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Políticas racistas: vuestra distopía es nuestra memoria

Esmeralda, la protagonista gitana de 'El jorobado de Notre Dame' (Disney)

El PP ha incluido en su propuesta de ley de apoyo a la maternidad que las inmigrantes sin papeles embarazadas que decidan dar a su hijo o hija en adopción no sean expulsadas del país durante el periodo de gestación.

Esa propuesta ha causado estupor, sorpresa y rechazo social. Por eso el PP ha renegado, muy torpemente, de ella. Es tanta la torpeza con la que han gestionado el asunto que el líder de esta formación política ha vuelto a mostrar la patita racista —como buen jambo ha mostrado el rabo— afirmando que esa propuesta no se la adjudicaría él ni siquiera "a un político del tercer mundo".

Claro, era sólo un globo sonda. Lo único que pretendían era tantear cómo reacciona el electorado ante una propuesta así de bárbara. Saben que el populismo de derechas está triunfando tanto en Europa (Italia, Hungría) como en otras potencias mundiales (Estados Unidos, Brasil) y necesitan saber hasta qué punto el electorado español está dispuesto a soportar/apoyar ese discurso extremo. Pero no nos engañemos: ya se ha abierto el camino hacia la extrema derecha, ya han descubierto que es posible plantear aberraciones que creíamos superadas y que pueden incluirlas, maquillándolas eso sí, en sus programas de gobierno. Es más, saben que este tipo de discurso racista y xenófobo es el que les puede dar el triunfo electoral. El PP ya consiguió la alcaldía de Badalona aprovechando el odio antigitano.

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La tierra es plana y la violencia machista no existe

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Pablo Casado

La resaca emocional del 8M, como todas las resacas, trae dolor de cabeza. Después de celebrar el impresionante poder de convocatoria del movimiento feminista, de gritar en las calles junto a millones de mujeres diversas, plurales  y unidas, llega el momento de pararse a escuchar el ruido. Después de la celebración de la fuerza de este movimiento autónomo de liberación toca preguntarle a mucha gente de los medios de comunicación de qué lado está más allá de los faldones morados y llamar a mujeres para sus programas ese día.

¿Qué pinta Vox en los debates sobre feminismo? ¿Qué razón lleva a radios, prensa escrita, televisiones y portales web a darles espacio para opinar sobre un movimiento que les sobra desde su cavernario planeta paralelo? Igual tenemos ideas distintas sobre la utilidad social del periodismo y el papel de los medios.

Estáis legitimando sus peroratas negacionistas de la violencia machista permitiendo que sus discursos suenen en la misma frecuencia que los de mujeres defensoras de derechos humanos. Como si tuvieran el mismo peso, igual valor. Como si la libertad de expresión que les ampara (por los pelos) en una barra de bar pudiera ser elevada a la categoría de discurso. ¿Sentarían en la misma mesa el día 1 de diciembre, día mundial contra el sida, a alguien que aboga por que no se use el preservativo en África y a una mujer que investiga sobre la enfermedad?

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¡A la huelga! Aunque tus acáis no me dikelen

La viuda gitana (grabado, M. Schuler, 1858) Archivo Pretendemos Gitanizar el Mundo

Vuelvo a tener mis dudas respecto a la huelga feminista. El año pasado dije un no rotundo y manifesté públicamente mis razones.

No quiero seguir oponiéndome pues al final, desde esta oposición, lo único que queda es ese espíritu de lucha, de queja, de espiral de lucha y queja y siento que no aporto soluciones.

Me importa la huelga. Me importa este cambio de paradigma histórico. Me importa, me emociona y me empodera. Pero a la vez, me asusta. Me asusta porque no quiero que hagáis con nosotras, con las gitanas, lo que los hombres machipayos gobernantes han hecho con nosotras, con todas las mujeres. Me asusta que en los movimientos más alternativos o en la izquierda más radical no se haya entendido la lucha por la emancipación del Pueblo Gitano ni el significado político del antirracismo.

