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Salvador Enguix, autor de 'Las periferias mudas': “El AVE ha sido un instrumento de potenciación del centralismo en España”

El periodista y delegado de la Vanguardia en la Comunitat Valenciana, Salvador Enguix.

Sergi Pitarch / Jesús Císcar

València —

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El periodista y excorresponsal de La Vanguardia en Bruselas Salvador Enguix no escribió Las periferias mudas (Barlin Libros, 2026) como un gesto coyuntural ni como una reacción al “ruido político del momento”. El libro nace, según el autor, de una inquietud sostenida durante años, de la observación paciente de un país que, bajo la apariencia de un Estado descentralizado, ha ido reconstruyendo un centro cada vez más poderoso (Madrid DF) y unas periferias cada vez más débiles. “Las periferias del Estado están perdiendo cada vez más capacidad de tener voz en la mesa política nacional”, resume el periodista.

El punto de partida es claro: con la excepción de Catalunya y el País Vasco, amplios territorios —entre ellos la Comunitat Valenciana— han ido quedando al margen de las decisiones estratégicas del Estado. “La Comunitat Valenciana se está empobreciendo cada año más y perdiendo capacidad de influir en las políticas del Estado”, afirma. No se trata solo de una percepción política, sino de un proceso estructural que afecta al poder económico, a la capacidad institucional y, en última instancia, a la posibilidad misma de decidir.

Enguix sitúa uno de los problemas de fondo en el desarrollo incompleto del modelo territorial surgido de la Constitución de 1978. A su juicio, aquel diseño abría la puerta a una interlocución real entre el Estado y las autonomías, pero esa promesa nunca llegó a materializarse. “El modelo territorial de la Constitución del 78 se ha quedado incompleto y ha derivado en un sistema muy perverso”, sostiene. El ejemplo paradigmático es el Senado: “El Senado no se ha convertido en una verdadera cámara territorial; al final, todo pasa por los partidos políticos”. Lejos de ser un espacio de debate entre territorios, la cámara alta acabó convertida —dice— en un elemento decorativo, incapaz de corregir desequilibrios o de influir en políticas que afectan directamente a las comunidades.

En ese vacío institucional, los partidos han ocupado todo el espacio de interlocución. Pero lo han hecho, según Enguix, desde una lógica profundamente centralista. “Los partidos tienen una mentalidad jacobina y jerarquizada que impide la influencia real de las autonomías”, explica. Las decisiones clave, desde la elección de candidatos hasta la caída de presidentes autonómicos, se toman en las direcciones nacionales. Vease como ejemplo las decisiones de dimisión de Francisco Camps o Carlos Mazón, ambos presidentes de la Generalitat forzados a dejar el cargo por presidentes del partido a nivel nacional y líderes de la oposición. El resultado es un sistema en el que las periferias solo existen políticamente en la medida en que encajan en la estrategia del centro.

La portada del libro 'Las periferias mudas' de Salvador Enguix.

De ahí surge uno de los conceptos centrales del libro: el “Sistema Madrid”. Enguix insiste en que no se trata de una impugnación de la ciudad, sino de algo mucho más amplio. “No es Madrid el problema; el problema es el Sistema Madrid”. Un entramado de complicidades políticas, económicas, judiciales, mediáticas e institucionales que refuerza la centralización del poder y reproduce una determinada manera de entender el Estado. “Madrid es España, pero España no es solo Madrid”, subraya, marcando la diferencia entre capitalidad y hegemonía.

Ese sistema se alimenta de infraestructuras radiales, de la concentración de organismos públicos y de una toma de decisiones que fluye siempre en una sola dirección. Incluso la alta velocidad ferroviaria, presentada durante años como símbolo de modernidad, aparece en el libro como un instrumento ambivalente. “La alta velocidad ha sido un instrumento de potenciación del centralismo en España”, afirma. Sin una política paralela de reequilibrio territorial, el AVE ha funcionado más como aspiradora de recursos y talento que como motor de cohesión.

En este contexto, la Comunitat Valenciana ocupa un lugar especialmente vulnerable por la infrafinanciación sistémica. Enguix habla sin rodeos de una “periferia tutelada”. “La Comunitat Valenciana es hoy una economía tutelada”, dice, y va más allá: “Si no tienes capacidad de maniobra política, la autonomía no tiene sentido”. La infrafinanciación crónica y la deuda impagable con el Estado (más d 60.000 millones en el caso valenciano) ha reducido a los gobiernos autonómicos a una gestión permanente de la escasez, sin margen para desarrollar políticas propias de innovación, diversificación productiva o impulso económico.

A esta fragilidad financiera se suma un modelo productivo cada vez más dependiente del sector servicios y una fuga constante de talento. La paradoja es evidente: “Estamos financiando universidades públicas para que el talento acabe yéndose a Madrid o al extranjero”. Profesionales altamente cualificados, formados con recursos públicos, emigran porque no encuentran un ecosistema económico capaz de absorberlos. “La fuga de talento es uno de los grandes problemas estructurales de las periferias”, insiste. El resultado es una divergencia sostenida: “Cada año los valencianos son más pobres respecto a la media española y mucho más respecto a la europea. En lugar de converger con Europa, estamos divergiendo”.

El periodista Salvador Enguix, en la redacción de elDiario.es en València.

El desequilibrio no es solo económico. También es simbólico y mediático. Enguix señala la concentración del relato como una de las grandes palancas del centralismo. “El 80 % del consumo televisivo en España procede de emisiones hechas desde Madrid”. Esa hegemonía informativa provoca que los problemas, debates y prioridades de territorios como Valencia, Murcia o Andalucía apenas tengan presencia en la agenda nacional. “Los grandes debates que interesan a Valencia o Murcia no entran en la agenda mediática nacional”, lamenta. La invisibilidad refuerza el círculo: lo que no se cuenta no existe, y lo que no existe no se decide.

Pese a este diagnóstico severo, Las periferias mudas no es un libro completamente derrotista. Enguix señala una excepción que rompe la lógica general: el corredor mediterráneo. “El único éxito colectivo del País Valenciano en los últimos 25 años ha sido el corredor mediterráneo”. Un proyecto que prosperó gracias a una alianza sostenida de la sociedad civil —empresarios, cámaras de comercio, sindicatos— capaz de tejer complicidades más allá del propio territorio. “El corredor mediterráneo demuestra que, cuando hay unidad y objetivos claros, se puede ganar”, afirma.

Salvador Enguix, durante la entrevista.

Ahí es donde el autor sitúa la posibilidad de cambio. No en gestos simbólicos ni en discursos identitarios, sino en la reconstrucción de una alianza fuerte entre sociedad civil y actores políticos valencianos. “Sin una sociedad civil fuerte y unida, no hay posibilidad de cambio”, advierte. Y concluye con una llamada que es, al mismo tiempo, diagnóstico y advertencia: “No podemos seguir sometidos al capricho de partidos con un modelo centralizado. Sin una alianza fuerte entre sociedad civil y partidos valencianos, no habrá ningún cambio”.

Las periferias, sugiere Enguix, no han perdido la voz por accidente. La han ido perdiendo porque el sistema está diseñado para que no se las escuche. Recuperarla exige algo más que quejas: exige unidad, estrategia y un proyecto compartido de país que hoy, admite, sigue sin existir.

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