Confusiones bancarias
El título de culebrón económico de la temporada está disputado este año, pero creo que, por lo menos en la sección nacional, se va a hacer con el galardón la fusión entre BBVA y Sabadell. Es cierto que no es un estreno, porque la temporada pasada ya estuvo en cartelera, pero estos últimos capítulos están superando todo lo visto, con brillantes giros de guion. Que la CNMC autorice la adquisición con voto unánime, después de detectar una larga serie de mercados locales en los que la competencia peligra, con solo salvaguardas parciales y temporales de como mucho, cinco años, pone el listón alto. Pero las advertencias de la Comisión Europea publicadas recientemente superan todo lo visto: “La Comisión espera que haya coherencia entre el apoyo oficial de los Estados miembros para seguir avanzando en la Unión Bancaria y la Unión del Ahorro y la Inversión y sus políticas nacionales de consolidación bancaria”. A ver, entendemos que la Unión Bancaria implica (o se vería facilitada por) un proceso de fusiones, pero éstas necesariamente deben ser transfronterizas. Los ciudadanos europeos nos hemos acostumbrado a llevar coches y comprar productos o servicios de cualquier país de la Unión o del resto del mundo, en tiendas físicas o digitales tan globales como los productos que venden. Salvo si hablamos de productos financieros, donde cada país sigue en manos de oligopolios locales. Oligopolio no es un término peyorativo ni en principio atenta contra la competencia, es el resultado de las fuertes economías de escala tecnológicas y el proceso de consolidación en la mayoría de los mercados locales en este siglo. Pero la filosofía fundacional de la Unión Europea se basaba en romper la disyuntiva local entre tener empresas más grandes o mercados más competitivos: integrando los mercados se pueden tener las dos cosas y, además, solo así la integración monetaria y financiera iniciada con el euro completará sus efectos.
En resumen, “seguir avanzando en la Unión Bancaria” implica todo lo contrario de lo que ese comunicado sugiere. Sin embargo, llaman la atención las fuertes reticencias de los sectores bancarios locales (y por lo visto, de partes de la Comisión) a ese proceso de consolidación transeuropeo. Y no parece que se deba a falta de vocación internacional. Los bancos españoles han desplegado iniciativas exitosas tanto en mercados punteros (en especial, el Santander) como en otros mercados en desarrollo (en especial, el BBVA), pero podría parecer que, por algún motivo, los otros mercados del euro, en principio, de más fácil integración por compartir moneda, no son tan atractivos. Y ése debería ser el objetivo de la Comisión: fomentar la competencia bancaria transfronteriza, dentro de la propia Unión, impulsando las fusiones internacionales que favorezcan dicho objetivo.
Es razonable que la banca local prefiera consolidar el sector dentro de su mercado, que es una forma de decir aumentar su grado de concentración, pero no lo es que nos intenten engañar con ello. De hecho, la literatura sobre fusiones tendía a simplificar diciendo que, si los rivales ven bien una fusión, es que es mala para el interés general, y viceversa, si la ven mal es que a los protagonistas les interesa porque les hace mejores y eso es bueno para el interés general, pero no para sus rivales. Que el CEO de Caixabank diga que hay margen para seguir concentrando el sector, porque el HHI (que es la forma estándar de medir esa concentración) de España es el 18 de los 27, debería dejar claro que “no hay más preguntas, señoría”.
La concentración es mayor en mercados más pequeños (en España la concentración es mayor en una provincia cualquiera que en el conjunto del país, porque los bancos no reparten uniformemente su actividad en el territorio). Esa concentración no está muy relacionada con el tamaño del país, entre los países pequeños, pero es claramente menor en los países grandes, con la única excepción de España: aquí la concentración es mucho mayor de la que nos tocaría por tamaño, el doble que en Francia, Italia o Polonia y hasta cinco veces mayor que en Alemania. ¿Necesita la Unión Europea bancos más grandes? Es probable, pero lo que no necesita es una sucesión de monopolios locales, necesita bancos paneuropeos que diversifiquen riesgos y trasladen mejores prácticas entre países y que consoliden la unión económica. Y que la Comisión no sea la primera en impulsarlo nos deja a los europeístas entre perplejos y decepcionados.