicación de quién lo hacía. A mí me parece que este tipo de descalificaciones simplemente han demostrado que hay una mala gestión o un mal funcionamiento del sistema.
Usted ha anunciado incluso que va a querellarse contra la consejera. ¿En qué punto está la querella? ¿La piensa ampliar a otras personas?
Lo he llevado por el sindicato mayoritario médico al cual pertenezco. Es un sindicato médico, no uno político. Esta misma tarde [por el pasado lunes] tengo la reunión con la abogada para iniciarla. Ella es la profesional de esto, pero sí se va a extender mucho más. Hay dos elementos: el de la injuria, el daño al honor con lo que han dicho de mí; y el otro es que han desvelado secretos de un denunciante. Yo no tengo nada más que un expediente abierto, que es el que me abren cuando denuncio la manipulación de la lista en abril. Yo lo hago el 21 y el 29 el director médico presenta un inicio de expediente de acoso a la dirección, y el jefe de servicio lo hace el 9 de mayo. Eso lleva una instrucción y en eso estoy.
¿Hay novedades con ese expediente?
La semana pasada se dijo que iba a celebrarse la vista de un juicio, pero no era un juicio, yo iba como testigo para ver las alegaciones de uno de los acusadores. El expediente está en curso.
¿Cree que esta situación puede contribuir a que la gente tenga cierto miedo a denunciar las malas praxis que puedan encontrar en los hospitales públicos?
Sí, definitivamente sí. Por parte de mis compañeros del servicio ha entrado una ley del silencio. La percepción es que ninguno quiere hablar. Todos sabemos qué pasa con las listas de espera, pero nadie tenía pruebas. Todo el mundo. Nadie ha pedido explicaciones del mal funcionamiento. Cuando alguien las pide, lo normal es que los demás le apoyen. Y eso no ha sucedido. Yo creo que hay miedo. Tengo un montón de correos de gente donde explican situaciones iguales, y que tuvieron miedo. Hay una persona que incluso me dice que no lo ha superado porque fue expedientada y se vio tan sola que se siente maltratada. Y así muchos. Y gente de otras comunidades, no solo de la Comunidad de Madrid.
¿Cómo está usted? ¿Tiene miedo a posibles represalias?
Bueno, mi mujer dice que yo nunca tengo miedo. Quizás porque la tengo a ella, pero yo me encuentro en una situación de desconcierto porque todo está muy claro. Si tanto la institución como la consejería, como la presidenta apoya las maniobras que han realizado y las encuentran justificadas porque creen que podía hacerlo, a pesar de que han desacreditado a todo el servicio en su capacidad diagnóstica e indicadora, pues esto queda simplemente en un “bueno, pues ya lo dejamos y adiós”. Pero me temo que no va a ser así. Hay que ejemplificar, y siempre recuerdo que en la Edad Media me llamaba la atención el porqué se ajusticiaría al reo en la plaza pública en vez de hacerlo en la mazmorra. Es más rápido, no hay que montar tanto espectáculo. Al reo hay que ejecutarlo en la plaza pública para que los demás sepan lo que les puede pasar si se rebelan, se revuelven o discrepan.
Recientemente, hemos conocido un comunicado emitido por los jefes de servicio del Hospital Ramón y Cajal en el que justificaban cambiar la prioridad cuando esta “no se ajusta a criterios clínicos”. ¿Qué opina del comunicado?
Ese comunicado está ejercido desde la presión y desde el miedo a perder su cargo. Los jefes son elegidos por las direcciones correspondientes en un proceso selectivo que establece unos criterios de idoneidad, pero donde participa fundamentalmente el criterio de la dirección médica. Me parece que ese manifiesto erosiona gravemente la confianza en el sistema sanitario público. Hay un artículo muy bueno de dos médicos de la Organización Médico Colegial, en el que expresan que ni siquiera la jerarquía te faculta a la posibilidad de discutir el criterio clínico de un médico que ha indicado una intervención quirúrgica. Ni siquiera jerárquicamente. Ni siquiera un compañero puede hacerse cargo, puede discrepar en cuanto a la clínica o el procedimiento, pero la jerarquía no te permite modificar lo que ha indicado. Me parece muy, muy poco reflexivo, porque es como oscurecer de nuevo lo que todos pensamos del mal funcionamiento del sistema público.
¿Qué mensaje traslada todo esto a un paciente que espere para una cirugía?
Creo que le están transmitiendo un mensaje envenenado. Si yo fuera un usuario de la sanidad pública pensaría qué va a ocurrir con mi caso porque suscita desconfianza o miedo que si no conozco a nadie que se apiade de mí o si no protesto, voy a quedar relegado y voy a perder la equidad que establece la lista de espera, que es un sistema que nos iguala. Se van a sentir desamparados.
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