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"Demasiado masculina para ser violada"

Este fue el argumento de tres magistradas italianas para exculpar a dos hombres por violar a una mujer de 22 años

El viernes pasado salió a la luz la sentencia y hubo protestas feministas por toda Italia. La Corte de Casación anuló ayer esta sentencia y ordenó que se repita el juicio

Aún pensamos la violación en términos estéticos de placer y no en términos de poder. ¿De dónde viene esta construcción social?

Estas representaciones no dejan de ser reinvenciones del deseo femenino escritas por autores que acaban instaurándose en el subconsciente colectivo

Las italianas marchan para exigir igualdad y contra la violencia machista

Las italianas marchan para exigir igualdad y contra la violencia machista EFE

"Demasiado masculina para ser violada". Aunque parezca un chiste de mal gusto, o una frase cínica de Despentes, este fue el argumento de tres magistradas italianas para exculpar a dos hombres por violar a una mujer de 22 años.  Los hechos ocurrieron en 2015. La abogada de la mujer, Cinzia Molinaro, declaró en el diario británico The Guardian que los acusados usaron la sumisión química (echaron sustancias en su bebida) para abusar de ella y los médicos constataron que en la sangre de la joven había restos de medicamentos con efectos sedantes, así como heridas y lesiones causadas por la violación.

Los hombres fueron condenados en 2016 y absueltos en 2017 con el argumento de que “era muy fea, masculina y no les resultaba atractiva para ser asaltada sexualmente”. Para apoyar esta prueba presentaron una foto de la víctima y que la tenían guardada en el móvil bajo el nombre de `vikingo´. Molinaro decidió llevar el caso hasta el máximo tribunal de apelación italiano y la víctima regresó a Perú.

El viernes pasado salió a la luz la sentencia y hubo protestas feministas por toda Italia. La Corte de Casación anuló ayer esta sentencia y ordenó que se repita el juicio.

Más allá de la indignación y la rabia que me provoca esta noticia, lo que además percibo es que aún pensamos la violación en términos estéticos de placer y no en términos de poder. ¿De dónde viene esta construcción social? ¿Cómo llegamos a pensar que un sometimiento no pactado es una cuestión de placer y no de poder? ¿Cómo esas tres magistradas han asumido ese discurso como válido? ¿Tan hondo ha calado la fantasía de la violación?

La violación forma parte de nuestro imaginario: las leyendas de los pueblos y la mitología griega está llena de violaciones. Zeus, el más poderoso de los dioses el primero. Gabriel García Márquez (`Amor en los tiempos del cólera´) y Pablo Neruda (`Confieso que he vivido´) hablan de violar a sus criadas: mujeres que se acaban enamorando de sus dueños, y pongo dueños porque la variable de clase, como la de etnia, es importante. En el cine tenemos ejemplos en la relación de Kaleshi con Drogo en `Juego de Tronos´, la película de `El Piano´ o `Lolita´. Ejemplos de juegos de poder con final feliz en la que, cual hentai japones, la victima acaba disfrutando y se enamora de su agresor sea Zeus, Drogo o el dueño de la casa. Y sin embargo pocas lectoras/espectadoras se lo han planteado alguna vez así.

Estas representaciones no dejan de ser reinvenciones del deseo femenino escritas por autores que acaban instaurándose en el subconsciente colectivo (bastante anterior al porno), llegando a las leyes donde el castigo para un violador es casarse con su víctima (El Salvador) y pasando por las declaraciones de la Manada y de este nuevo caso donde “ella era la que quería y lo inició".

Como decía Virgine Despentes en Teoría King Kong: “Si verdaderamente hubiéramos querido que no nos violaran, habríamos preferido morir, o habríamos conseguido matarlos. Desde el punto de vista de los agresores, se las arreglan para creer que si ellas sobreviven es que la cosa no les disgustaba tanto”. El problema viene cuando esa mentalidad del agresor permea a través de patriarcado en la población.

En resumen, la cultura de la violación convive a nuestro alrededor, en nuestro inconsciente colectivo y solo cuando salta a la palestra bajo determinadas formas somos conscientes de las aberraciones que supone y que pasan inadvertidas en nuestra cotidianidad cultural y estética.

Afortunadamente cada día somos más denunciando estas situaciones en plazas, medios y conversaciones diarias. Nunca subestiméis el poder de la cotidianidad.

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