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“Pudieron frenar el recrecimiento de Yesa, pero han optado por huir hacia adelante”

Una visita a la presa organizada durante unas jornadas sobre alternativas al recrecimiento. / Foto: Yesa+no.

Garikoitz Montañés

Pamplona —

“Han tenido una oportunidad de oro para frenar este proyecto y hacer las cosas de forma cabal, pero insisten en una huida hacia adelante”. El presidente de la asociación Yesa+no valora de esta forma la decisión final, anunciada por la Confederación Hidrográfica del Ebro y el Gobierno central, de expropiar las casas afectadas por el último deslizamiento en la ladera de Yesa. Iker Aramendia, vecino de Sangüesa, reconoce que no vio venir esta medida. La decisión, que afecta a unos 103 hogares, obligará a modificar el proyecto (por cuarta vez en 13 años, puntualiza) para ampliar el pantano y desde Yesa+no tienen decidido presentar alegaciones. Seguir con la batalla. Tras siete años de movilizaciones y protestas, el colectivo quiere insistir en esa oposición porque “la situación es muy preocupante, tanto de la presa como por la actitud de los responsables”.

Yesa+no no es una de las urbanizaciones afectadas por el deslizamiento (son El Mirador y Lasaitasuna), pero sí agrupa a vecinos de municipios como Sangüesa, Cáseda y la propia Yesa. Y el presidente del colectivo recalca que no se sienten seguros con este proyecto para ampliar el pantano, contra el que colectivos de Aragón llevan movilizándose casi tres décadas. Aramendia vincula esta actuación, que permitirá en principio que el embalse pase de albergar 450 a 1.080 hectómetros cúbicos, al trasvase del Ebro.

Oficialmente, se trata de una iniciativa para abastecer de agua de boca a Zaragoza, para ampliar la zona de riego en las Bardenas y para laminar avenidas. Es decir, para que cuando el agua se acumula en poco espacio pueda contar con algo más de superficie. Aramendia muestra dudas con muchas de estas razones, que en su opinión “se han ido cayendo una a una”, con la falta de explicaciones por parte de las instituciones y con la seguridad de este proyecto.

“En 2006, por ejemplo, hubo un deslizamiento, pero no salió a la luz hasta 2007. Si no nos informaron entonces, ¿cómo no vamos a sospechar de su actitud?”, apunta. El blog de la asociación, así, presenta varios artículos relacionados a roturas de presas y problemas en otros pantanos, pero Aramendia insiste en que no pretenden ser alarmistas: “En un colegio, hay medidas diseñadas para activarse en caso de incendio, y todo el mundo sabe por qué puerta hay que salir. En esa situación, nos ponemos siempre en el peor de los casos, pero aquí no”, expone.

De hecho, el portavoz de Yesa+no asegura que “los problemas de seguridad son muy graves. Sangüesa es muy vulnerable, se encuentra en una zona muy llana y cerca del río”. Desde la CHE, por su parte, su presidente, Xabier de Pedro, ya aseguró frente a representantes públicos de Sangüesa a mediados de julio que el movimiento global de la ladera derecha de la presa es casi imperceptible desde el pasado mes de marzo y que, por tanto, la garantía de seguridad es “total”.

“Nunca debería haberse hecho esta obra”

Aramendia, por el contrario, cree que una de las claves de la asociación es hacer consciente a la población de los problemas que puede acarrear el recrecimiento. “Es tal la problemática que puede generar esta obra, que nunca debería haberse llevado a cabo”, sentencia.

Yesa+no, por estas razones, tiene “toda la intención” de presentar alegaciones antes de final de año a la modificación del proyecto que anunció la CHE, y que en principio está prevista para septiembre, algo que puede retrasar la tramitación de las expropiaciones de las casas afectadas en la ladera de Yesa. Una nueva piedra en el camino para un proyecto cuyo final llegó a anunciarse para 2009 y que ahora apunta más bien a principios de 2017, aunque desde Yesa+no auguran más bien que seguirá retrasándose hasta llegar a 2024.

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