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Esperando el #8A, por el aborto en Argentina, desde la resistencia optimista

Imagen de la campaña en redes #8A

El tsunami verde desatado por el debate del aborto legal en Argentina colocó en la agenda una demanda que impacta a más de la mitad de la población mundial. En el Cono Sur el debate por la interrupción voluntaria del embarazo acostumbraba ser el eludido favorito de la clase política, hasta que hace unos pocos meses todo cambió. El grito por el acceso a este derecho de manera segura, legal y gratuita por parte de todas las personas con capacidad de gestar es un reclamo que abrazamos las feministas en un continente que padece, al mismo tiempo, un vertiginoso aumento de los fundamentalismos religiosos.

“Ahora que estamos juntas, ahora que sí nos ven” reza el cántico pegadizo que incluye coreografía y se adhiere a un debate sobre la soberanía de los cuerpos, un punto de visibilidad del reclamo del cual es imposible retroceder. Las feministas argentinas tienen el mérito gigante de haber logrado mudar la percepción social en torno al aborto. El movimiento histórico conformado por La Campaña Nacional por el Derecho al Aborto Legal Seguro y Gratuito ( La Campaña) suma hoy más de 350 organizaciones sociales, gremiales y políticas. De ese entretejido social brota un magma de significaciones que coloca la decisión de las personas gestantes en un lugar prioritario y que ha transformado la práctica ocultada y silenciada del aborto.

La lucha de La Campaña se volvió el sueño de cualquier movilización social: es el color que tiñe y entreteje también con los reclamos de los 354 periodistas despedides en la agencia nacional Télam, así también colorea los movimientos barriales, docentes y universitarios. La creación de redes de profesionales de la salud, tanto como de comunicadores comprometides que informan por el derecho a decidir, dan respaldo al reclamo y explican la fuerza arrasadora de la movilización callejera durante la vigilia del 13 y 14 de junio pasado. 

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Las otras Ahed Tamimi

Ahed Tamimi, abrazada por una pariente a su llegada a su pueblo natal en Cisjordania, Nebi Saleh, cerca de Ramala

Después de ocho meses, la joven palestina Ahed Tamimi acaba de salir de una prisión militar israelí tras ser condenada por dar un bofetón a un militar que había entrado en su pueblo, Nabi Saleh. “Fue una reacción normal frente a un soldado que se encontraba en mi casa, disparando a gente de mi pueblo”, ha explicado a la agencia de noticias AFP.

Su lucha, y la de su familia, es todo un símbolo de la resistencia pacífica del pueblo palestino ante la ocupación y la colonización por parte de Israel.

“El problema no es sólo la ocupación sino la colonización en toda Palestina. Israel no es un problema en sí mismo, pero lo que supone Israel es la puerta de entrada para el capitalismo, para la venta de armas y el colonialismo en todo el mundo. Nuestra lucha es parte de la lucha de la humanidad por los derechos de todos”, afirmó recientemente Bassem Tamimi, padre de Ahed, en el encuentro organizado en Ramala, a finales de junio, por la oenegé Sodepaz en el participé.

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Hermanas nicas, yo sí os creo

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Una manifestante en la protesta contra el Gobierno de Ortega el pasado 19 de julio en Ciudad de Guatemala.

Si escribo sobre Nicaragua no es para participar en un debate sobre política internacional. Es una forma de paliar un poquitito la impotencia; sentir que hago algo por mis amistades, por los colectivos que me acogieron, por el país al que decidí mudarme, aunque finalmente esa etapa duró menos de lo previsto. Por las y los estudiantes que se encierran en las universidades y por las madres de los muertos y desaparecidos que gritan verdad y justicia. 

Quiero sentirme conectada con ellas a pesar de que es imposible sentir en carne propia el terror que enfrentan. Miedo a que te peguen un tiro en una protesta; a que los parapoliciales te sometan a vejaciones sexuales; a que te secuestren; miedo a que desaparezcan a tu hermano, que cumple con el perfil de víctima mortal —varón, menor de 25 años, estudiante—; miedo a que apliquen contigo la amenaza de 20 años de cárcel por terrorismo, es decir, por ejercer el derecho legítimo a la protesta. Miedo cuando una persona de tu mismo pueblo publica tu foto en Facebook con la leyenda “golpista” encima, contextualizada con un mensaje de odio que termina con la palabra PLOMO. Miedo a exiliarte y sentir que abandonas a tu familia y a tu pueblo. Miedo a decidir quedarte sin saber cómo terminará esta historia: ¿guerra civil?, ¿dictadura sin disimulos?, ¿un país controlado por los paramilitares y los grupos de choque, cada vez más armados?

