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Alto el fuego en Gaza, ¿y ahora qué?

Gaza se enfrenta a una grave crisis de salud pública por la degradación de las condiciones sanitarias. Con cientos de personas refugiándose en lugares cerrados y el agua potable agotándose, los riesgos de enfermedades no hacen sino aumentar.

Los niños en Rafah, al sur de Gaza, recogen agua de uno de los grifos públicos/Oxfam

Los niños en Rafah, al sur de Gaza, recogen agua de uno de los grifos públicos/Oxfam

Llegó la esperada pausa en Gaza. Una espiral de violencia desatada hace cerca de un mes, que se ha saldado con la friolera de la vida de un niño cada 80 minutos. Y ahora, ¿qué? Durante la tregua humanitaria toca evaluar los daños materiales, las reiteradas violaciones al derecho internacional por unos y otros y lo más importante: asistir a las muchísimas personas que lo necesitan.

La operación "Margen Protector" ha causado 1.800 víctimas mortales en Gaza, y se espera que la cifra siga creciendo a medida que se desescombren los edificios que han quedado destruidos por los bombardeos y de cómo evolucionen los más de 9.500 heridos. La inmensa mayoría de las víctimas mortales, el 85%, son civiles. Los niños, que tardarán mucho en olvidar lo que han vivido, necesitan apoyo psicológico urgente para superar su trauma. La realidad se impone y los datos hablan por sí solos.

Bombardeos que no sólo han destruido viviendas, hospitales, clínicas o escuelas, sino los pozos, tuberías y depósitos necesarios para abastecer a la población. Unas 15.000 toneladas de residuos sólidos se han esparcido por las calles y el agua potable se ha contaminado con aguas residuales, las estaciones de bombeo están a punto de quedarse sin combustible y muchos barrios han permanecido sin energía durante días. La destrucción de la central eléctrica y las líneas de tendido eléctrico han dejado a Gaza con una cobertura de tan solo el 16% de las necesidades.

Asistir a los heridos y restablecer los derechos básicos es esencial, como también lo es evitar males mayores. Sin agua, la población de Gaza no puede cocinar, vaciar los inodoros ni lavarse las manos. Se enfrenta a una grave crisis de salud pública por la degradación de las condiciones sanitarias. Con cientos de personas refugiándose en lugar cerrados y el agua potable agotándose, los riesgos de enfermedades no hacen sino aumentar.

Además de las asistencia inmediata, se necesita tiempo para la reconstrucción de las infraestructuras dañadas. El alto el fuego de 72 horas es un paso positivo, pero no hay que olvidar que la reparación completa de las infraestructuras tomará meses o incluso años.

Es hora de sentar las bases para que el alto al fuego entre Gaza e Israel sea duradero. También detener el castigo colectivo que Israel ha infligido a toda la población civil impidiendo a muchas personas disponer del libre tráfico de mercancías, destruyendo la economía y erosionando los derechos básicos.

El bloqueo de la Franja de Gaza debe terminar cuanto antes para conseguir una recuperación real que se traduzca en una paz duradera para la población israelí y palestina. No olvidemos, que si antes de la Operación Margen Protector la población de Gaza ya era extremadamente vulnerable debido al bloqueo israelí, ahora la situación se ha complicado aún más y el calvario que viven muchas personas es incluso difícil de imaginar.

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