Un corto documental recupera la historia de los presos políticos de la cárcel de Carabanchel desde su solar

Miguel Ángel Gómez Álvarez, Natividad Camacho y Víctor Díaz Cardiel

Un solar, con hierbas de descampado castellano, unas cuantas sillas y seis personas hablando de sus historias vividas en aquel lugar, cuando allí estaba la cárcel de Carabanchel. Enmarcados por un cielo azul de abril, típicamente madrileño, relatan con voz calma historias duras de represión política, en primera persona.

Esto es, en esencia, Conversaciones desde el solar de la Cárcel de Carabanchel, un magnífico cortometraje documental producido por Deer Watson Films y dirigido por Jon Cuesta en apoyo de la campaña por el Centro de Memoria Cárcel de Carabanchel, con la colaboración de la Plataforma Ciudadana por el Centro de Memoria cárcel de Carabanchel y la Asociación La Comuna de presos y represaliados del franquismo. El vídeo vio la luz durante los actos conmemorativos del derribo de la cárcel, el fin de semana del 23 y 24 de octubre, que incluyeron una acampada en los terrenos abandonados del presidio.

Jon Cuesta es periodista y director de cine documental. En su película La historia enterrada ya trató los temas de la memoria y las víctimas –aquellos represaliados enterrados en cunetas y fosas comunes– que están muy presentes también en la reivindicación por la memoria de los presos de Carabanchel.

"A través de ese recorrido en el que asistí a la apertura de algunas fosas y compartí muchos momentos con represaliados y familiares de represaliados, me di cuenta de la verdadera dimensión de un asunto que no podía resumirse, como dijo una vez Pablo Casado, en la guerra del abuelo y las fosas de no sé quién", explica.

Jon es vecino de Carabanchel desde hace seis años ya, era cuestión de tiempo que el potente movimiento vecinal y memorialista del distrito se cruzaran en su camino. El mismo año que se derribó la cárcel de Carabanchel, en 2008, la plataforma Salvemos Carabanchel había registrado una propuesta para declarar BIC los edificios de la cárcel. No tuvieron éxito, llegó la piqueta y, en seguida, Ayuntamiento y el Ministerio del Interior acordaron un planeamiento urbanístico que incluía la construcción de 650 viviendas (el 30% con algún tipo de protección), un hospital, zonas verdes y oficinas. Nada en recuerdo de los calabozos.

Sin embargo, nunca se rindieron y siguieron reclamando un Centro de la Paz y la Memoria que evitara la amnesia del que fuera el más atroz centro penitenciario del Franquismo y que, de la mano con el resto del movimiento vecinal de Carabanchel, consideran compatible con la instalación del hospital y otros servicios públicos en los terrenos. Ambas líneas aparecen, claro, en el vídeo.

El recorrido vital de Jon hasta confluir con ello fue el siguiente: "Hace poco me contactó mi amiga Cristina Andreu, directora de CIMA y también involucrada en temas de memoria, para contarme que, en mi barrio, Carabanchel, se estaba trabajando a través de distintas asociaciones para impulsar un centro de memoria en lo que fue la cárcel, derribada con nocturnidad y alevosía una noche de octubre de 2008. Después hablé con Luis Suárez, expreso de esa misma cárcel e integrante de la Plataforma por el Centro de Memoria Cárcel de Carabanchel, y me contó su idea de juntar a varios antiguos presos de diferentes grupos y contextos y sentarles en el solar para charlar".

Así echó a andar la idea de lo que en principio iba a ser solamente un pequeño vídeo para mover en redes y que acabó siendo una producción más cuidada, un cortometraje documental puesto al servicio de la voz y la expresión de antiguos presos de CCOO, CNT, PCE, FRAP, ETA o la LCR. Todos presos del penal, una condición que, entonces y ahora, los hermana más allá de las siglas.

"Uno no tiene delante de la cámara tantas historias interesantes para poder contar y retratar la España tardofranquista, los últimos años de un régimen que arrancó matando, después de la guerra, y terminó matando, 40 años después, en un contexto totalmente diferente".

A la vista del resultado, la obsesión por registrar y preservar la memoria de Jon no ha hecho sino acrecentarse. "Como padre de dos niñas pequeñas, me obsesiona en cierta forma poder registrar testimonios vivos de nuestra historia, que sean las personas que aún pueden recordar y contar quienes dibujen el cuadro de lo que pasó en nuestro país".

Su vocación periodística se retuerce ante la pérdida de testimonios diarios que, entre la biología y el desinterés, hacen nuestra sociedad más amnésica. Por ello, y porque le ha picado el gusanillo después de la reunión que grabó en el solar de la cárcel, ha embarcado a su productora en el ambicioso proyecto de parir un largometraje documental sobre la Cárcel de Carabanchel.

"Fue una ventana que me abrieron Cristina y Luis, a la vez que estoy siguiendo de primera mano todo el trabajo de las asociaciones para reclamar un centro de memoria y un uso urbanístico del gigantesco solar que beneficie y dote de servicios al barrio, históricamente abandonado por las instituciones".

Trece años después del derrumbe de la característica estructura panóptica de Carabanchel, el movimiento está más fuerte que nunca. Cada vez que el memorial popular, con los nombres de dos millares de presos en la valla del solar, es vandalizado, sus activistas los restituyen de nuevo; se vienen produciendo conversaciones institucionales para que el memorial llegue a buen término y el nonato planeamiento urbanístico tendrá que sortear los resultados de las catas arqueológicas que pronto comenzarán en el solar de la cárcel, que es uno de los espacios donde está situado el yacimiento romano más extenso de la Comunidad de Madrid, aún sin estudiar. Ahora, además, hay un proyecto de película documental en marcha al que no le van a faltar voces.

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