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Operación “Moncloa para la derecha-ultra-derecha”

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Muchos nos preguntamos si todavía es evitable el éxito de la operación antidemocrática para propiciar un gobierno de derecha-ultra-derecha en España. Antidemocrática, sobre todo por el empleo fraudulento de una ingente cantidad de recursos a favor de esa opción de los que carece la sociedad en general. El desequilibrio de fuerzas resta siempre validez democrática. Cuando además incluye, cargado de bulos, un rotundo enfrentamiento entre los hechos y las censuras de la realidad, estamos perdidos. Desde que, hace años, algunos comentaristas avisamos de la llegada del fascismo los pasos se han ido cumpliendo. Ahora las señales de alarma se acrecientan de tal forma que solo la mayoría ofuscada por tanto brillo parece incapaz de verlo. La operación incluye un lavado del fascismo y una propulsión de ideas confusas que convierten en aceptable lo que no lo es.

La ultraderecha se pasea por España como facha por su casa. En muchos medios y en el Congreso de los Diputados, convertido en un lodazal putrefacto gracias en buena medida a la permisividad de su presidenta, Meritxell Batet. La jauría de Vox empuerca los debates sin que ella mueva un dedo, cuando se muestra especialmente sensible con otros asuntos de protección del establishment. A Juan Carlos I no se le puede criticar, porque no está presente, y si un diputado de Vox manipula en uso electoral, con agresiones explícitas a alguien ausente también, quien se lleva la reprimenda es el que intenta restablecer la verdad. Esto sucedió este jueves, pasado por la introducción “equidistante” del medio que lo ofrece.

Todavía sigue vacío, por cierto, el escaño del diputado canario de Podemos Alberto Rodríguez,  tan extrema y cuestionablemente despojado de su acta por la interpretación de la sentencia que hizo Batet.

Se diría que el gran enemigo para el establishment sigue siendo Podemos: el único cordón sanitario que se ha implantado en España es contra Podemos. Aun debilitado por causas internas y, en particular, externas por ese tratamiento que recibe.

El gobierno de Pedro Sánchez ha tenido grandes logros, doblemente meritorios en legislatura tan ardua, que no rentabiliza en buena parte por ese escollo que la derecha y sus poderes en la sombra ven en la izquierda que le apoya. Le culpan hasta de la pandemia o las consecuencias de la guerra sobre Ucrania. Es imposible funcionar en un país en el que los grandes medios atacan, sin temor a manipular ni a ser penalizados ni por la ciudadanía, todas y cada una de las decisiones del Gobierno. Algunas de las embestidas serían para acudir al juzgado de guardia y rebosan una impaciencia por echar, sacar, al gobierno por el método que sea. A pesar de que Sánchez les brinda también bocados sabrosos como la ley audiovisual.

Ahora sí está la coalición en problemas y no parecen casuales las razones. La ley audiovisual ha salido adelante por la abstención del PP, sin el respaldo por primera vez en la legislatura de Unidas Podemos a su socio de gobierno y de ERC, y con el enfado del cine independiente que se ve muy perjudicado. Una cláusula introducida por el PSOE a última hora modificó la definición de “productor independiente” e incluyó a “compañías ligadas a televisiones privadas –como Atresmedia o Mediaset– y a plataformas mundiales como si fueran independientes”, que podrán así acogerse a bonificaciones por ejemplo.

Regalías a empresas que son parte esencial de la información en este país, también. Y ahí tenemos a la televisión pública RTVE, plenamente activa en la contratación de productoras privadas, con tendencias muy sesgadas en política nacional y una presidencia que se permite intimidar a una de sus mejores periodistas, Anna Bosch, por un tuit que consideró crítico. El episodio ya ha sido dictaminado por el Consejo de Informativos y, pese a la asepsia del comunicado, no deja en buen lugar a la presidencia. Significativo el mantenimiento de Pérez Tornero.

El Gobierno quiere consensuar con el PP la nueva ley de Secretos Oficiales y el control del CNI, según cuenta El País. Con el PP. Para sacar a la luz gestiones que se han querido mantener ocultas hasta ahora de la Dictadura, la Transición o los gobiernos de Suárez, Calvo Sotelo, González, Aznar o Rajoy. ¿Qué puede salir de semejante alianza? Permitan que me pasme. 

