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La gala MET dedicada al `camp´ y tú tan tranquila

"Mis contradicciones me sacan de quicio"/ José Rubio (Murcia)

Vamos a ver si no me lío con todo lo que tengo en la cabeza, que hoy que voy a ejercer de reinona sabihonda, estamos en plena explosión de primaverano y se os ponen las hormonas tontas, la nariz os gotea, os falta el aire en los alvéolos pulmonares y ─claro─ de riego mejor ni hablamos, que no llega la sangre a la cabeza, con tanto lúpulo y cebada*. Os voy a hablar de qué tiene que ver una alfombra roj/sa de vestidos con la discriminación, el hambre, la explotación y la injusticia. Y ahora que tengo vuestra atención: $€XØ gratis. Ah, no, que eso era al revés. Más bien, dentro vídeo de estrellas internacionales con vestidos increíbles.

Cada año se celebra la conocida como Gala Met. Este baile de sociedad persigue notoriedad y fondos (varios millones de dólares al año) para el Instituto del Vestuario. Este ─ahora denominado─ Centro Anna Wintour nació a raíz de las aventuras de beneficencia y arte de un par de filántropas neoyorquinas a principios del s. XX y pasó a formar parte del Museo Metropolitano de Arte de Nueva York allá por los años cuarenta. Es decir, es una institución en toda regla, nada contracultural. Cada año cuenta con un tema. A ver si no os acordáis de Sarah Jessica Parker hecha un sagrario, de Lana Del Rey con puñales en su sagrado corazón o de Rihanna con mitra, porque el tema del año pasado era «Cuerpos celestiales: moda e imagen católica». No os acordáis, porque aún no habéis interiorizado que la vestimenta es otra forma de expresión artística.

Pues el tema de este año es el camp. Aprendí qué era el camp gracias a un redactor neoyorquino que escribía unos artículos súper chulos al respecto (y a cuyo actual novio le comí la boca hace años, he de confesar**). Parece que tiene su origen en el travestismo y la prostitución, así como en la estética y sensibilidad artística de disidentes de género de clases trabajadoras de principios del s XX. El concepto lo retoma y lo intenta fijar Susan Sontag en Notes on Camp, así como lo desvincula en cierto modo de la disidencia de género (lo homosexual, lo transgénero). Desde luego, si vemos al diseñador de moda cordobés Palomo que coloca sus vestidos churriguerescos solamente a modelos chico, vestir a Beyoncé, a Rossy de Palma (otra camp), a Madonna o a Rosalía y exponer en el Met, en la muestra relacionada con la gala, nos planteamos un poco que mariconeo no falta. Como nos dice Estefanía Camacho en su artículo sobre esa obra, [lo camp] «fue una amenaza para la supremacía heterosexual. […] Mientras que lo Camp era resistencia». Elucubremos por qué ─no obstante─ hay que estar ojo avizor ante esta apropiación de lo hortera por círculos opulentos.

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El trabajo sexual y el trabajo doméstico, los dos grandes olvidados del primero de mayo

Cartel de la manifestación del Colectivo de Prostitutas de Sevilla, diseñado por María Pichel

El activismo feminista ha llegado donde jamás soñaron llegar los sindicatos con todos sus micrófonos y todas sus subvenciones. No he escuchado nada interesante o novedoso de ningún (ni ninguna) sindicalista en los últimos treinta años. Con más putas que putos y más amas de casa que amos, parece evidente que las mujeres seguimos teniendo mucho que reivindicar y visibilizar en este primero de mayo.

Aunque me parece que desde las mesas redondas donde se autopsian las cuestiones patriarcales no es lícito abordar -ni siquiera desde la teoría- las relaciones que se establecen entre sexo y poder obviando deliberada y perversamente las relaciones entre amor y poder, me gustaría hablar aquí desde el punto de vista exclusivamente laboral de las demandas que llevo ya un tiempo escuchando desde los colectivos de trabajadoras sexuales y de los debates que no se dan jamás en torno al trabajo doméstico. ¡Qué lejos queda ya la militancia de la Federici en la campaña Salario para el trabajo doméstico o las siempre futuristas vascas con sus Asambleas de Mujeres de Euskadi para la preparación del 8M en 1993 donde se acuñó el lema «No al servicio familiar obligatorio. Insumisión»!

