TEATRO | NO SOY TU GITANA

Un ajuste de cuentas con el antigitanismo desde el feminismo

Silvia Agüero en No soy tu gitana

Somos Lavapiés


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Lo primero que diremos de No soy tu gitana, una producción de Teatro del Barrio interpretada por Silvia Agúero, responsable también de la dramaturgia de la obra junto a la directora Nüll García, es: “¡Corran a verla!” Hasta el 16 de octubre (sólo quedan 5 representaciones) estarán a tiempo antes de que abandone Lavapiés.

Lo segundo, que decir las cosas con humor no resta gravedad a un mensaje que es necesario transmitir: el antigitanismo está tan arraigado en nuestra sociedad y en nuestra cultura que no somos conscientes de ello.

El 20 de la calle Zurita ha acogido ya cerca de 40 representaciones de este monólogo catárquico para su protagonista y del que el espectador saldrá pensando en cuántas ocasiones habrá actuado a lo largo de su vida -siquiera como acto reflejo e inconsciente- de la misma manera que se dice en la obra que proceden las señoras que coinciden con gitanas probándose calzado en una zapatería: echando la mano a sus bolsos en cuanto las ven aparecer.

¡Ay esos prejuicios, marcados a fuego en el ADN payo desde tiempo inmemorial, o desde que el mismísimo Cervantes los alentara y popularizara en una novela ¿ejemplar? como La Gitanilla: “Los gitanos y gitanas solamente nacieron en el mundo para ser ladrones”!

Silvia Agüero, por supuesto, gitana, “deconstruye en este monólogo teatral la histórica imagen pública de las mujeres gitanas desde 1499 hasta nuestros días, ese estereotipo que obedece a unas lógicas patriarcales, machistas, de dominación. No soy esa gitana construida por las mentes de los poderosos: hombres, payos, católicos…”

Lo hace, además, sin apenas perder la sonrisa mientras lanza verdades como puños durante los 75 minutos que dura la función, que sólo se vuelve seria y realmente cruda en el momento en el que desvela y dramatiza, ante un incrédulo público, que en 1749, bajo el reinado de Fernando VI y el mandato del Marqués de la Ensenada, en España se puso en práctica un auténtico plan genocida cuyo único objetivo fue el exterminio del pueblo gitano: mediante una gran redada fueron detenidos casi todos los gitanos españoles, unos 9.000.

De aquel exterminio se libraron los gitanos gracias, entre otras cosas, a la resistencia de sus mujeres, según No soy tu gitana, obra que por si aún no había quedado claro es feminista a más no poder.

'Spoiler': al finalizar la obra el espectador tendrá la capacidad de mirar el mundo con gafas de lunares y deseará aprender a maldecir con el arte con el que lo hacen, siempre en defensa propia, las gitanas.

Uno de sus aciertos: su escenografía, tan sencilla como efectiva.

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