El PP en alza electoral, con tal propulsión espacial que Feijóo igual acaba, además de presidente del Gobierno de España, de dios del séptimo cielo en donde quieren seguir habitando los dueños de este país. Ya cuentan con el compromiso de recuperar la Reforma Laboral de Rajoy y Báñez. Inasequibles a toda corrupción y trampas, el PP de Feijóo parte tutelado por Ayuso y con Abascal y sus comparsas del brazo. Ya hemos visto cómo se comporta nada mas llegar a Castilla y León ese vicepresidente sin complejos democráticos. O Macarena Olona, candidata en Andalucía por la Junta Electoral y Vox. Se despidió del Congreso con toda su prepotencia y agresividad y prometiendo que derogaría la Ley de Violencia de género.

Precisamente este jueves fue aprobada la Ley de Garantía de la Libertad Sexual, un empeño personal de la ministra Irene Montero y su equipo. Una explicación gráfica nos muestra lo que presenta la ley y cómo la contempla el machismo mediático patrio. Ese choque habitual entre los hechos y su manipulación.

Sí, agota ver el tsunami que viene mientras gorgotean alegres las víctimas en las playas de esta maltrecha democracia. O zumba el avispero de servicio a quien intenta alertar de lo que viene.

¿Quiere Pedro Sánchez desbaratar la operación Moncloa para la derecha-ultra-derecha? No lo parece, y la inacción en asuntos de este calado pasa grave factura. Se diría que -jefe del CNI y de Batet y del Gobierno-, no descarta ver de recuperar los felices días del bipartidismo que nunca volverán. El experimento de la repetición electoral de 2019 para no pactar con Unidas Podemos, es una lección magistral imperecedera. Y a ciertas elecciones las carga el diablo con una calculadora. Es imposible que no lo vea.

Toda una vicepresidenta económica se quedó fuera de la cumbre de Davos. Hubiera quedado al mando Yolanda Díaz. Batet marca territorio. Todos siguen en el puesto hasta que dure. 

 ¿Y Yolanda Díaz? La ministra más valorada, una gestión ejemplar que propone tumbar Feijóo desde el momento en que llegue a La Moncloa, como un empeño personal. Y empresarial. Quizás no le queda tiempo de ver el problema en su conjunto. Salvar los muebles es una complicada tarea en este incierto escenario. Sumar es sumar y hay que cuidar que en el desayuno las magdalenas vengan sin relleno. El camino ni es, ni lo ponen fácil.

Son indicios relevantes que se relacionan todos entre sí. La labor del periodismo es informar en conciencia. Estamos en un momento muy preocupante. Sería exigible a quien verdaderamente sienta un compromiso honesto con el servicio a los ciudadanos que priorice ahuyentar con hechos la terrible amenaza que se cierne sobre la sociedad. Parece mentira lo que está ocurriendo, que sean profesionales quienes vendan lo que están vendiendo y que lo compren personas adultas y decentes. La historia juzgará a los cómplices de este siniestro tiempo, pero no es ningún consuelo ni remedio. Muchos nos preguntamos si todavía lo hay. Siempre lo hay, hasta el último minuto que, por desgracia, no sabemos cuál es.

Muchos nos preguntamos si todavía es evitable el éxito de la operación antidemocrática para propiciar un gobierno de derecha-ultra-derecha en España. Antidemocrática, sobre todo por el empleo fraudulento de una ingente cantidad de recursos a favor de esa opción de los que carece la sociedad en general. El desequilibrio de fuerzas resta siempre validez democrática. Cuando además incluye, cargado de bulos, un rotundo enfrentamiento entre los hechos y las censuras de la realidad, estamos perdidos. Desde que, hace años, algunos comentaristas avisamos de la llegada del fascismo los pasos se han ido cumpliendo. Ahora las señales de alarma se acrecientan de tal forma que solo la mayoría ofuscada por tanto brillo parece incapaz de verlo. La operación incluye un lavado del fascismo y una propulsión de ideas confusas que convierten en aceptable lo que no lo es.