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¿Me sumo a la huelga? Reflexiones desde mi profesión, mi género y mi piel

'Las periodistas paramos' el 8 de marzo de 2018 en Madrid

Lo que vais a leer a continuación no es una justificación, ni siquiera una explicación, se trata de un recorrido por mis reflexiones desde mi profesión, mi género y mi piel. Solo algunas son certezas.

Soy periodista y el sector en el que trabajo se ha visto muy (más aún) precarizado con la crisis, la inestabilidad laboral es crónica y la injerencia política es patente en demasiados medios. Esto atañe a todes les profesionales de la comunicación pero, además, se dan una serie de problemas específicos que nos afectan a nosotras.

Aunque internet haya escalado muchas posiciones, la televisión sigue siendo un medio de comunicación con relevancia e incidencia entre la población. Si nos dedicamos a hablar en los programas de feminismo, a condenar actitudes machistas y, sin embargo, la tele no practica aquello que predica, no sirve de nada. La imagen es importante, vernos es importante. Si somos, estemos y estemos bien, no nos están regalando nada.

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Sobre ranas, monogamias y racismo

Hace días que la ciencia y la prensa se hacen eco de un estudio de la Universidad de Texas dirigido por Hans A. Hofmann que parece haber descubierto los genes de la monogamia. Todo un hallazgo realizado a partir del estudio neuromolecular de los machos, solo los machos, de algunos tipos de ranas, peces y pájaros, divididos en dos grupos: los monógamos y los polígamos. El descubrimiento no solo ha arrojado luz sobre las diferencias a nivel genético de unos y otros, sino que muestra comportamientos dispares: mientras los monógamos cuidan de sus crías, los machos polígamos fecundan y no se preocupan más de las supervivencia de sus descendientes.

Recapitulemos un segundo sobre el uso de estos términos, monogamia y poligamia. Estas dos palabras aparecen con la antropología a partir del siglo XIX, cuando un grupo de hombres blancos, burgueses europeos y norteamericanos (todo junto) salen al mundo para investigar la evolución de los lazos familiares hasta alcanzar el modelo de referencia, que es el matrimonio burgués eurocéntrico, que se consideró la manera civilizada de relacionarse. Se consideró y se considera: hay estudios también trascendentes que relacionan monogamia y democracia, ahí es nada. Los antropólogos aportaron tres clasificaciones: los matrimonios múltiples, que evolucionaban hacia la poligamia, que evolucionaba hacia la monogamia, entendida como parejas formadas por dos personas heterosexuales.

Hay una forma de racismo que se denomina universalista, que consiste en entender la evolución humana como una línea recta desde la barbarie hasta la civilización y que siempre sitúa las formas habituales de la persona que enuncia en el lado civilizado y todo lo demás en el lado bárbaro. Ese fue el modelo que siguieron estos antropólogos, y este es el modelo que sigue utilizando el estudio de los genes monógamos.

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¡Papa, quiero ser 'trendy'!

El Papa en el balcón de la plaza de San Pedro en una imagen de archivo.

Lo ha vuelto a hacer. Perdonen la machada de inicio, pero en modo Michael Jackson balanceando a su vástago desde el balcón, el Papa ha vuelto a salir a su palestra del Vaticano no para un urbi et orbi, sino para evangelizar con que la homosexualidad -solo la masculina, claro- está más de moda que nunca.

¡Pero papi, si aún no tenemos camisetas que celebren las mariconeces! Por lo menos con esa otra moda del feminismo sí podemos hablar con propiedad, ya que en la temporada pasada nos hicieron un guiño con prendas que rezaban “I’m feminist” y proclamas del estilo. Pero ni un padrenuestro por lo LGTBQ en la industria textil, pater.

Lo que parece que no pasa de moda en las religiones institucionalizadas es la discriminación hacia la diversidad sexual. ¡Pecadores, fistros! No hubo lavado de cara con el último Papa, pues ya le vimos hasta las legañas. La Iglesia, como entidad, sigue sin ser capaz de reformular la espiritualidad hacia ese respeto a la diversidad que recogen en sus mandamientos esenciales.

