Valientes (en lo pequeño) frente al terror

testimo barcelona

Esta mañana, asustado por el ataque en Cambrils, he vuelto a llamar a mis padres para preguntarles cómo estaban. Lo hice ayer después del atentado en Barcelona, aunque sabía que ellos se encontraban en Tarragona, relativamente lejos, disfrutando de sus vacaciones. Pero ahora los terroristas se han acercado mucho al lugar donde ellos residen estos días y vive una parte de mi familia.

Mi sorpresa ha llegado cuando me han contestado que se habían ido a la playa de La Pineda, a pasear. Un pueblo turístico que está a escasos 10 kilómetros del paseo marítimo donde han sido abatidos a tiros cinco presuntos terroristas. "Qué le vamos a hacer, no podemos estar todo el día asustados y en casa, porque estos la pueden liar en cualquier sitio", me han contestado con naturalidad. Iban a caminar por la arena, como hacen todas las mañanas, y luego a bañarse.

Desconozco si mis padres son conscientes de que en su respuesta a los atentados hay un ejemplo de valentía enorme: cuando una tragedia nos golpea, lo fácil es dejarse invadir por el miedo, modificar nuestras rutinas y agachar la cabeza por el dolor. En una de las mañanas más duras en Cataluña desde hace años, ellos han elegido levantarse y no dejarse amedrentar, ni que los terroristas cambien su vida diaria de turistas.

Poco puede hacer el ciudadano medio hoy ante la barbarie terrorista. Pasear por la playa, por la Gran Vía o por las plazas concurridas de cualquier ciudad española es uno de los gestos que más valor tiene en estos momentos: salir a las calles, con pena y recuerdo pero con valentía, es la mejor forma de apoyar a los catalanes y demostrar a los violentos que ningún ataque nos va a cambiar. Y no dejar de hacer turismo, porque viajar siempre nos ayuda a aprender y a ser mejores personas.

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Publicado el
18 de agosto de 2017 - 13:00 h

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