La ultraderecha se pasea por España como facha por su casa. En muchos medios y en el Congreso de los Diputados, convertido en un lodazal putrefacto gracias en buena medida a la permisividad de su presidenta, Meritxell Batet. La jauría de Vox empuerca los debates sin que ella mueva un dedo, cuando se muestra especialmente sensible con otros asuntos de protección del establishment. A Juan Carlos I no se le puede criticar, porque no está presente, y si un diputado de Vox manipula en uso electoral, con agresiones explícitas a alguien ausente también, quien se lleva la reprimenda es el que intenta restablecer la verdad. Esto sucedió este jueves, pasado por la introducción “equidistante” del medio que lo ofrece.

Todavía sigue vacío, por cierto, el escaño del diputado canario de Podemos Alberto Rodríguez,  tan extrema y cuestionablemente despojado de su acta por la interpretación de la sentencia que hizo Batet.

Se diría que el gran enemigo para el establishment sigue siendo Podemos: el único cordón sanitario que se ha implantado en España es contra Podemos. Aun debilitado por causas internas y, en particular, externas por ese tratamiento que recibe.

El gobierno de Pedro Sánchez ha tenido grandes logros, doblemente meritorios en legislatura tan ardua, que no rentabiliza en buena parte por ese escollo que la derecha y sus poderes en la sombra ven en la izquierda que le apoya. Le culpan hasta de la pandemia o las consecuencias de la guerra sobre Ucrania. Es imposible funcionar en un país en el que los grandes medios atacan, sin temor a manipular ni a ser penalizados ni por la ciudadanía, todas y cada una de las decisiones del Gobierno. Algunas de las embestidas serían para acudir al juzgado de guardia y rebosan una impaciencia por echar, sacar, al gobierno por el método que sea. A pesar de que Sánchez les brinda también bocados sabrosos como la ley audiovisual.

Ahora sí está la coalición en problemas y no parecen casuales las razones. La ley audiovisual ha salido adelante por la abstención del PP, sin el respaldo por primera vez en la legislatura de Unidas Podemos a su socio de gobierno y de ERC, y con el enfado del cine independiente que se ve muy perjudicado. Una cláusula introducida por el PSOE a última hora modificó la definición de “productor independiente” e incluyó a “compañías ligadas a televisiones privadas –como Atresmedia o Mediaset– y a plataformas mundiales como si fueran independientes”, que podrán así acogerse a bonificaciones por ejemplo.

Regalías a empresas que son parte esencial de la información en este país, también. Y ahí tenemos a la televisión pública RTVE, plenamente activa en la contratación de productoras privadas, con tendencias muy sesgadas en política nacional y una presidencia que se permite intimidar a una de sus mejores periodistas, Anna Bosch, por un tuit que consideró crítico. El episodio ya ha sido dictaminado por el Consejo de Informativos y, pese a la asepsia del comunicado, no deja en buen lugar a la presidencia. Significativo el mantenimiento de Pérez Tornero.

El Gobierno quiere consensuar con el PP la nueva ley de Secretos Oficiales y el control del CNI, según cuenta El País. Con el PP. Para sacar a la luz gestiones que se han querido mantener ocultas hasta ahora de la Dictadura, la Transición o los gobiernos de Suárez, Calvo Sotelo, González, Aznar o Rajoy. ¿Qué puede salir de semejante alianza? Permitan que me pasme. 

El PP en alza electoral, con tal propulsión espacial que Feijóo igual acaba, además de presidente del Gobierno de España, de dios del séptimo cielo en donde quieren seguir habitando los dueños de este país. Ya cuentan con el compromiso de recuperar la Reforma Laboral de Rajoy y Báñez. Inasequibles a toda corrupción y trampas, el PP de Feijóo parte tutelado por Ayuso y con Abascal y sus comparsas del brazo. Ya hemos visto cómo se comporta nada mas llegar a Castilla y León ese vicepresidente sin complejos democráticos. O Macarena Olona, candidata en Andalucía por la Junta Electoral y Vox. Se despidió del Congreso con toda su prepotencia y agresividad y prometiendo que derogaría la Ley de Violencia de género.

