“Pausas de hidratación”: en el Mundial 2026 el árbitro ya espera a que terminen los anuncios
Desde que comenzó el Mundial una canción profética recorre las redes sociales. Se trata de El Noticiero, de Ricardo Arjona, publicada hace ahora treinta años; en concreto la parte en la que dice: “El fútbol gana terreno en los Estados Unidos. Quieren cambiar la estructura pa' que tenga sentido. Hay que agrandar las porterías. Y ocho tiempos fuera pa' vendernos porquerías”. La canción de Arjona es una finísima sátira, pero la línea entre parodia y realidad, entre deporte y teletienda, entre fútbol y atracción de feria, se ha vuelto completamente difusa desde que Gianni Infantino comenzó a gestionar la FIFA como si fuese una franquicia de entretenimiento y no una institución deportiva.
El nombre oficial de la enésima rendición futbolística implantada por el Infantinato es el de “pausa de hidratación”, pero tras los primeros partidos del Mundial es fácil concluir que se trata de pausas publicitarias de toda la vida, una en cada tiempo de juego reglamentario durante tres minutos. La obviedad lucrativa es tal que, en Fox News, durante la segunda pausa del México-Sudáfrica, terminaron emitiendo anuncios a pantalla completa mientras los jugadores esperaban a que el árbitro recibiera la señal de que la televisión había terminado de vender zapatillas.
La escena fue perfecta en su obscenidad. Los jugadores estaban listos para reanudar el partido alrededor del minuto 69:30 cuando el árbitro, Wilton Sampaio, pidió a los sudafricanos que esperasen a realizar el saque inicial. Todavía no habían terminado los anuncios.
La detestable espera volvió a repetirse durante el Estados Unidos-Paraguay, donde pudimos ver en banda a un tipo trajeado sosteniendo una tablet y notificando al cuarto árbitro su “ok” para reanudar el juego. Un notario de los anuncios, podríamos llamarle.
Si un árbitro esperando instrucciones de una sala de producción televisiva para reanudar su partido no es el momento exacto en que el fútbol dejó de pertenecernos definitivamente, es difícil calibrar cuál podría serlo.
Las pausas de hidratación respondían, sobre el papel, a preocupaciones legítimas sobre la salud de los jugadores -probablemente porque la FIFA decidió enviarlos a disputar partidos a Catar y en 2034 a Arabia Saudí o arrancar los encuentros en América al mediodía para que las retransmisiones casen con los horarios de los telespectadores europeos-, pero visto lo visto en este Mundial hasta el momento, el argumento del calor es absolutamente inverosímil.
Porque las pausas se están aplicando y se aplicarán en todos los partidos del torneo, con independencia de la temperatura. En el inaugural el termómetro no pasó de 25 grados y hubo lluvia a ratos. Truene, haga frío o niebla espesa, sean las cuatro de la tarde o las nueve de la noche, en cualquier caso, habrá dos pausas de hidratación-publicidad por orden de la FIFA de tres minutos cada una.
Tras un amistoso celebrado en Boston hace unos meses, el seleccionador francés Didier Deschamps dijo en una entrevista: “Es bueno para vosotros como cadena de televisión tener un corte publicitario, pero esos tres minutos cambian el fútbol por completo”.
También cambia el fútbol para los espectadores, que vemos los partidos del Mundial como quien ve vídeos de YouTube, esperando cortes publicitarios insertados, y lo cambia para los propios futbolistas y técnicos con tiempo para reajustar posiciones y carencias. Durante el Alemania-Curazao el partido se detuvo con 1-1 en el marcador, en el mejor momento de los caribeños. Pausa de hidratación en un estadio techado y con aire acondicionado.
En su debut como anfitrión, Mauricio Pochettino, seleccionador de Estados Unidos reunió este sábado a sus jugadores ante un portátil para darles instrucciones sobre cómo atacar a Paraguay. Indistinguible ya el fútbol de sus orígenes, la escena parecía el tiempo muerto de un partido de la NBA. En este nuevo deporte con cuatro tiempos cualquier equipo que domine un encuentro puede ver frenada su inercia porque en un despacho suizo se decidió que había que insertar anuncios de coches híbridos y bebidas energéticas entre jugadas para hacer más caja.
La avaricia de la FIFA no se detiene aquí, por supuesto. Siempre hay tiempo para cavar más hondo: es sabido que en los estratos más profundos suelen estar los diamantes. Tuvo que revertir, por las quejas recibidas, la prohibición de que los aficionados llevasen agua embotellada a los encuentros, y ha instaurado una opción comercial llamada Super Shoutout a través de la cual, por el módico precio de 79 dólares, puedes conseguir que tu nombre –o el de alguien querido- aparezca en el marcador de un estadio antes de que comience un partido de la fase de grupos.
La FIFA está americanizando el fútbol en su lógica comercial más descarnada, la del juego como soporte publicitario y la del espectador como consumidor cautivo. Y lo hace basándose en la certeza de que las aficiones protestaremos y nos indignaremos, pero seguiremos pagando la correspondiente suscripción porque la pasión está por encima de cualquier impudicia.
De momento, lo más hidratado de este Mundial es la cuenta de resultados de Infantino y compañía.
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