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No pueden tocarlas: defendámoslas

Hay que agrandar la lista de derechos humanos y, por supuesto, despatriarcalizarla

Cada vez hay más personas perseguidas por empeñarse en que el mundo sea un lugar en el que vivir vidas que merezcan la pena ser vividas

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maleno

Cartel de apoyo a Helena Maleno

Lolita sigue sonriendo. Helena continua tuiteando y trabajando en su oenegé. María Teresa ya no está en prisión. Defender derechos no es un delito. Sí, hay que escribirlo y leerlo, decirlo en voz alta, gritarlo. Las cuestiones más lógicas y obvias, a veces, quedan atrapadas en la vorágine que arrebata vidas, tiempos y victorias. Lamentablemente sobran ejemplos y rostros. También muertes.

La maya  k'iche Lolita Chávez tuvo que huir de su Guatemala natal porque su vida corría peligro por plantar cara a las transnacionales que quieren controlar a su pueblo. La española Helena Maleno acaba de declarar en un juzgado de Túnez para explicar su labor humanitaria y de ayuda a las personas migrantes que se echan a la mar en busca de un futuro algo más halagüeño y sin violencia. La salvadoreña María Teresa es refugiada política y reside a miles de kilómetros de su país, de donde huyó tras estar en la cárcel por sufrir un aborto espontáneo.

Los derechos humanos, tan manoseados como ignorados, no son fruto de una concesión. Son un logro sin consumar. Una conquista con opresión. Un triunfo por cosechar. Un éxito colectivo, en el que todas cabemos. Los derechos humanos son una lucha que aún hoy se sigue librando; y en la que está habiendo derrotas, también conjugadas en primera persona del singular.

Agrandar la lista es necesario (desde 2010 existe, por ejemplo, el derecho humano al agua, aunque se sigan cortando grifos y contaminando ríos), pero estar alerta para que no la recorten también es imprescindible. Que Helena Maleno, sea cual sea el resultado de este proceso jurídico (y, por ende, de criminalización) que enfrenta, haya tenido que declarar en un juzgado es una derrota sin paliativos en la que hemos perdido tú y yo, ellas y las otras, nosotras, las víctimas, las migrantes, la ciudadanía (aunque tal vez sería mejor hablar de ‘cuidadanía’, como dice Amaia Pérez Orozco).

Una derrota que debe recordarnos que los derechos hay que exigirlos y reivindicarlos siempre: no se puede perder de vista el intento de reforma de la Ley del Aborto de Gallardón que, lejos de lo que el Partido Popular pensaba, sirvió para (re)unir a la lucha feminista y a las luchadoras feministas. El ejemplo debe recordarnos que unidas somos más fuertes y, en ocasiones, invencibles. Por eso, Lolita no puede estar sola, debemos acompañar a Helena y acoger a María Teresa. Aquí y ahora, porque la defensa de los derechos humanos es un reto diario.

“Podríamos decir que este proyecto (…) se tiene que implementar en el Estado español ya que, junto con la pérdida de derechos y libertades —que costaron muchos esfuerzos conseguir por parte de aquellas personas que soñaron y lucharon por un sistema democrático en nuestro territorio—, nos encontramos también con la criminalización, activa y jurídica, de aquellas personas y colectivos que no están dispuestos a ser silenciados por parte de las autoridades públicas”, recoge el prólogo del libro colectivo Defender a quien defiend e, donde se analiza principalmente la Ley Mordaza y la criminalización de la protesta en España.

Rocío Ballesta Meichsner está imputada (o investigada, para atender a las nuevas exigencias léxicas) por hacer una perfomance: “Se están anteponiendo política e ideología o pensamiento hegemónico por encima del derecho a la libertad de expresión”, afirma. Es decir, los derechos. Y apunta, sin dudar, lo aleccionador de su caso: “ Eres una disidente política y encima mujer: a la hoguera”.

Y es que, hay que agrandar la lista y, por supuesto, despatriarcalizarla. Los derechos humanos fueron aprobados con una perspectiva androcéntrica, cuenta la jurista Alda Facio. No hay que llevarse las manos a la cabeza; si no fuera así, no haría falta que existiera la Convención sobre la Eliminación de todas las formas de Discriminación Contra la Mujer ( CEDAW). Pero existe y es ignorada.

La investigadora Marta Mato cree fundamental analizar el retroceso en derechos con un enfoque de género: “Las mujeres activistas [léase defensoras] son cuerpos amenazantes para los poderes dominantes porque cuestionan la legitimidad de un sistema económico injusto, pero también porque ejercen/ experimentan/practican otros modelos de género; porque exceden o disiden del rol reproductivo. Resultan peligrosas porque, al ejercer la disidencia contra el orden hegemónico, quiebran su posición simbólica. Mujeres que dejan de ser el objeto de la protección para el que se ensalza la seguridad y pasan a ser sujetos amenazantes a la ‘seguridad’”, escribe en Defender a quien defiende.

¿Justicia? Conocer el clítoris es profundamente político y estratégico”, cuentan que afirmó Lolita Chávez durante su visita el pasado octubre al Parlamento Europeo, organismo que la dejó como finalista del Premio Sajarov.

Las amenazas a lo batallado y logrado son enormes, a veces sutiles, en ocasiones sibilinas, pero siempre muy dañinas para todas. Lo retrocesos podrían ser mayores si no hubiera gente como Lolita, Helena o María Teresa, por citar algunos nombres, que ha decidido no dar pasos atrás. Cada vez hay más personas perseguidas por empeñarse, de una manera u otra, en que el mundo sea un lugar justo y equitativo, un lugar en el que vivir vidas que merezcan la pena ser vividas. No podemos dejarlas solas: “Si tocan a una, nos tocan a todas”, dice Marusia López, una de las impulsoras de la Iniciativa Mesoamericana de Defensoras. No pueden tocarlas: necesitamos que Lolita siga sonriendo, Helena trabajando y María Teresa viviendo sin miedo.

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