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Matalascañas vuelve a la normalidad

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La playa onubense de Matalascañas ha recuperado hoy su "normalidad demográfica", tras encontrarse ayer, de repente, con sus veraneantes temporales sin poder salir de la misma por estar las carreteras selladas por culpa del incendio de Moguer.

Fue una tarde-noche intensa, aunque todos los que han hablado con Efe aseguran que no se vivieron escenas de tensión y casi nadie perdió la paciencia.

Todos siguieron las indicaciones de las fuerzas del orden, a pesar del atasco producido cuando, como todos los domingos de verano cuando cae el sol, la gente buscaba la única carretera que comunica esta playa directamente con la autopista A-49 (Sevilla-Huelva), y estaba cortada.

A media tarde, la Guardia Civil comunicaba a los conductores que no se podía salir del recinto (la otra carretera de salida pasa por Mazagón y también estaba cortada), y la playa, dependiente del Ayuntamiento de Almonte, se encontró con una numerosa población sumada a la habitual en verano, unas 100.000 personas, que no sabían muy bien qué hacer.

Matalascañas es conocida cariñosamente como la "playa de Sevilla", por la gran cantidad de personas procedentes de esa provincia que pasan sus vacaciones o fines de semana de verano en sus urbanizaciones, contribuyendo en buena parte a que sus 3.000 tranquilos habitantes del invierno se multipliquen por 30 cuando llega el mes de junio.

Todo ello gracias a los escasos 80 kilómetros que la separan de la capital hispalense, lo que la han convertido en un lugar considerado ideal para llegar un domingo temprano y regresar por la tarde fiambreras y toallas en mano.

Pero ayer domingo, el atasco de salida no era el mismo de siempre, "porque, cuando salimos de la playa y vimos tan cerca el humo, ya vimos que lo que pasaba no era normal".

Lo explican Marta y Javier, vecinos de la barriada sevillana de Los Remedios, que como buenos autónomos sólo pueden disponer de un día de descanso a la semana, que ayer aprovecharon para acercarse a la playa donde pasan los domingos desde que se acuerdan y en la que tuvieron que improvisar una estancia que no esperaban que se alargase.

En su caso, se puede decir que tuvieron suerte: "Cuando salimos de la playa, ya escuchamos por la radio que la carretera estaba cortada, así que avanzamos un poco hacia la rotonda de salida por curiosidad, pero sabíamos que no saldríamos".

Así que decidieron aparcar el coche e improvisar una noche de paseo, pendientes de la radio, todavía llenos de arena y salitre de toda la jornada.

Casi era la una de la madrugada cuando poco a poco se fue abriendo el tráfico, y los dos pudieron salir, "con paciencia, porque eran muchos los coches a evacuar, pero llegamos a casa casi a las tres".

Eso, en su caso, pero sobre el terreno se vivieron escenas de solidaridad que han quedado en la retina de uno de los agentes de la Guardia Civil que trabajó ayer sobre el incandescente asfalto de la A-483: "Algunas personas llegaban con sus coches desde el pueblo para ofrecerse a meter a los niños y mujeres en lugares con aire acondicionado, otras llevaban botellas de agua y otras bocadillos".

En algunos casos, otros vecinos que vieron desde sus balcones cómo los coches se acumulaban en las calles bajaron literalmente a la carretera y ofrecieron sus casas para pasar la noche, o bien les decían que subiesen a darse una ducha o a comer algo mientras todo se aclaraba y podían volver a sus casas.

No se sabe cuántas personas estuvieron unas horas retenidas en la "playa de Sevilla", pero sí que todas pudieron salir poco a poco y volver a sus casas, dejando atrás mucho humo, algo de nerviosismo y muchas muestras de ayuda.

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