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La cipaya malinchista y el vendepatrias emasculado

24 de enero de 2026 22:22 h

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Todo imperio necesita cómplices entre los colonizados. Una máxima a lo largo de la historia es asistir al servilismo de muchos miembros de los pueblos ocupados ayudando al invasor. La historia es prolífica en esos ejemplos, algunos se unían por miseria, otros no tenían esa excusa. Este tipo de personajes se suelen reconocer entre sí y suelen hacer causa común, Por eso María Corina Machado y Santiago Abascal forman parte de la misma estirpe de entreguistas. 

Mario Vargas Llosa cuenta en El Sueño de los Celtas la historia de Roger Casement, el diplomático británico del Foreign Office que acudió al Congo a investigar los abusos de Bélgica durante la colonización. Una de las cosas que logró documentar eran los castigos que algunos siervos de los colonos propiciaban con el chicote, un látigo hecho con piel de hipopótamo, para castigar a quienes no cumplían los encargos de los colonos belgas. Esa especie de personaje existió en cada momento del colonialismo. María Corina Machado es el ejemplo contemporáneo de ese proceder. Cipaya, malinchista y encima apaleada al postrarse ante el agresor imperialista. 

Los cipayos eran soldados indios al servicio del imperio británico y su uso se extendió al imperio francés. El término se extendió posteriormente en América Latina a los miembros autóctonos que se ponían al servicio del imperialismo de EEUU. En esencia lo que es María Corina Machado. El malinchismo es en esencia la preferencia de lo extranjero a lo propio en un proceso de colonización, algo así como el afrancesamiento español del siglo XIX. 

El espectáculo grotesco de María Corina Machado acudiendo a rendir pleitesía a Donald Trump horas después de que el presidente de EEUU pusiera en valor el papel de Delcy Rodríguez es uno de los ejemplos más deprimentes de servilismo cipayo que se recuerda. No solo por rogar que se la tenga en cuenta para el futuro de Venezuela, sino por hacerle entrega del premio Nobel de la Paz, que merecido lo tiene el jurado, para pedir perdón por la osadía de haberle arrebatado el premio a cambio de salir de la Casa Blanca con una bolsa de regalos y souvenirs del universo MAGA.

En España conocemos bien a personajes como María Corina Machado porque también tuvimos una serie de personajes que se unieron a los franceses en la ocupación como fue el caso de Javier Negrete y Adorno, un tipo al servicio de los ocupantes franceses bonapartistas como lo fue el Mariscal Pétain para los franceses con los nazis. Es de esa calaña servil pagada al mejor postor imperial la que mejor representa nuestra extrema derecha con Santiago Abascal a la cabeza, que quizás por cobardía y cultura histórica, es la primera que vende el país y no es capaz de ponerse en contra de un personaje como Donald Trump que nos desprecia hasta el punto de que sus seguidores ya van haciendo burlas y chanzas de su amada Legión Extranjera. Se quieren hacer lepenistas y no tienen los arrestos de Bardella. 

No hace mucho tiempo me encontré a Santiago Abascal conduciendo por la A5 con un coche enorme de los que consume en una hora lo que mi KIA en una semana con su perfil barbudo de coracero del siglo XVII y me salió una sonrisa al verle junto a sus dos coches de escolta porque cantaba a la lengua que no es más un pobre hombre traumado y con miedo. Cada vez que Abascal muestra su cobardía con los poderosos poniendo poses de hombre duro contra los débiles y sin ser capaz de defender España cuando de verdad está en peligro no puedo dejar de pensar en un personaje de hombría frágil que performa machuneo por sentirse emasculado con el empoderamiento femenino y tiene que fingir mentón fuerte con esa barba triangular para ocultar su perilla con retrognatia.