Me dejo para otra ocasión, pues, cuestionar la heterosexualidad o el amor pasional/romántico como sistemas de opresión que subyugan a la mujer, así como el enaltecimiento de la familia o el matrimonio heterosexual como ejes castradores desde donde se poetizan, ordenan y eternizan toda suerte de desigualdades. Tampoco voy a entrar en los idearios argumentativos en torno a la libertad, la volición y las alternativas laborales unicornias de las mujeres en situación de prostitución ni en la harto jugosa dicotomía marido/proxeneta. El feminismo caníbal de las obsoletas radfem no me da la impresión de que esté construyendo nada.

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Una mujer valiente, una mujer sonriente

Mujer Maravilla

Hace unos días conversé largo y tendido con una amiga a la que quiero y admiro a partes iguales. María -pongámosle este nombre- está casada, tiene dos hijos, un trabajo que le satisface y un piso precioso que en dos años terminarán, ella y su marido, de pagar. Va al gimnasio, al cine de vez en cuando y le gusta leer novela negra. Es una feminista convencida desde antes de cumplir la mayoría de edad y forma parte de un colectivo bastante activo. Tiene todo lo que se supone necesario para vivir bien, pero...

- Estoy harta de hacerme la valiente.

Escuché las palabras de María como si en lugar de ella las hubiera pronunciado una ventrílocua escondida en alguna parte. Creía que mi amiga estaba bien porque todo a su alrededor guardaba el equilibrio perfecto (el esperado), pero no. Me pasó por la cabeza recordarle las cosas bonitas que tiene en su vida. Era la alternativa más fácil (y por eso recurrida): decirle que sus hijos están sanos, que tiene una estupenda casa y un trabajo. Que puede viajar cuando guste porque se lo puede permitir. "Eso, María, lo que tienes que hacer es darte un capricho, irte unos días fuera y coger aire. Cuando vuelvas lo verás todo muy diferente". Pero vomitarle todo eso, aun con cariño, no sería justo con ella. ¿Quién coño soy yo para decirle a mi amiga agotada que no tiene derecho a dejar de ser valiente? 

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Algunos hombres perdidos

`Hacia rutas salvajes´, película dirigida por Sean Penn

A veces algunos hombres se pierden. No se sabe cómo, pero se pierden. Mira que es difícil –hay mecanismos, premios y castigos, para que eso nunca pase-. Algunos se salen de la vereda y cruzan a otra senda, otros se adentran en el bosque y ya nunca más se vuelve a saber de ellos, y otros a veces se desintegran, así, sin más: desaparecen. Otros están en la linde, indecisos. Pensar en todos ellos inquieta: es como que algo no se ha hecho bien. En todo caso se despiertan las sospechas y en la mayoría de las veces se les declara peligrosos, en busca y captura para reintegrarlos, y si no se puede, acallarlos, reprimirlos, censurarlos.

Es el caso de Salvatore Roncano, de la región de Calabria en Italia, que se trasladó a vivir a Milán con su hijo, la pareja de éste, y su nieto recién nacido. Salvatore era un hombre de los de antes, buen macho, rudo, que sabía cómo se hacían las cosas. Un hombre elemental. De principios. Ahora, ya mayor, y con cáncer, se las tiene que ver en un entorno que no era el suyo, conviviendo además con una pequeña criatura a la que han llamado Bruno, el mismo sobrenombre que tenía cuando era joven. Pues ahí tenemos a Salvatore levantándose clandestinamente por la noche para atender a su nieto cuando llora, deseando que le crezcan tetas, fíjate, para poder amamantar a ese bebé; y por supuesto avergonzándose, y además comenzando por primera vez en su vida a empatizar con una mujer como si fuera su igual: nunca pensó que eso le iba a pasar. Extraño. Muy raro. Un hombre perdido.

Otro caso notorio es el de Chris Mc Candless, un joven de familia millonaria que lo tenía todo. Un día decide dejar toda su fortuna a una Fundación y marcharse a la aventura. Tras un largo viaje, en el que trabaja mano a mano con desconocidos en lo que le sale, escuchando las historias de mucha gente, y hablando poco, acaba en un bosque, cerca de las montañas. Viviendo con lo puesto. Renunciando a poseer las cosas que a todo hombre harían feliz. ¿Un nuevo Thoreau? Porque Thoreau fue otro caso perdido. Pero Alexander Supertramp, ese fue el nombre que Chris adoptó, no daba señales de vida, no quiso tan siquiera que supieran de él. Despareció. Luego un periodista encontró su historia y su vieja Vanette, donde apareció cadáver, y un cuaderno de notas donde apuntaba sus sensaciones, sus emociones. Cosas como ésta: “Huye y camina solo por la tierra”, “Sin nada”, “Sin ir a ningún sitio”, “Libre”.

