Acojonados y acojonante: sabor España

Fotografía perteneciente a la investigación 'Dentro del matadero', realizada entre 2016 y 2018 en 16 mataderos del Estado español.

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La empresa Campofrío lo ha vuelto a hacer: ha llegado, puntual, con la entrega de su anuncio navideño. Desde hace unos años, Campofrío ha logrado que su anuncio sea tan esperado como el traje para las campanadas de la Pedroche, da igual si es para aplaudirlo o para ponerlo verde, el caso es que hablen de nosotros, aunque sea mal. Y aquí estamos también, un año más, hablando mal de ellos porque alguien tiene que hacerlo para contrarrestar los términos de la nota de prensa que la empresa ha lanzado a las agencias y que los medios han reproducido en masa. “Emotivo” es el epíteto que más se repite: “El emotivo spot de Navidad de Campofrío nos recuerda que, a pesar de las dificultades, merece la pena vivir”, viene a ser, más o menos, el titular que esa empresa ha conseguido marcar en los medios como quien marca una res. Este año tocaba emotivo por obvias razones de COVID y porque los de Campofrío son anuncios temáticos que aprovechan la oportunidad del momento: si hace un par de años fue el peligro de las fake news, este año es el virus y el drama volcánico de la isla de La Palma. Son piezas audiovisuales elaboradas por todo lo alto, con la colaboración de los mejores: si en anteriores ediciones el anuncio fue dirigido por la cineasta Isabel Coixet y protagonizado por actores, actrices, presentadores y otros personajes de moda, este año ha sido dirigido por Icíar Bollaín y protagonizado por Karra Elejalde, al que acompañan otras caras conocidas, como Belén Cuesta, Candela Peña, Darko Peric, Carlos Areces, Edu Soto o 'El Cejas'. “Lo han vuelto a hacer. Sabor España. Gracias”, es el tuit dirigido a Campofrío que ha publicado la diputada de Vox Macarena Olona.

Efectivamente, Campofrío lo ha vuelto a hacer. Siendo una de las grandes empresas nacionales de embutidos, fue la primera que decidió hacer frente al grave problema que supone el deterioro de marca, la primera que fue consciente de las graves consecuencias para su negocio que podía provocar un creciente cambio en los hábitos de consumo. Estas industrias deberían contrarrestar las alertas de la propia OMS acerca de los peligros para la salud humana que entraña la ingesta de algunos de sus productos, así como las evidencias del impacto que su actividad tiene en el medio ambiente. Por otra parte, podría suponer un problema para su prestigio la conciencia también creciente sobre los derechos de los otros animales y sobre el enorme sufrimiento que entrañan para ellos las vidas y muertes a las son condenados por empresas como Campofrío. De ahí que hace ya alrededor de una década uno de esos célebres spots de Campofrío fuera un ejercicio de mofa de las personas vegetarianas. Quién les iba a decir que hace apenas un año lanzarían una línea de productos vegetarianos, invitando a su público a “dejar a un lado los prejuicios”, algo “fundamental para disfrutar al máximo de todo lo que nos ofrece la vida”. La pela es la pela.

Todo ello se inscribe en un plan de marketing cuya máxima expresión es el spot navideño y que, con pequeñas variantes, Campofrío viene realizando hasta hoy. Ese plan puede resumirse en cinco puntos: 1) Emisión durante la Navidad de un gran anuncio que apele a los sentimientos más primarios de los españoles; 2) No reparar en gastos a la hora de establecer su presupuesto, ni en los aspectos técnicos y de dirección ni en el caché y popularidad de los actores y personajes contratados; 3) Huir del auténtico mensaje del proyecto (“matamos animales para que os los comáis”, como bien ha sabido señalar El Mundo Today) y trasladar el argumento de los anuncios a temas que nada tienen que ver ni con la sangre ni con los mataderos, como la idiosincrasia de los españoles, su cainismo, su sentido del humor, su complejo de inferioridad, su tendencia al desacuerdo político o sus inesperadas genialidad, alegría y solidaridad; 4) Trasladar al espectador el mensaje de que los españoles somos como nos pinta el anuncio y que no debemos ni podemos renunciar a “lo nuestro”, a lo que nos ha caracterizado desde lo más profundo de los tiempos; y 5) Incluir a lo largo del anuncio, casi de tapadillo, unos cuantos productos Campofrío, que pasan así a formar parte de “lo nuestro”, de eso que “no querremos cambiar nunca”. El sabor España, que diría Olona.

Contar con caras conocidas y profesionales de prestigio ayuda a Campofrío al cumplimiento de los objetivos de su cuenta de resultados, al legitimar con su colaboración toda su actividad, sea esta cual sea (básicamente, parafraseando a El Mundo Today: “destripar animales y todo eso”). El anuncio de este año nos invita a dejar de estar “acojonados” porque “la vida es acojonante”. Este es el tuit publicado por Campofrío en su canal corporativo: “En el último año, disfrutar de la vida se ha convertido en todo un reto, ¿no crees? Acojonados te invita a superar tus miedos y vivir cada día como sólo nosotros sabemos hacerlo. Porque lo que de verdad acojona es que se nos olvide que ¡la vida es acojonante!”. Es imposible que Campofrío no haya barajado que esa palabra, “acojonados”, se iba a repetir para recordarle que, en lo que a su empresa respecta, los auténticos acojonados son los animales a los que explota y mata. Lo saben tan bien como lo sabe la agencia de publicidad con la que ha decidido ir adelante. Que hablen de nosotros aunque sea mal. Luego mandan a la radio a sus guionistas, quienes, a cuenta de los hilillos de lava (que diría el otro), afirman que han hecho “un ejercicio de empatía”, y a hacer caja. En realidad, el gran ejercicio que se lleva a cabo es de la hipocresía: no solo brillan por su ausencia los verdaderos protagonistas del spot navideño (esos animales acojonados), sino que en el spot se muestran “acojonados” también por un cambio climático del que la industria cárnica es máxima responsable. Aunque si las condiciones de vida de los animales y del planeta no nos acojonan, siempre nos quedarán las condiciones laborales en las que trabaja la plantilla de Campofrío. Hay para todos los gustos. Es el sabor España.

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