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El derribo de Sánchez no aliviará la canícula

Pedro Sánchez, este miércoles en el Congreso
24 de junio de 2026 22:00 h

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Me siento a escribir esta columna y, para qué mentirles, lo que más me afecta objetivamente es el calorón que hace en este ático madrileño, en toda España, en todo el mundo desde Algeciras a Estambul. Pruebo a crear corrientes de aire entreabriendo ventanas y no da el menor resultado: no se mueve ni una sola hoja de papel, la flama no baja ni un grado. Así que enciendo el aire acondicionado con un gesto malhumorado, no me gusta un remedio pasajero cuyo consumo de energía puede agravar la enfermedad de un planeta sobrecalentado.

Me digo que deberíamos estar hablando de esto. De cómo enfrentarnos por enésimo año consecutivo a un verano de temperaturas plusmarquistas. De cómo ajustar los horarios laborales para que se empiece de madrugada y se termine al mediodía, sobre todo en los trabajos al aire libre. De cómo reducir nuestra dependencia de los putos combustibles fósiles, algo que ni el cierre bélico del estrecho de Ormuz ha logrado introducir en la agenda de los mandamases. De cómo acelerar la sustitución de vehículos de gasolina y gasóleo por eléctricos. De cosas de este tipo que atenúen, al menos, el apocalipsis climático.

Pero no estamos hablando de esto, más allá de la conversación con un vecino en el ascensor. En España estamos hablando de cuándo caerá Pedro Sánchez y se celebrarán esas elecciones legislativas que el PP y Vox piensan que serán la guinda que culmine el pastel de su absoluto control del país. Debo ser un tipo raro porque yo desearía que esas elecciones se celebraran cuando tocan, el próximo verano; no veo ninguna razón verdaderamente dramática para adelantarlas. El turismo sigue llegando a nuestro país, la economía sigue creciendo y creando empleos, la inflación está muy lejos de los dos dígitos, la seguridad ciudadana es razonable, los conflictos territoriales están desinflamados… No veo la necesidad de gastar el tiempo, la energía y el dinero de los contribuyentes adelantando los comicios.

Ahora bien, yo no soy dueño de ningún medio de comunicación y son, precisamente, las televisiones, los periódicos y las redes sociales los que, desayuno, comida y cena, nos sermonean con que la situación política es insostenible. Se basan en la cantidad de casos judiciales abiertos contra el entorno personal y político de Sánchez, casos algunos de los cuales yo veo más falsos que un euro de madera y otros más sobreactuados que las caídas en el área del, por lo demás, excelente delantero brasileño Vinícius.

Eso sí, la ofensiva política de la derecha judicial española da miedo, mucho miedo. Ya ni se toman la molestia de disimular su doble rasero, su arbitrariedad y su inquina a los zurdos. Condenan expeditivamente sin pruebas a un fiscal general mientras el delincuente confeso en el origen del caso sigue de rositas. Quitan el pasaporte a la esposa del presidente en un asunto de chichinabo. Condenan a un exministro socialista posible autor de algunas golferías a más años de cárcel que a un asesino en serie. Sueltan y recompensan económicamente al empresario corrupto que denunció al exministro. Acusan a un expresidente con la prueba de una conversación entre terceros sacada extrajudicialmente de un móvil en Estados Unidos. Y así todo. Van a por los rojos sin tapujos ni complejos.

A mí todo esto me suena a golpe de Estado blando, a 23F judicial, pero mi opinión pesa poco, no soy dueño, ni tan siquiera director, de ningún medio. Así que supongo que Sánchez tendrá que terminar disolviendo anticipadamente las Cortes porque ya le advierten de que, si no lo hace, él también irá p'alante, terminará sentado en el banquillo por cualquier fruslería, como su esposa y su hermano. Se celebrarán, pues, elecciones anticipadas, las ganará con mucha probabilidad la coalición del PP y Vox y España se incorporará a la gran familia ultra formada por Estados Unidos, Argentina, Honduras y Colombia.

Todo esto alegrará sin duda a los jueces, los telepredicadores y los empresarios de derechas, ampliamente mayoritarios en sus respectivos gremios. También, por supuesto, a Felipe González y otros nostálgicos de aquella época en que el PSOE no hacía políticas de izquierdas ni de coña. Y puede que asimismo a los independentistas que viven de la confrontación territorial y los ultraizquierdistas que añoran vivir en las cavernas. Pero hoy lo importante para mí es que nada de esto aliviará el calor que padecemos, el que llega a superar en 17 grados lo normal en esta época del año, ni el que vendrá en los veranos de la próxima legislatura. Tampoco evitará las inundaciones catastróficas y los incendios forestales salvajes.

Al revés, gobernados por los negacionistas del cambio climático en ayuntamientos, comunidades autónomas y La Moncloa, se promoverá aún más el consumo del petróleo y el gas del Amigo Americano y los jeques del Golfo, se reducirá la promoción de las energías limpias, se jibarizarán las brigadas forestales y triunfará la lucha contra las inundaciones desde un reservado en El Ventorro. Eso sí, tendremos corridas de toros subvencionadas a punta pala.

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