Uno más, chileno para más señas. Escandaloso. Un marica llamado Pedro Lemebel, profesor de Artes Plásticas, escritor y artista. De la izquierda radical. Expulsado de dos institutos por su tendencia homosexual. Después de eso se dedicó a sus talleres literarios y a polemizar en las calles y en los escenarios con sus performances sobre el sexo y el género. Un provocador. Estamos hablando del Chile dictatorial y represivo. Algo falló para que este hombre apareciera. Un hombre que hablaba de la ternura y los afectos, que hablaba de “homosexualizar la vida”, y no se refería a “meter y sacar”, como algunos pensaban, sino a “la ternura, compañeros”, a la ternura en las relaciones entre hombres, y tambiñen con mujeres; en general, vamos a la Vida con mayúsculas. Qué extraviado.

Mark  O´Brien es el siguiente. Daría lástima pensar en alguien que deseaba tanto el sexo, pero que no podía follar como cualquier hombre. Tuvo que contratar a una terapeuta sexual para darse cuenta finalmente que no podría, que su sexo no era lo que valía, y que su pene no lo representaba. Estamos hablando de alguien que padeció una severa poliomielitis, por la cual quedó tetrapléjico y confinado toda su vida a un pulmón de acero. Y sin embargo, puso en marcha una editorial con la que quería demostrar que la sexualidad iba más allá de un cuerpo establecido y que el erotismo se decía de muchas maneras. Que tener pene es anecdótico cuando se trata de deseo y placer. Vaya ilusión. Alguien que dijo que disfrutó el sexo como nadie sin tener un cuerpo para poder hacerlo: “déjeme tocarte con mis palabras”, escribió en un poema, como si eso fuera posible.

Acabemos con Josef, el llorón, el escucha-mujeres, el anti-hombre por excelencia, al menos en lo emotivo. Porque, ¿qué hombre escucha a una mujer? Me refiero con todo: con sus orejas, con sus poros, con su corazón, dejando que sea el pulso de ella el que marque el compás de la conversación, para saber qué siente, qué ha pasado con ella. Qué clase de hombre es ése. Pues bien, ese hombre perdido es un ingeniero que ha sufrido un accidente en una base petrolífera en el Pacífico; intentaba salvar a un compañero en un asunto nada claro “entre hombres”, lo cual importa poco al caso. Aquí lo que nos apela es que estando convaleciente y enfermo, llora, se deja cuidar y se va abriendo a una mujer, la enfermera que lo atiende, Hanna. Pronto Josef será presa de la debilidad y dejará que la vulnerabilidad, la suya y la compartida, le atrapen. Un desastre. Un hombre que cuando se recupera dice estar dispuesto a “aprender a nadar” junto a ella en un mar de lágrimas. Hombre, lágrimas, hábitat emocional compartido; vaya asunto.

Se buscan con urgencia.

Si alguien tiene interés en encontrarlos, hay una recompensa importante por cada uno de ellos. Cuál sea esta recompensa depende del buscador. Aquí dejo algunas pistas:

Salvatore Roncano es el protagonista de la novela del fallecido José Luis Sampedro, `La sonrisa etrusca´ (1985).

Es posible encontrar más datos de Chris Mc Candless en la obra del periodista Jon Krakauer, `Hacia tierras salvajes´ (1995), y en la película homónima de Sean Penn (2007).

De Pedro Lemebel, hasta la fecha de su fallecimiento en 2015, hay rastros provenientes de diferentes fuentes. Quizá su `Manifiesto. Hablo por mi diferencia´ (1986) sirva para entenderlo.

Mark O ́Brien fue retratado con mucho humor y cariño por Ben Lewin en la película `Las Sesiones´ (2012). Pero es posible irse a su obra escrita para encontrar una imagen de su mundo.

Josef es el ingeniero quemado de la película de Isabel Coixet `La vida secreta de las palabras´ (2005). Ineludible para perderse y encontrarse.

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Guía rápida para no volvernos locas con el chemsex

Foto: Matthew Romack

Cuanto más creo que tengo todo claro sobre un tema, más confundida estoy. Me explico: desde mi posición, viviendo en un contexto donde la información sesgada pasa por delante de mí y asimilo como algo certero, creo saber mucho y sin embargo, nada conozco con seguridad. Hoy voy a hablar desde el rigor correspondiente sobre chemsex, qué es y por qué se practica.

