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Las familias despiden el curso a más de 30 grados pero el problema del calor en las aulas se queda: “Es una tomadura de pelo”

Las familias recogen los ventiladores que han llevado durante las últimas semanas de curso para soportar el calor en las aulas.

África Gelardo Arrebola

20 de junio de 2026 21:50 h

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Este viernes, los niños salían de los colegios con una mezcla entre felicidad por el inicio de las vacaciones y tristeza por el fin de curso, que para algunos también significaba el fin de una etapa. Algunos lloraban, otros celebraban, pero una cosa que tenían en común es que casi todos salían sudando, algunos con la cara roja y otros mojados por el agua que sus monitores les echan para refrescarlos. Es el último día de clase oficial y en un colegio del distrito madrileño de Carabanchel el termómetro marca 38 grados en el recreo a mediodía. Después de semanas de lucha, las familias despiden el año escolar con una asignatura pendiente: la del calor en las aulas y la falta de climatización agravada por los cada vez más frecuentes episodios de altas temperaturas. “Han normalizado lo que en absoluto es normal”.

Una de las críticas que se repiten entre las asociaciones de familias (AFAS) de los colegios de la capital es que parece que ahora ya llega el fin de las clases y ya se puede olvidar el problema, pero que realmente ese problema sigue ahí y no solo para septiembre. En muchos casos, los colegios se convierten en campamentos de verano, muchos de ellos para niños además en situación de vulnerabilidad. Además, las escuelas infantiles extienden su actividad hasta finales de julio, por lo que los más pequeños siguen sufriendo las consecuencias de no tener aulas preparadas para el calor. “Guantánamo está a la par que las escuelas infantiles”, dice Lola, miembro de una de las AFAS.

Las familias buscan la sombra mientras esperan a que los niños salgan del colegio.

Después de semanas de movilización en las que las familias han acudido a la Asamblea de Madrid para exponer la problemática, ahora hacen una valoración “agridulce” de lo sucedido este último mes. Javier Zamora, de la Plataforma Aprender Sin Calor, posiblemente la que más se ha movido en la Comunidad, asegura que las “administraciones siguen sin dar una solución”, aunque algunas juntas de distrito sí han intentado remar a favor: “Cualquier cuestión que pueda bajar un grado en un aula ya es un motivo de celebración”, asegura Javier en declaraciones a elDiario.es.

A la hora a la que los niños salen de clase, a las 13.00, el termómetro en el recreo de un colegio de la capital no para de subir y bastan solo diez minutos bajo el sol para empezar a sudar. Los niños salen de clase y se puede escuchar cómo sus profesoras les advierten para no quedarse mucho rato bajo el sol. “Es un entorno muy hostil”, admite Lola. La niña el otro día volvió a casa con una redacción: “Decía 'me lo he pasado muy bien en el cole y he vuelto a pasar mucho calor'. Han normalizado una situación que en absoluto es normal”, lamenta. Tanto ella como otras familias relatan las consecuencias de que los niños pasen tantas horas con temperaturas excesivas: mareos, falta de concentración y en ocasiones sangrados nasales.

El termómetro marca 38 grados durante el recreo de un colegio de Madrid

Tanto en su colegio como en otros de la capital, los profesores han decidido medir las temperaturas de las aulas de manera “furtiva” y en muchos casos registran unos 29 o 30 grados ya a primera hora de la mañana, antes de que entren los niños. A lo largo de la mañana y según la ubicación del edificio, el centro se va calentando, lo que hace que incluso actuaciones como toldos se queden cortas. Ante la negativa o el silencio administrativo en las solicitudes de aparatos de aire acondicionado o similares, las familias también han intentado en ocasiones poner dinero de su bolsillo o del propio colegio para intentar buscar parches que mejoren un poco las condiciones, pero esto también es complicado porque a veces cuentan con el rechazo de las instituciones. Esto lleva a otra imagen: la de los niños con ventiladores portátiles en bolsas y sprays con agua para soportar el calor.