Sí que hay un miedo que siento en mis propias carnes: el miedo a que ocurra algo a la gente a la que quiero. Pero el asunto sigue teniendo para mí un punto de irrealidad. Es lo que tiene la distancia.

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Mejor bien acompañada que sola

Mujer caminando sola.

Santurtzi es una población de 45.000 habitantes en la provincia de Bizkaia que este fin de semana ha celebrado las fiestas patronales: la virgen del Carmen. La DYA estableció una carpa en el recinto festivo e hizo un ofrecimiento a las mujeres que lo desearan de acompañarlas a casa para evitar agresiones sexuales. En tres noches, de viernes a domingo, el personal voluntario acompañó a 84 hasta sus domicilios; la mayoría, menores de edad. El acompañamiento fue, sobre todo, a pie y a las zonas altas del pueblo, de noche, poco transitadas. La medida ha resultado polémica, pero efectiva: según fuentes municipales, no se ha registrado ninguna denuncia por agresión sexual.

Vivimos en una sociedad en la que la compañía de un hombre da seguridad a las mujeres porque la presencia de otro supone una amenaza: ¡Qué cosa!, ¿verdad? La periodista y feminista Irantzu Varela lo suele preguntar en sus talleres: " Si una noche caminas sola por la calle y oyes pasos a tu espalda… ¿Qué sientes?". "¿Y si es una mujer?". La respuesta suele ser: "Alivio". Mis amigas me hablan de diferentes estrategias: caminar por el centro de la calle; hacer rutas más largas, pero mejor iluminadas; hablar por el móvil con alguien de confianza; colocar las llaves entre los nudillos a modo de puño americano; aprender algunas técnicas de autodefensa… Pregunte usted y complete la lista. Y si es varón, pregúntese qué puede hacer para no provocar miedo cuando de noche camina tras una mujer sola. Por ejemplo, cambiar de acera y adelantarla.

La del acompañamiento no es la única medida social. Probablemente una de las primeras que se plantearon fue el establecimiento de vagones de metro exclusivos para mujeres. En las horas punta de grandes urbes el transporte público va petado. Esa medida segregacionista, se aplica en ciudades como México, Río de Janeiro, Tokio… El año pasado se propuso para Santiago de Chile.

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“No está mal para ser una mujer”

Integrantes de la comunidad de Gipuzkoa y Navarra Bizikume - Mujeres en Bici. Foto cedida por ellas.

Vengo del triatlón, deporte que nació como teóricamente igualitario desde su concepción hasta el reconocimiento a deportistas, Federación Internacional de Triatlón mediante. Ya sabrán por anteriores capítulos como el machismo en el atletismo (a través de iniciativas como la Carrera de la Mujer) o la desigualdad en los premios por sexo en otras disciplinas que esto de la mujer en el deporte no suele acabar bien. Lamento el spoiler.

Desde luego, mi reino no es de ese mundo de alta competición, pero incluso en este páramo de kudos de Strava y alguna que otra prueba popular, una se encuentra con otros muros más complicados de subir que los de los puertos de montaña. Mi incursión en el ciclismo comenzó prácticamente en el nivel triciclo, así que necesité equiparme.

No voy a rajar más de lo ya destripado online y offline, pero resulta asombroso desde la óptica feminista -e incluso desde la capitalista- que en las tiendas especializadas apenas exista equipación para mujeres. “Tienes esas cuatro cosas de ahí”, me comentaron en una conocida franquicia española. Entre esas cuatro cosas, cuando arranqué a pedalear en pleno invierno gallego, tuve que elegir un culote térmico pirata que me dejaba un tercio de pierna al aire gélido de las bajadas a toda velocidad. “Es lo que más se vende para chicas, no creo que encuentres nada que te cubra toda la pierna”, comentaba el ávido y despierto vendedor. Se quejarán de que el negocio digital se lo lleve todo. Se lleva hasta la dignidad.

