Hasta la última ucraniana
La escalada de la guerra en Ucrania ya hace tiempo que cruza fronteras y bites, como drones y como propaganda. Y no sólo por los últimos ataques a las refinerías rusas, cada vez con más éxito debido a la inestimable ayuda de los servicios de inteligencia británicos y los 224.000 millones de euros que llevamos gastados el resto de ciudadanos europeos para ayudar a Ucrania a pagar médicos, maestros y armas. Almas por armas. Éste fue el acuerdo en abril de 2022. Y sigue funcionando mientras la mesa de negociación para la paz sigue vacía. Por la determinación de la Unión Europea (UE) en “apoyar a Ucrania más que nunca en el invierno más duro de la guerra”.
Y mientras, Ucrania seguirá desangrándose con nuestro apoyo hasta su desaparición total. Ya hay dos generaciones de hombres perdidas en una guerra que no amaga por terminar. Una guerra sin fin de la que se pide hasta el último cordero para su sacrificio. Recordemos las palabras del primer ministro polaco, Donald Tusk: las bajas mensuales de Ucrania han alcanzado una cifra récord de unos 27.000 efectivos entre muertos y heridos. Ante estas cifras, hasta la última ucraniana ha pedido este verano el antiguo enviado especial estadounidense para Ucrania, Keith Kellogg. Dicen que lo ha dicho a título personal. Pero la propuesta ya está en el aire, aunque aún no se ha puesto sobre la mesa.
Lo que sí está sobre la mesa es la llamada a la guerra, ya confirmada por la presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, durante su discurso sobre El Estado de la Unión, del pasado 16 de septiembre. A destacar el aumento del presupuesto en defensa de un 80% en los últimos cinco años para financiar la guerra en Ucrania. “Para defendernos unos a otros”, dijo. Como “cuando apoyamos a Groenlandia”, añadió, porque “Europa nunca abandona a los europeos”. Y así, la Comisión Europea acaba de desembolsar 3.300 millones de euros más para la adquisición de material de defensa, en el marco del préstamo de apoyo a Ucrania de 90.000 millón de euros. “El pago cubre drones y misiles, y ayudará a Ucrania a defender su territorio y sus cielos contra la agresión en curso de Rusia”. Literal.
Del resto de menesteres, destaca otra frase para la posteridad: “Cuando Rusia cortó el gas, nos defendimos”. A ver, lo del sabotaje del gasoducto ruso-alemán Nord Stream ya se ha confirmado que no fue Rusia. Lo de las (auto) sanciones y (auto) renuncia al gas ruso ha sido iniciativa nuestra. Que se lo cortamos, o peor, nos lo cortamos definitivamente a partir de enero de 2027. Con el frío que hace en invierno, Y la gasolina ya va a dos euros el litro. Pero lo hemos logrado, nos hemos “liberado” de nuestra “tóxica dependencia respecto de los combustibles fósiles rusos”, Von der Leyen dixit. Esto, que ya es ley, se define como la “eliminación gradual de las importaciones de gas por gasoducto y de gas natural licuado (GNL) procedentes de Rusia a la UE”.
Mira qué bien. Ahora dependemos de otros países, aunque con alegría, que nos venden gas y petróleo un 40% más caros. Siguiendo con el discurso, en lo que va de año, los combustible fósiles importados en la Unión Europea (UE) han supuesto un aumento de 90.000 millones de euros más, “sin que ello nos añada ni una sola molécula de energía”. No obstante, se lamenta, “Europa no puede seguir siendo una potencia industrial si los precios de su energía son tan elevados”.
Pero no compraremos petróleo ruso. ¿Que no? No me cansaré de recordar el acuerdo del Consejo Europeo de 17 de julio de 2025, en el que nos prohibimos comprar crudo ruso y sus derivados a Rusia y a cualquier tercer país del mundo que ose vendérnoslos. Excepto a nuestros amigos. A ellos sí podemos comprarles el crudo ruso mucho más caro. Aquí, la frase exacta de nuestra enésima auto sanción: “La UE ha introducido la prohibición de importar productos petrolíferos refinados elaborados a partir de crudo ruso y procedentes de cualquier otro país -salvo Canadá, Noruega, Suiza, el Reino Unido y los Estados Unidos-, con lo que se impide que el petróleo crudo ruso llegue al mercado de la UE por la puerta de atrás.
Estas políticas energéticas chocan con el desiderátum de reindustrialización de la UE. Sobre la mesa: la electrificación de Europa, la aceleración de las energías limpias y, sobre todo, la renqueaste industria armamentística. Por ello, la Comisión está dispuesta a utilizar los fondos restantes del instrumento de Acción de Seguridad para Europa en poner en marcha un nuevo programa conjunto UE-Ucrania, que desarrollaría un sistema europeo de defensa antiaérea y antimisiles. “Acabo de tener una llamada telefónica con el presidente Zelenski”, relató la presidenta Von der Leyen, antes de anunciar nuestra última contribución económica para misiles y drones, y para que Ucrania pueda comprar Patriots. Nuestra industria, a merced de una guerra.