Precisamente este jueves fue aprobada la Ley de Garantía de la Libertad Sexual, un empeño personal de la ministra Irene Montero y su equipo. Una explicación gráfica nos muestra lo que presenta la ley y cómo la contempla el machismo mediático patrio. Ese choque habitual entre los hechos y su manipulación.

Sí, agota ver el tsunami que viene mientras gorgotean alegres las víctimas en las playas de esta maltrecha democracia. O zumba el avispero de servicio a quien intenta alertar de lo que viene.

¿Quiere Pedro Sánchez desbaratar la operación Moncloa para la derecha-ultra-derecha? No lo parece, y la inacción en asuntos de este calado pasa grave factura. Se diría que -jefe del CNI y de Batet y del Gobierno-, no descarta ver de recuperar los felices días del bipartidismo que nunca volverán. El experimento de la repetición electoral de 2019 para no pactar con Unidas Podemos, es una lección magistral imperecedera. Y a ciertas elecciones las carga el diablo con una calculadora. Es imposible que no lo vea.

Toda una vicepresidenta económica se quedó fuera de la cumbre de Davos. Hubiera quedado al mando Yolanda Díaz. Batet marca territorio. Todos siguen en el puesto hasta que dure. 

 ¿Y Yolanda Díaz? La ministra más valorada, una gestión ejemplar que propone tumbar Feijóo desde el momento en que llegue a La Moncloa, como un empeño personal. Y empresarial. Quizás no le queda tiempo de ver el problema en su conjunto. Salvar los muebles es una complicada tarea en este incierto escenario. Sumar es sumar y hay que cuidar que en el desayuno las magdalenas vengan sin relleno. El camino ni es, ni lo ponen fácil.

Son indicios relevantes que se relacionan todos entre sí. La labor del periodismo es informar en conciencia. Estamos en un momento muy preocupante. Sería exigible a quien verdaderamente sienta un compromiso honesto con el servicio a los ciudadanos que priorice ahuyentar con hechos la terrible amenaza que se cierne sobre la sociedad. Parece mentira lo que está ocurriendo, que sean profesionales quienes vendan lo que están vendiendo y que lo compren personas adultas y decentes. La historia juzgará a los cómplices de este siniestro tiempo, pero no es ningún consuelo ni remedio. Muchos nos preguntamos si todavía lo hay. Siempre lo hay, hasta el último minuto que, por desgracia, no sabemos cuál es.

Muchos nos preguntamos si todavía es evitable el éxito de la operación antidemocrática para propiciar un gobierno de derecha-ultra-derecha en España. Antidemocrática, sobre todo por el empleo fraudulento de una ingente cantidad de recursos a favor de esa opción de los que carece la sociedad en general. El desequilibrio de fuerzas resta siempre validez democrática. Cuando además incluye, cargado de bulos, un rotundo enfrentamiento entre los hechos y las censuras de la realidad, estamos perdidos. Desde que, hace años, algunos comentaristas avisamos de la llegada del fascismo los pasos se han ido cumpliendo. Ahora las señales de alarma se acrecientan de tal forma que solo la mayoría ofuscada por tanto brillo parece incapaz de verlo. La operación incluye un lavado del fascismo y una propulsión de ideas confusas que convierten en aceptable lo que no lo es.

La ultraderecha se pasea por España como facha por su casa. En muchos medios y en el Congreso de los Diputados, convertido en un lodazal putrefacto gracias en buena medida a la permisividad de su presidenta, Meritxell Batet. La jauría de Vox empuerca los debates sin que ella mueva un dedo, cuando se muestra especialmente sensible con otros asuntos de protección del establishment. A Juan Carlos I no se le puede criticar, porque no está presente, y si un diputado de Vox manipula en uso electoral, con agresiones explícitas a alguien ausente también, quien se lleva la reprimenda es el que intenta restablecer la verdad. Esto sucedió este jueves, pasado por la introducción “equidistante” del medio que lo ofrece.