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Nos quemaban en las hogueras, nos quieren quemar en las redes

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Meme recibido por Irantzu Varela al conocerse los resultados de las elecciones en Andalucía.

Cerca de 400.000 personas votaron el pasado fin de semana en Andalucía a un partido de ultraderecha que basa su ideario en negar la existencia de la violencia machista, llorar porque el “yihadismo de género” les oprime, atacar a las personas migrantes, cargarse los derechos conquistados por mujeres y personas LGTBI, y “reconquistar” España (caras de estupor cuando llega este punto tan Juego de Tronos). Así, resumidito.

La reacción en redes fue rápida. Volvieron los insultos, las amenazas, las intimidaciones y los memes amenazantes en las redes sociales a toda feminista que abriera la boca. Porque sí, porque esto también es culpa nuestra. Cuando no son los propios ultraderechistas los que nos llaman “zorras del desierto”, “feminazis de mierda” y estas cosas que tanto les gustan, lo hace la caverna que anida en el submundo de cualquier otro partido o no partido. El machismo militante y la misoginia más fuerte han reaccionado al galope firme de las mujeres en la conquista (por seguir con el rollo Cid Campeador) de sus derechos. Decían en el Quijote que si ladran es que cabalgamos. Y sí, cabalgamos y, por el camino, sufrimos ataques despiadados y amenazas absolutamente escalofriantes.

Podría decir aquello de que “no tenemos miedo” pero, en mi caso, estaría mintiendo un poco. Sí. Es frustrante y duro pensar más de dos veces lo que vas a escribir en redes sociales porque sabes que la respuesta va a ser violenta. No hay espacio para el debate serio, reposado o la divergencia respetuosa. Sabemos que no existe hueco porque existe un odio impregnado en buena parte de la sociedad hacia los movimientos feministas

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La igualdad nos pilla en bragas

Detalle de uniformes escolares de falda. / Tabea Huth - Wikimedia Commons

La igualdad nos pilla también con los pantalones bajados, porque nadie se atreve a llevarlos cuando se trata de las cuestiones más mínimas para evitar la diferenciación por sexo. ¿Pero es que aún era obligatorio en centros públicos que las niñas vistiesen falda? No sea que el pantalón altere la conciencia de género, claro…

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Por qué no veo a mis amigas

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Ilustración: Señora Milton para Minerva Magazine

Como vuelva a ver un vídeo donde me echan la culpa de no ver a mis amigas porque estoy con el móvil, mato a alguien. No veo a mis amigas todo lo que me gustaría porque trabajan a jornada completa, que son 40 horas semanales y eso es infumable. No veo a mis amigas porque algunas tienen dos trabajos para pagar la factura de la luz, que es INSULTANTE. No veo a mis amigas porque tienen hijxs y cuando no los aparcan en el cole, quieren estar con ellxs un rato. Y tampoco veo a mis amigas porque cuando intentan hacer planes sin hijxs no encuentran quien lxs cuide o sienten una culpa aparentemente incontrolable por no estar con ellxs. Y miran el reloj. Y sólo tienen hora y media. O lo que tengan. No veo a mis amigas porque hay que dormir 8 horas. No veo a mis amigas porque tengo una perra con necesidades especiales y como la gente odia (todos) los animales (que no son suyos) tiene la empatía en el culo y espera que la eutanasie y deje de dar la brasa ya. Pero como yo quiero a mi perra, pues voy al monte cuando no hay gente y no tengo horarios normales. No veo a mis amigas porque todas tienen parejas y les tienen que dedicar tiempo con cronómetro, escuadra y cartabón a sus relaciones de 10 años porque ya empiezan a estar algo chuchurrías. No veo a mis amigas porque yo en ocasiones tengo parejas y como duran lo que duran, aprovecho el subidón del principio como agua de mayo. No veo a mis amigas porque tenemos que invertir tiempo en ducharnos, en hacer la comida, en comerla o meterla en tuppers para el resto de la semana. No veo a mis amigas porque cuando se van de vacaciones huyen de su lugar de residencia para desconectar. No veo a mis amigas porque yo vivo agotada y a partir de las 18:30 me duermo de pie. No veo a mis amigas porque invierten tiempo en visitar a sus mpadres. Y yo una vez al mes en visitar a mi abuela o en abrir la puerta a mi señora madre cuando se pasa por casa para ver lo sucia y desordenada que está y preguntarme cómo puedo vivir así. No veo a mis amigas porque a veces nos enfadamos por malentendidos y tardamos en solucionarlos porque no hay tiempo. No veo a mis amigas no porque estoy mirando el móvil MECAGOENLOSVIDEOSDEMIERDA, no veo a mis amigas por lo mismo que no leo, o hace meses que no bailo: porque vivimos en un sistema que es una colmena Capitalista Individualista estructurado en familias pequeñas patriarcales donde el centro de todo día, el eje, es "ir a trabajar". Así que o reducen las jornadas, se democratiza el cuidado de hijxs y abuelxs, alguien consigue que se bajen los precios de necesidades básicas, se desestructura la vida en pareja y familia, etc.O A MÍ QUE NADIE ME MANDE VÍDEOS DE QUE NO VEO A MIS AMIGAS PORQUE MIRO EL MÓVIL. ¡PORQUE EL MÓVIL A MENUDO ES LA ÚNICA MANERA DE HABLAR CON MIS AMIGAS! HOSTIA YA.

