El caballo que levita sobre Madrid: la estatua sin jinete que habla de la incertidumbre del porvenir
“Le dicen el caballo flotante, a mí me parece genial” confiesa Gonzalo Lebrija, el autor de la última obra de arte en llegar al espacio público de Madrid y que aspira a convertirse en un nuevo icono. “Al final, la escultura ya no es mía, ahora es de ustedes”, añade este miércoles sobre el desembarco de su trabajo en la céntrica plaza del Carmen, que tuvo lugar hace unas semanas pero que hoy se ha hecho oficial después de la correspondiente inauguración protocolaria.
La escultura en cuestión es un caballo negro de bronce, a tamaño natural, colocado sobre un pedestal con forma de prisma y sin adornos, que supera los cuatro metros de altura. El corcel se apoya solo sobre una de sus patas, como si levitara sobre el cielo de Madrid, el mismo efectismo que a pocos metros de allí suelen mostrar estatuas humanas que simulan caídas o vientos excesivos.
Su nombre oficial es El rumor de la discordia, en alusión a una frase originaria del pórtico del Teatro Degollado situado en la ciudad de Lebrija, Guadalajara (México). La sentencia completa dice Que nunca llegue el rumor de la discordia y apunta a uno de los sentidos de la obra, el de abordar de otro tipo de sensibilidades alejadas de la solemnidad que suele rodear a las esculturas ecuestres. “Habla de la incertidumbre del porvenir, es un caballo que está parado en el vacío”, añade el autor.
“En las esculturas ecuestres siempre hablan de conmemoraciones, de triunfos en la guerra”, detalla Lebrija contraponiendo un mensaje que también deja abierto a la interpretación de los viandantes que se paren a contemplar la obra. “Lo interesante será también las preguntas que genere ahora en la gente”, añade mientras ve cómo la gente que pasa a su lado empieza a hacerse fotos con ella.
El tipo de caballo es un pura sangre inglés, raza elegida porque es la más manipulada genéticamente por el hombre, de aspecto menos salvaje que el español y que conecta mejor con la vulnerabilidad humana que quiere transmitir Lebrija. Mención aparte en la escultura merece su disposición audaz sobre el espectador, flotando en el aire gracias a unos complejos cálculos estructurales para anclarlo a una estructura de acero geométrica que se encuentra oculta dentro del pedestal. Su resistencia es tal que aguantaría un peso de más de 200 kilos sobre el caballo. “Esperemos que no se vaya a subir nunca nadie”, bromea Lebrija.
“Ha costado mucho”, cuenta luego sobre el extenso proceso burocrático para que esta escultura llegara hasta el espacio público, que se alargó cinco años. El último de ellos con el caballo esperando pacientemente en los almacenes de una fundación de Éibar hasta que llegara su traslado a Madrid. Fue necesario hasta elevar la altura del pedestal inicialmente prevista para permitir que pudieran pasar por debajo los camiones de bomberos ante una eventual emergencia.
La escultura llega mediante una donación al Ayuntamiento de Madrid por parte del hotel Thompson, situado justo al lado y que ha costeado la obra después de elegirla en un concurso. Esta donación se extenderá durante 15 años aunque cuando llegue el 2041 este periodo podrá ser prorrogable. La galería que representa a Lebrija en España y que ha mediado en esta operación es Travesía Cuatro.
Polémica a caballo por la reforma del Carmen
La escultura de Lebrija es la guinda del pastel a un proyecto de reforma que ha resultado polémico por los favores urbanísticos concedidos por el Gobierno de Almeida a los impulsores del Thompson tanto en la reforma de la plaza del Carmen como en el parking existente justo debajo, que incluyeron una distribución del espacio diseñada por el propio hotel, con la rampa de entrada y salida del aparcamiento alejada del establecimiento, una zona diáfana donde ahora se extiende su terraza y, sobre todo, un túnel de conexión directa con el hotel desde el propio parking público.
El proceso incluyó la creación por parte de la empresa propietaria del hotel de la Asociación de Amigos de la Plaza del Carmen, recogida en el registro de lobbies del Ayuntamiento de Madrid, que se reunió con el delegado de Movilidad Borja Carabante al menos en una ocasión en el año 2019, como figura en el registro municipal. Después de este encuentro, el área de Movilidad aceptó como “donación” el proyecto de reforma del aparcamiento de plaza del Carmen que había redactado el propio hotel de lujo que ahora dona la escultura.
El Ayuntamiento no cifró el importe de lo que se había ahorrado con la donación del proyecto, pero sí detalló en los pliegos de la construcción que horadar el túnel adicional, situado en la planta -1 y con cinco metros de anchura, añadiría 136.000 euros al coste final de la obra, según la información publicada por Somos Madrid en el año 2022. La reforma de la plaza del Carmen incluyó además una polémica tala de árboles: 59 fueron retirados, algunos de ellos camino del transplante pero los de mayor porte acabaron talados en medio de protestas vecinales.
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