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No quiero vestirme de negro en San Fermín

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Manifestación 'El miedo va a cambiar de bando' en Iruñea en 2016./ Foto de la web de Farrukas

Llevamos una semana con un trajín tremendo a cuenta de la convocatoria de las feministas valencianas a vestirse de negro el día 6 de julio, con motivo del txupinazo sanferminero. Esta iniciativa ha hecho saltar las alarmas del feminismo y la sociedad navarra y pamplonika que ya se había sorprendido con la peregrina iniciativa de animar a las mujeres a no acudir a las fiestas. Los motivos son diversos. Se ha considerado una injerencia que se lance una campaña sin contar con el movimiento feminista de Pamplona, no se ha considerado oportuno usar el negro en un contexto festivo como el de San Fermín y no ha gustado que en el cartel de la campaña que se ha convertido en viral aparezca un toro.

Los sanfermines se han constituido en un referente de lucha contra la violencia sexual. El asesinato de Nagore Laffage en 2008 y la violación de la manada en 2016 han hecho que se ponga el foco en estas fiestas. La importancia mediática de estos dos casos se debe contextualizar dentro del trabajo del movimiento feminista, de las campañas institucionales y del enorme trabajo de sensibilización que ha realizado Asun Casasola, ama de Nagore Laffage. Las feministas navarras hemos visto como en cuestión de 10 años se ha pasado de la invisibilidad -los momentos del juicio de Nagore fueron muy duros y solitarios- a la visibilidad extrema.

Es lógico y necesario que se lancen acciones a nivel estatal, pero las alarmas han saltado porque esta iniciativa no ha tenido en cuenta a las mujeres de Iruñea ni, sobre todo, a sus estrategias en las calles. Se cuestiona el impacto de la acción en sí el día 6 de julio en el corazón de la fiesta. Si el objetivo es vestirse de negro para visibilizar la condena y el rechazo a los abusos sexuales en el momento álgido del txupinazo cuando miles de cámaras ponen el foco en la Plaza del Ayuntamiento, no se ve una acción efectiva porque muy pocas mujeres de Navarra se atreven a entrar en la plaza. Los esfuerzos se centran en desplegar pancartas gigantescas con lemas feministas que reivindican la autodefensa, algo que requiere de mucha coordinación y mucha fuerza física. Poder moverse en un espacio tan masculinizado en el que prima la fuerza bruta no es tarea fácil.

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A los que miran a Irán

Ilustración de Señora Milton para un artículo sobre islamofobia de género de Brigitte Vasallo en pikaramagazine.com

Me hice periodista movida por dos motores: la curiosidad y las ganas de escuchar. Me siento afortunada de que mi trabajo consista en algo tan nutritivo como escuchar y difundir discursos y vivencias distintas que me interpelan, sacuden mis prejuicios, me provocan cortocircuitos que me hacen seguir dudando y también afianzando algunas certezas. No muchas. Una de esas certezas es que todas las personas, incluso en los contextos más opresivos, tenemos agencia, es decir, poder de actuación. 

Como periodista, y como editora de un medio, me interesa poner el foco en las estrategias de las personas para defender su integridad y su libertad, de forma individual y también en colectivo, en sus formas de rebelarse contra las opresiones, de reapropiarse del insulto y el estigma y transformar la violencia en empoderamiento. No parecen compartir ese interés los ciertos de usuarios y usuarias de Twitter que nos han bombardeado esta semana con respuestas difamatorias, insultantes y de brocha gorda por publicar una entrevista de la que os hablaré más abajo. Extrañada de que ese torrente de odio fuera espontáneo, ya que llegó varios días después de que difundiéramos la entrevista, busqué en esos foros monopolizados por machos supremacistas y ¡bingo! parece que todo empezó con que en LaBurbuja.info un usuario compartió una cita de la entrevistada descontextualizada. 