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Mis labios están sellados

"A mí 'I will always love you' me salía del cuerpo, casi como si fuera mía". En la foto, Whitney Houston en concierto.

A los nueve años sentía un fuego arder dentro de mí cada vez que cantaba I'm every woman de Chaka Khan, con sus subidas y bajadas, sujetando un cepillo redondo con los ojos cerrados, los brazos elevados en el aire y la cabeza ondeando de un lado al otro al ritmo de la música. Antes se podía cantar. Cuando yo era pequeña. Cantar lo que quisieras. Y bailar al ritmo de Roberta Flack si era lo que te gustaba, además de otros músicos que escuchaba por primera vez gracias a mi primo, adepto del R&B y mi gurú musical mientras me duraron los dientes de leche. Cantar esa canción era fácil para mí. Y no me sabía la letra. La mía no es una familia artística ni especialmente versada en idiomas, pero a mí I will always love you me salía del cuerpo, casi como si fuera mía.

Mi tía me preguntaba que por qué cantaba en inglés. Y yo la miraba desde abajo, dudosa, como si hubiera cuestionado algo que no me concernía en absoluto. Entendí que aquello no era común y aprendí algunas letras de Nino Bravo que escuchaba en el coche de mis padres, cuando íbamos a la playa. Pero nada me hacía vibrar como el góspel y no hubo Dios que se atreviera a mirar mis ojos brillantes, que reflejaban la viveza de Whitney Houston, y pedirme que dejara de imitar a las grandes del espiritual negro. Para entonces no conocía las sutilezas de la corrección. Solo sabía, porque me lo habían explicado moviendo las manos de lado a lado, que había cosas que estaban bien y cosas que estaban mal. Punto. Siempre fui muy obediente. Me dejé encarrilar dócilmente hasta convertirme en una de esas niñas obstinadamente disciplinadas.

El otro día le conté a una compañera que hace poco estuve tomando café en Starbucks. Le dije: –El fin de semana pasado fui a... bueno, yo no suelo ir a esos sitios... pero me apetecía leer en un café y acabé en Starbucks. Para mi consuelo, ella se rió y me confesó que tampoco le cuenta a la gente que va a Starbucks. Me sentí un poco menos culpable porque ambas sabíamos de forma intuitiva, que una no se puede permitir ser franca acerca de algunas costumbres en según qué círculos. Consumir café carísimo en una multinacional, que es a la vez joya del neoliberalismo yanqui y punto de encuentro del turismo acomodado está mal visto en nuestro grupo social, poco importa el placer que pueda brindarte.

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