La palabra chemsex viene del inglés. Es mezcla de palabras chemical y sex. También nos podemos referir a ello como chill, colocón, chems… etc. Es un fenómeno investigado recientemente, ya que la mayoría de los estudios de consumo de sustancias tienen menos de 5 años. Aun así, no es una eventualidad novedosa: la mezcla de drogas y el sexo han estado presentes a lo largo de la historia, solo que ahora se caracteriza por otro tipo de cosas.

Las sustancias destinadas a estas prácticas son: metanfetamina (tina, conocida así normalmente), mefredona y GHB/GBL. También existen otras sustancias como cocaína, popper y MDMA que pueden aparecer en este contexto, pero no son usadas a priori para esta finalidad.

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Lucia Berlin y la fiesta de la precisión

Lucia Berlin

Esta vez voy a ser breve, buenos días. Noblesse oblige. Hay que ser recatada con el tiempo de las demás -ustedes, esas improbables lectoras-, que una ya sabe cómo vamos corriendo de un lado para otro, incluso cuando estamos en el paro, es decir, trabajando pero sin ocupación remunerada.

Nada más adecuado, por tanto, que escribir sobre alguien que parece que hace todo lo contrario: Lucia Berlin. Es un decir, por supuesto, todo lo contrario no es, pero vamos a tratar de pensarlo a partir de esa primera inexactitud para, como siempre, extraer un modo de contradecir el orden reinante en forma de oro feminista.

Pensar a partir de inexactitudes es apasionante, pues todo lo que es exacto se yergue como un muro infranqueable ante el pensamiento, como una masa de certezas, de lugares comunes, que poco tiene que ver con nuestras vidas. Y, mira, por aquí lo que nos interesa es la verdad y el brillo, no la exactitud. Eso no quiere decir que no encontremos, así muy claramente, expresiones precisas que interpelan a cualquier fulana de tal. No hace falta ni abrir la última compilación de relatos -Una noche en el paraíso- de Lucia Berlin; en su portada color huevo leemos en el fondo de un cenicero -oh, grandeza de las imágenes: “Hay ciertas cosas de las que la gente nunca habla”. Dime tú a mí si esto no es preciso e inexacto, si no te coloca de entrada en el filo de todo aquello que pasamos por alto en la vida, muchas veces a sabiendas, pero sin echártelo en cara, que Berlin no es ni tu padre ni tu cura, ni siquiera tu hombre consejero. No, no, es que hay ciertas cosas, aquí entre nosotres, por todas partes, en aquella esquina, en este gesto de disgusto y en aquella media sonrisa imperceptible, en ese modo de dar una cabezada, en ese mensaje lleno de eufemismos, con este café, de las que nunca hablamos.

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La santa, la bruja, la mami, la puta

`Lady Lilith´, obra de Dante Gabriel Rossetti

Si saliste a la calle el pasado día 8, quizá las vieras.

Estaban todas ahí, juntas y desperdigadas.

En masa, y bailando y gritando, a lo suyo.

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Reacciones ante `Roma´: hiede a racismo

Yalitza Aparicio y Jorge Antonio Guerrero en 'Roma'

`Roma´, la galardonada cinta del mexicano Alfonso Cuarón, dejó una mezcla de sensaciones difícil de definir. Aunque la trama- a criterio de muchas/os-pareciera lenta, sosa, y hasta algo pobre, muestra con precisión cómo se asienta en la cotidianidad más aciaga la dominación machista, racista y clasista.

La historia que retrata la vida de una joven mujer indígena trabaja como interna en un hogar de clase media alta en la capital mexicana en la década de los sesenta, es protagonizada por Yalitza Aparicio, una joven maestra parvularia, indígena mixteca que llegó al casting de manera fortuita. Di con este detalle al buscar críticas de la película, y entonces,  aparecieron a la par una serie de comentarios, memes y expresiones despectivas hacia ella.

Las `críticas´ hacia la actriz son de lo más variopintas.  La más  `técnica´  desmerece la participación de Yalitza en la película por no ser actriz profesional (aunque jamás sostienen que su actuación haya sido deficiente y olvidan mencionar su nominación al Oscar como mejor actriz). En un afán de `protección gremial´ se dijo que incluso varias actrices mexicanas estarían organizándose para protestar formalmente por este hecho, y un reconocido actor de telenovelas sin pudor alguno  denostaba la nominación al Oscar de Yalitza, señalando que se trataba de una “pinche india”.  En posteriores declaraciones, donde se disculpaba por sus lamentables declaraciones, y en un momento de cinismo o ingenuidad extrema, afirmaba con aplomo que no se trataba de racismo.  