Vivimos una situación similar, hace medio año, cuando cometí el pecado capital para muchas — de entrevistar a Amarna Miller. La avalancha de comentarios de gente muy indignada incluyó acusaciones de estar promoviendo la explotación sexual por entrevistar a una actriz porno. Mi compañera Andrea Momoitio respondió a las críticas con una Carta a las lectoras de Pikara que terminó teniendo más visitas que la entrevista en sí, probablemente por la cantidad de periodistas y medios que se sintieron identificados y los tuitearon. Reproduzco un fragmento:

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Una superviviente

Ilustración de Núria Frago para Pikara Magazine

Julia tiene 35 años. Todo pasó hace un mes y pico en el sofá de su casa, aunque, en realidad, todo empezó más de una década atrás. Estaba viendo una serie de televisión en absoluta paz. Llevaba días un poco revuelta por la sentencia de la agresión grupal a una chica de 18 años en Pamplona durante los Sanfermines. Cada vez que alguien dejaba asomar alguna duda sobre la reacción de sumisión de la chica, algo se disparaba dentro de ella: “Empatía pura y dura”, pensó.

Volvamos al sofá. Julia y su marido comen palomitas en el sofá mientras ven un capítulo. Una escena muestra de forma explícita y clara una violación. La actriz deja que sus lágrimas resbalen por su mejilla, está borracha. El tipo empuja con violencia su cuerpo hacia él mientras ella se convierte en un ratoncito inerte, en un trozo de carne roto, lloroso y asustado.

El cerebro de Julia desbloquea algo que vivía aletargado, algo que jamás había existido para ella. Julia se ve a sí misma desde fuera y recuerda aquella noche. Una noche que ella había reconstruido de otra forma, con otro nombre, para poder seguir viviendo, supone. Se escucha a sí misma diciendo que “no” sin parar. Se siente a sí misma inmóvil, con las piernas bloqueadas por las de aquella bestia, con los brazos sujetos sobre la cabeza, con la tripa revuelta de asco, con la garganta bloqueada, sin poder gritar. Solo decía que “no”, mientras lloraba sin parar. No sirvió de nada hacer fuerza para quitarse de encima a ese tipo. Era más fuerte que ella y no pudo hacer nada. Lloró todo el tiempo: una jodida eternidad. Solo quería que acabara pronto. Negarse, llorar y retorcerse no servía, así que cerró los ojos y se fue de allí con la mente. “Qué asco tan grande”, piensa Julia.

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Ministras con "a" de "hartazgo"

Ningún Ministerio se resiste ya a las mujeres, menos Interior

El miércoles pasado la RAE rechazaba el uso de "Consejo de Ministras" a través del servicio de consultas que ofrece a través de Twitter con la etiqueta #RAEconsultas. La institución monárquica respondía a un usuario que "el uso de Consejo de Ministras no es aceptable, pues el femenino, como término marcado de la oposición de género, solo incluye en la referencia a las mujeres, y en el nuevo Gobierno hay ministros". Las reacciones en la red no se hicieron esperar. El ambiente estaba caldeado tras el debate lingüístico que Irene Montero desencadenó cuando dijo "portavoces y portavozas" en el Congreso. No faltaron opiniones de lingüistas en este diálogo que cuenta ya con una tradición.

La propia RAE se manifestó a través de un informe sobre lenguaje no sexista. Las conclusiones de dicho estudio, elaborado por José Ignacio Bosque, doctor en Filología Hispánica, fueron categóricas: el masculino genérico no es discriminatorio. Podría pensarse que este pilar de la lengua española tan arraigado a la tradición se halla libre de arcaicas injerencias ideológicas, ahora que han eliminado del diccionario algunas acepciones machistas que irritaban las narices de algunos políticos de fachada pretendidamente igualitaria. Hace menos de cuatro años, femenino se definía como "débil, endeble" mientras que masculino era "varonil, enérgico". Estas tímidas concesiones no son producto de un cambio sustancial en la ideología de los 38 hombres y 8 mujeres que componen la mesa de honorables académicos de la RAE. Algunos de ellos siguen rezumando esa almibarada nostalgia del pasado rancio. El reconocido escritor Javier Marías dedica esfuerzos y energías en deslegitimar el lenguaje no sexista en sus columnas de opinión. Según sus propias palabras, las fórmulas de visibilización lingüistica son una "mojigatería, una ridiculez, una cursilería". No se queda atrás el honorable escritor Arturo Pérez Reverte que profiere comentarios jocosos en su cuenta de Twitter y entretiene así a su séquito de espadachines de la lengua. Florecen, henchidos de placer, cada vez que Reverte escribe que diferenciar el masculino y el femenino es "una soplapollez".