Durante el patio, los más pequeños se refugian del calor en la poca sombra que ofrecen los columpios

En otro colegio público de Usera, Sonsoles, miembro de la asociación de familias de su centro, explica que los niños regresan a sus casas con los ventiladores porque ya se acaba el curso. Mientras los niños corretean a la salida, ella explica que este es un “problema estructural”: “Las administraciones se están resistiendo por una lógica de no invertir en educación pública y llegará un momento en que los datos y la realidad se pongan por encima de cuestiones ideológicas”. Sonsoles enseña las aulas, que registran más de 30 grados a esa hora de la tarde. Durante la entrevista, en una de las preguntas se cuela su hija: “¿El calor inspira?”, la niña responde antes que su madre moviendo el dedo diciendo que no. “Los niños no tendrían por qué inspirarse en una situación que va en contra de su salud. Es un razonamiento para salir del paso, bastante poco convincente y un poco bochornoso”, zanja.

“Si quieres que tus hijos no se cuezan de calor, llévalos a la privada”

El Gobierno de Isabel Díaz Ayuso y la Consejería de Educación, liderada por Mercedes Zarzalejo, cierran el debate asegurando que han llevado a cabo “1.500 actuaciones para mejorar la climatización y el confort térmico” por un “importe de casi 60 millones de euros”. Sin embargo, para las madres y padres de los más pequeños que siguen soportando altas temperaturas en clase, esto no es suficiente: “El problema sigue ahí, no es una cuestión puntual”, argumenta Javier Zamora. “La Consejería muestra pasividad y algunos representantes, una actitud que no está a la altura de las circunstancias”, asegura. Para Lola, la reacción política se resume en una “tomadura de pelo, excusas y pasarse la pelota”. Lo que ahora piden las familias es que el verano sirva a los representantes políticos para que “reflexionen” y “vuelvan con un plan” que incluya un calendario de actuaciones y un presupuesto para el curso que viene.

Los niños se ven obligados a permanecer en el poco espacio de sombra que hay en un colegio de Arganzuela

En el colegio de los hijos de Pablo y Marina, en Arganzuela, las familias también han llevado ventiladores, especialmente para las plantas superiores, que son las que más temperatura alcanzan. En su caso, el edificio es muy antiguo y en el recreo apenas cuentan con zonas de sombra, un añadido al problema. Han calculado el espacio como el equivalente a tres o cuatro sombrillas de bar, lo que hace que los niños de infantil no puedan directamente salir fuera en las peores horas. Las monitoras de comedor piden al resto que se queden en la sombra, pero el espacio es muy pequeño. Próximamente, este colegio también será un campamento de verano y, con la próxima ola de calor, las familias temen que no se pueda “ni entrar”. “Los coles son espacios que podrían ser refugios climáticos, podrían estar abiertos durante el verano para poder hacer todo tipo de actividades... pero está resultando al revés”, lamentan Pablo y Marina.

El interior de algunas clases alcanzan más de 30 grados a mediodía.

Ambos enseñan las instalaciones y, de nuevo, el termómetro comienza a subir. Dos profesores, que prefieren no indicar su nombre, expresan su frustración. En su caso, los compañeros que tienen que dar clase en las plantas superiores son los que se llevan la peor parte: “Están muy agobiados”, reconocen. Además de por la temperatura, por la reacción de los niños: “Están más distraídos, cuesta conseguir la atención, empiezan bien por la mañana, pero van estando peor, están más inquietos, más enfadados”, especialmente los más pequeños, que están más irritables pero, además, no saben por qué. “También paramos las clases para que beban agua con más frecuencia o para refrescarles”, explican.

Una situación que afecta principalmente a los niños, pero que también dificulta que los trabajadores puedan ejercer su profesión con normalidad. “Lo que veo es que hay compañeras embarazadas que se han cogido la baja antes”, ejemplifican. En conversación con los profesores, Pablo y Marina se preguntan si hay que llegar hasta el límite de organizar huelgas y que los profesores se vayan antes a casa, dejando a los niños en el colegio. “¿De verdad cuesta tanto entender que hay personas que necesitan una temperatura normal para llevar a cabo su actividad diaria?”. Pablo resume la sensación generalizada tras todos estos días de lucha: “Si quieres que tus hijos no se cuezan de calor, llévalos a la privada”“.

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