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"Demasiado masculina para ser violada"

Las italianas marchan para exigir igualdad y contra la violencia machista

"Demasiado masculina para ser violada". Aunque parezca un chiste de mal gusto, o una frase cínica de Despentes, este fue el argumento de tres magistradas italianas para exculpar a dos hombres por violar a una mujer de 22 años.  Los hechos ocurrieron en 2015. La abogada de la mujer, Cinzia Molinaro, declaró en el diario británico The Guardian que los acusados usaron la sumisión química (echaron sustancias en su bebida) para abusar de ella y los médicos constataron que en la sangre de la joven había restos de medicamentos con efectos sedantes, así como heridas y lesiones causadas por la violación.

Los hombres fueron condenados en 2016 y absueltos en 2017 con el argumento de que “era muy fea, masculina y no les resultaba atractiva para ser asaltada sexualmente”. Para apoyar esta prueba presentaron una foto de la víctima y que la tenían guardada en el móvil bajo el nombre de `vikingo´. Molinaro decidió llevar el caso hasta el máximo tribunal de apelación italiano y la víctima regresó a Perú.

El viernes pasado salió a la luz la sentencia y hubo protestas feministas por toda Italia. La Corte de Casación anuló ayer esta sentencia y ordenó que se repita el juicio.

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¿Y tú cómo quieres salir a la calle?

Manifestación del 8M / https://www.flickr.com/photos/arainfo

Hace unas semanas tuve la suerte de encontrarme en mi pueblo con una persona a la que admiro muchísimo. Es el «padre de Liberto, Antonio Manuel, hijo de Rafaela y Juan, nieto de Rosario y Ángeles y de Antonio y Manuel, el de Almodóvar del Río, el profesor al que le falta un dedo de la mano», un intelectual andaluz que nos recuerda la memoria robada con la reinvasión cristiana de Al-Ándalus. Nos recuerda cómo los orígenes de los nombres y los palos del flamenco pueden tener más relación con esa tierra y su lengua que con la siguiente. Trabando historia, memoria, lexicografía y musicología, Antonio Manuel dio una musiconferencia en la que nos explicaba los nombres de los palos del cante jondo. Lo hizo recordándonos que, incluída en la época de Al-Ándalus, fuimos, somos y seremos una tierra de acogida, de inclusión y de mezcla, una tierra donde conviven gitanos y payos, negros e ibéricos, y dónde la memoria arrebatada por el poder se mantiene en el sentimiento. Lo hizo con cantaoras y cantaores de nuestro pueblo.

Mi madre y yo nos acercamos emocionadas a saludarlo, conversamos con él y nos lamentamos por el auge de pensamientos retrógrados. Antonio Manuel contestó que  la confianza cotidiana se impone, en realidad, a pesar del aparente clima de discordia, a pesar de la supuesta atmósfera de desacuerdo que los medios de comunicación venden y las redes sociales palmea. En nuestro día a día las relaciones humanas siguen basadas en la confianza y no en la diferencia. Por las mañanas, al girar el grifo sigue saliendo agua, al sentarnos en la parada llega el autobús y al entrar a la panadería se pueden comprar dulces. Todas esas personas prestando y disfrutando servicios confían en que somos capaces de convivir, en que somos capaces de llevarnos bien de alguna manera. Siguen levantándose para que podamos construir nuestra vida diaria juntos, entienden que tenemos intereses comunes suficientes como para ello.

En todo el estado en general y sus territorios meridionales y costeros en particular tenemos una realidad muy diversa. Entre las personas con las que interactuamos, nos encontramos con personas cada vez más diversas. Regocijémonos: esto significa que se han dado muchos avances en respeto a la diversidad e inclusión. Quizás no lo creáis ─o no lo compartáis─, pero yo me alegro de que los delitos de odio se conozcan más. Creo que esto se debe a que por fin se les ha puesto nombre, por fin existen leyes que reflejan cómo no solamente infligen daño físico, sino que además ponen en peligro la convivencia, la dicha de vivir en común, la posibilidad de reconocernos humanos, seamos moros o cristianos, y respetarnos como somos. Estas personas cuyo género, cuyo color de piel, cuyo origen, cuya forma de amar, cuya vestimenta, cuyas habilidades, cuyas capacidades, cuyo trasfondo personal y social pueden ser distintos de los nuestros, son con quienes compartimos el territorio. Ante estas personas, nos debemos plantear ¿cómo lucho por mis valores?

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