Probablemente, la visibilización lingüística de las mujeres les parezca más ridículo, o quizá más ridiculizable, que algunos de los titulares que leemos habitualmente en la prensa generalista. En ellos, el uso del masculino gramatical para referir a ambos sexos nos entrega preciosas joyas del absurdo. Por ejemplo, el titular que encabeza una noticia de trabajo en ABC dice que "Empleo revisará la reforma de los trabajadores del hogar" (octubre del 2012). El masculino gramatical en esta oración descontextualiza y oculta la relevancia política de la noticia. Formulado en masculino, el texto no da cuenta de que la iniciativa impacta en las condiciones laborales de un colectivo precarizado: el de las mujeres, especialmente las de clase trabajadora. Otros titulares divierten por lo paradójico, como el que afirma que "El 95% de los maestros de educación infantil son mujeres" en un artículo de La Vanguardia (septiembre de 2015). Sobran, en este caso, las explicaciones y el chiste perdería su gracia, pero es que en el cuerpo del texto se explica que "también son maestras tres de cada cuatro educadores de primaria y más de la mitad de secundaria". Rocambolesco. Esperpéntico. También es algo grotesco el titular de El País que dice que "Los jóvenes con anorexia recurren a Internet para reafirmar sus hábitos" (8 de febrero de 2016). El uso del masculino gramatical neutraliza un malestar mayoritariamente femenino y estrechamente vinculado a las exigencias de "perfección física" que esta sociedad exige a las mujeres. Y esto no solo es ridículo, también es ofensivo. La lista es larga y hay repercusiones, pero aún así la institución no quiere llamar a las cosas por su nombre. Quizá es que mantener el status quo requiere el sacrificio de ciertos avances que amenazan un orden beneficioso para algunos. Se lavan las manos aduciendo que el diccionario recoge "los usos de los hablantes".

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Las señoras del macramé

Visita de representantes de asociaciones de mujeres de Bizkaia a la redacción de Pikara Magazine

Desde que en Pikara Magazine alquilamos un local a pie de calle para establecer nuestra redacción, recibimos frecuentemente visitas que nos alegran el alma. La semana pasada hubo dos muy distintas e igualmente emocionantes. Elías Knörr, poeta gallego de origen e islandés de adopción, vino a preguntarnos referencias de literatura queer en euskera, y nos regaló una sobrecogedora actuación.

Dos días después, la redacción se llenó de representantes de las asociaciones de mujeres, como una actividad del Foro de Igualdad que dinamiza la Diputación de Bizkaia. Treinta y pico mujeres, la mayoría mayores de 60 años, nos preguntaron con mucha curiosidad sobre nuestro proyecto, hojearon con avidez nuestras revistas en papel y les vendimos unos cuantos ejemplares: “Os he conocido por mi hija, que es feminista y os sigue mucho”. “Quiero regalárselo a mi nieta, a ver si espabila, que la veo muy atontá”. “Yo ya tengo toda la colección; la primera me la regaló mi marido”. Varias se comprometieron también a proponer a su asociación hacerse colectivo amigo de Pikara. Las mujeres del grupo de teatro Diz-Diz de Mungia el pueblo en el que estudié secundaria e hice vida hasta los 22 años nos contaron que cada 8 de marzo hacen una lectura dramatizada del testimonio de una sobreviviente de violencia machista publicado en nuestra sección de libre publicación, en 2011.

No es la primera vez, ni la última, que prejuzgo la reacción de las mujeres mayores hacia lo que hago. Hace unas semanas me invitaron a clubs de lectura de pueblos pequeños de Bizkaia, para comentar con sus asistentes también mujeres mayores de 60 años mi libro de periodismo narrativo sobre disidencias corporales, sexuales y de género, 10 ingobernables. ¿Lo habrán entendido? ¿Les habrá escandalizado? ¿Les habrá parecido una marcianada? Esas preguntas entrañan un cuestionamiento a su capacidad intelectual, el prejuicio de que las mujeres mayores son conservadoras y que las disidencias corporales, sexuales y de género son ajenas a su universo. Las respuestas fueron muy distintas: agradecían haber aprendido mucho, tanto de realidades que no conocían, como la intersexualidad, como de realidades que reconocían en su día a día, como la gordofobia. La que más resistencias mostró, me contó después que lo está pasando mal porque su hija acaba de tener un bebé con su pareja mujer, y está asistiendo al peso del heterosexismo sobre las familias homoparentales.

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