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La cojera crónica de la ciencia española

Para realizar esta clasificación de la influencia digital de la ciencia española se han analizado un total de 434.827 artículos publicados por científicos nacionales en la base de datos Web of Science. Imagen de archivo. EFE/EPA/SASCHA STEINBACH

Antonio Punzón

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Los problemas de la ciencia española son profundos y endémicos, y una parte importante se debe a que su desarrollo está exclusivamente en manos del personal investigador. Esto desemboca en unas carencias en el sistema científico, destacando la ausencia de participación en la toma de decisiones de la parte de los equipos no pertenecientes a la escala de investigador. 

El desarrollo científico se sustenta en tres pilares: la investigación, el desarrollo tecnológico y la gestión. El vínculo entre ellos no ha hecho más que crecer, aportando al equipo técnico, la capacidad de desarrollo y una parte de las aplicaciones científicas y la administración el acceso a los fondos y la gestión de los mismos. Si falta el apoyo de alguno, el sistema no es capaz de ser operativo ni de progresar. 

El sistema de investigación (hablo de la parte que pertenece al Ministerio de Ciencia e Innovación) de forma simple se estructura en (cito los niveles más frecuentes): grupos A1 donde hay dos escalas, la de personal investigador con tesis doctoral (niveles del 27 al 29) y la escala de personal técnico (niveles 24 y 26) para la que es necesario tener la licenciatura (o grado con máster); el grupo A2, que se define como personal colaborador, para el que es necesario tener el grado (nivel 18 o 20 generalmente); grupo B, sin desarrollar, para el que sería necesario tener una FP superior; y el grupo C de ayudante de investigación (niveles 16 o 18), auxiliar (habitualmente nivel 14) y jefe de negociado (nivel 16), para los que es necesario tener el Bachillerato o una FP. Salvo en el caso del personal investigador, en el resto de grupos no hay carrera profesional, accediendo a la administración con el nivel más bajo, que normalmente será con el que también se jubilen. Esto se traduce en que no existe ninguna posibilidad de mejora dentro de los grupos de técnicos y gestión, salvo concursos de traslados y procesos similares. 

Pero esto no es lo más sangrante. Derivado de la actividad científica, el personal investigador recibe complementos por la excelencia científica (los conocidos como sexenios) y por méritos investigadores (los conocidos como quinquenios). Estos complementos suponen un porcentaje muy alto de la nómina, pudiendo llegar a ser más del 20%. El resto de personal que trabaja en el sistema de ciencia español (personal técnico y de gestión), imprescindible para que el personal investigador ascienda en su carrera profesional y cobre sus sexenios y quinquenios, no tiene acceso a ningún tipo de complemento. Es decir, la mayoría de la plantilla trabaja para que una minoría mejore sus complementos y su carrera profesional.

Este Gobierno nació anunciando la importancia que, por fin, se le iba a dar a la Formación Profesional, y con la modificación de la Ley de la Ciencia está perdiendo una gran oportunidad. El Estatuto Básico del Empleado Público, en su artículo 76, creó un nuevo grupo para el que se exigía estar en posesión de la titulación de Técnico Superior, con el objetivo de poner en valor e integrar de forma plena las enseñanzas de Formación Profesional en la Administración. Sin embargo, el Gobierno una vez más ha ignorado su desarrollo en el actual anteproyecto de modificación de la Ley de la Ciencia. La ciencia necesita de los conocimientos de las personas que se forman en las FP, son imprescindibles. Son el personal técnico de análisis, de control de calidad, de laboratorios clínicos, de  informática, mecánica, electricidad, gestión administrativa, asistencia a la dirección, administración y finanzas, etc, etc, etc.

La presente situación genera además algo totalmente perverso en el grupo de técnicos, ya que al ser suficiente el bachillerato para acceder al grupo C, se favorece la incorporación de personal licenciado o similar, aunque realmente no son personal con formación técnica, teniendo en muchos casos la aspiración de realizar una carrera vertical en el sistema. Ascendiendo primero a A2 y luego a A1, y finalmente accediendo a la carrera investigadora. Es legítimo y legal, pero esto provoca un gran agujero en el sistema de ciencia español, ya que por un lado se pierde capacidad técnica y, por otro lado, el personal con formación técnica, que sí quiere tener una carrera profesional como tal, pierde oportunidades y capacidad de representación en los órganos colegiados.

Estas desigualdades tienen consecuencias graves no solo en el personal técnico y de gestión, sino que repercuten directamente en la calidad de la ciencia y su capacidad de asesoramiento. Por un lado, provoca que ante la imposibilidad de tener una carrera profesional dentro de su grupo, personal formado y con un alto grado de especialización, abandone la ciencia y se traslade a otros ministerios con más posibilidades de promoción. Por otro lado, todavía peor, al ser muchas veces organismos deficitarios o por la alta especialización de este personal, es imposible esa movilidad. Por lo que, ante la sensación de estar atrapados, las trabajadoras y trabajadores dejan de preocuparse por formarse y actualizarse ante la falta de reconocimiento y la imposibilidad de promoción. Esto, junto con la falta de representatividad en los órganos de decisión, genera en gran parte de la plantilla desmotivación, frustración y desamparo. Provocando que la ciencia española avance con una mano atada a la espalda y a la pata coja. ¿Qué recurso le queda al personal técnico y de gestión si quieren mantenerse profesional y emocionalmente sanos? ¿Alegrarse y celebrar cada vez que “su” investigador o investigadora sube un nivel o le dan un nuevo quinquenio o sexenio por el trabajo que se hace entre todas y todos? ¿Desligarse totalmente del sistema científico del que sienten que no forman parte?

Una Ley de Ciencia moderna debería hacer partícipes del sistema a todas las partes implicadas y captar todo el conocimiento, creatividad e ilusión posibles. No podemos hacer ciencia dejando atrás a la mayoría de profesionales que trabajan y sostienen el sistema de ciencia español. Estos problemas son políticos, y debería ser prioritario para este Gobierno desarrollar un sistema de ciencia participativo, no clasista y con oportunidades para todas y todos. Hacer otra cosa es seguir haciendo más profundo el agujero donde descansa y descansará la ciencia de este país.

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