De esos líderes travestidos de dioses
Septiembre irrumpió como un elefante en una cacharrería, que suele decirse cuando vienen mal dadas. Ceuta, el informe PISA, el arrollador triunfo de la AfD, partido de orientación nazi, en las elecciones regionales de Sajonia-Anhalt o el escalofriante anuncio sobre la IA que puede suponer una amenaza global, otra. Seguimos con la inercia de Gaza, Ucrania, Irán, la globalidad de Ormuz, el gas y el precio del Brent los drones, la guerra hibrida, la ruta del Ártico generando una nueva vía de conflicto a la globalidad geopolítica, como si no tuviéramos poco ya.
Líderes travestidos de dioses con los pies de barro pero con el puño de acero, vengativos; el poder de la información, el poder tecnológico, el dinero al servicio de una secta de nuevos señores feudales cuyo trono está en ninguna parte y en todas las partes, lo que eufemísticamente se ha dado en llamar “la nube” y los súbditos encantados porque pensamos que en esa nube radica nuestra seguridad y a ellas hemos encomendado nuestras emociones, nuestra economía, los recuerdos, el presente y el futuro y no somos conscientes de que los acólitos y sacerdotes de esa nueva religión son los Milei, Meloni, Abascal, Le Pen, Farage, Wilders, Kast en Chile, Fujimori en Perú, de la Espriella en Colombia...y Trump en USA, Netanyahu, Xi Jinping en República Popular China...y como grandes tapados los Dario Amodei de Anthropic, Altman de Open AI, Demis Hassabis, Elon Musk, Oracle, Amazon, Microsoft, sin olvidarnos de Palantir de Peter Thiel y su CEO Alex Karp. Todos ellos y más, conforman una red de influencias distopicas sin precedentes.
Inmersos en el “déja vu” que produce el cansancio y el hartazgo, el ser humano claudica ante esa “novedad”, sectaria, homófoba, ultranacionalista, excluyente, racista, supremacista; esa “novedad” ancestral, por ser continuadora de horrores ya vividos, que nos ofrece ese caramelo envenenado como salvoconducto para protegernos del diferente.
Y cada vez con más asiduidad se le compra el relato a esa clase política, a esos vendedores de humo sin pudor, dícese: deshonestos, indecentes, inmorales, desvergonzados, obscenos, descarados, procaces, indecorosos...de los que pegan en el suelo y que utilizan el miedo como estrategia. Esa clase política rediviva de momentos en los que la humanidad abrió un paréntesis a la cordura y se instaló en el odio.
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