La Atención Primaria madrileña, colapsada y silenciada: “Estamos censurados”

María Santos Viñas

Madrid —

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Los centros de salud de la Comunidad de Madrid están saturados pero sus sanitarios no pueden quejarse. “Estamos censurados” es la frase que más se repite cuando se piden declaraciones a los directores de los ambulatorios. 

Desde la recepción, los auxiliares administrativos explican que los sanitarios no pueden hablar a menos que los periodistas hayan solicitado a la Consejería de Sanidad de la Comunidad de Madrid una entrevista, donde se especifique la temática que se va a tratar, y estos la hayan aprobado. De no ser así, los directores de los centros no pueden responder a ninguna pregunta. La Comunidad de Madrid, entretanto, emite mensajes de normalidad cuando no culpa directamente a los profesionales de “no arrimar el hombro” para solventar la crisis, como hizo la presidenta Isabel Díaz Ayuso hace un par de días.

Sin embargo, en el caso de que se concertara una entrevista con los parámetros que pide la Consejería, los directores tampoco podrían expresarse libremente. Saben que si defienden una opinión perjudicial para el Gobierno de la Comunidad pueden recibir una llamada, un toque de atención. Ya los han sufrido.

Voces en mitad del silencio

En este reportaje, algunos directores de centros de salud en la región se han atrevido a hablar, con la condición de que ni su identidad ni el nombre del centro en el que trabajan se conozcan. 

Explican que están completamente saturados y que las largas filas de personas, con o sin cita, que se crean en las calles para entrar a los centros son solo la parte más visible del problema. Aseguran que dentro, en las consultas, sus agendas están abarrotadas, y que no llegan refuerzos y por un motivo que se repite desde que estalló la crisis de la COVID-19 hace casi dos años: “Hay muchos compañeros que están de baja porque se han contagiado”. 

En plena pandemia los turnos de ocho horas tampoco se cumplen. “Los que deberían  salir a las tres de la tarde, se van a las cinco. Y los que tienen que salir a las diez de la noche, muchas veces no se van hasta las once y media a casa”. Se ven obligados a hacerlo para poder atender a todos los pacientes por teléfono o en la consulta. Están resignados: “No nos queda otra”.  

Estos sanitarios recuerdan que sus denuncias de siempre -no tienen tiempo para “atender correctamente a todos”- se han agravado durante la crisis sanitaria. En muchas ocasiones, las pruebas preventivas que son necesarias para detectar enfermedades de forma temprana no se están realizando. Este hecho puede provocar problemas de salud a largo plazo. 

La culpa, coincide el personal que ha accedido a hablar para este reportaje, es la falta de personal en los ambulatorios. Antes de la pandemia la situación era complicada, pero se podía sobrellevar. Ahora, con una sexta ola desatada y las restricciones mínimas que impone el Gobierno regional, la Atención Primaria  necesita refuerzos como nunca antes. 

Ayuso: “No todos quieren trabajar y arrimar el hombro”

El mensaje de Díaz Ayuso ha caído como una bomba entre los profesionales. El personal que ha doblado turnos, que se ha contagiado, que ha visto morir a compañeros escucha ahora que la presidenta del Gobierno madrileño les señala como sospechosos e incluso anuncia una investigación para saber qué sanitarios son los culpables de que en los centro de salud “no cogen el teléfono, cuelgan o de repente no hay médicos”. 

El Sindicato de Enfermería (SATSE) de Madrid, que no necesita permiso de la Consejería de Sanidad para poder pronunciarse,  ha anunciado que junto a las otras cinco centrales presentes en la Mesa Sectorial de Sanidad están estudiando si emprender acciones legales “ante las falsedades, calumnias e injurias” porque -señalan- “no podemos tolerar su acoso a los profesionales”.

“Nos enfrentamos al colapso de la Atención Primaria y a sus graves consecuencias sobre todo el sistema asistencial de nuestra comunidad si se pretende basar el control de esta grave situación epidemiológica tan solo en la realización de Test diagnóstico o autodiagnóstico, y el asilamiento posterior del paciente”, denunciaba también el pasado domingo la nueva dirección del Colegio de Médicos de Madrid, poco sospechosa de ser enemiga del Gobierno regional.

El lunes, Ayuso ya zanjó el debate: “No estoy en disposición de acordar más restricciones ahora mismo, porque no estoy en condiciones de cambiar la estrategia sanitaria y económica que hemos mantenido en la Comunidad de Madrid a lo largo de estos dos años”. Y el martes, la Comunidad de Madrid enviaba un protocolo anti-COVID que contradecía partes de lo que Ayuso había defendido hasta esa misma mañana.

En medio de todo lo anterior, los sanitarios siguen echando horas y escuchando anuncios de refuerzos que no acaban de llegar a la atención primaria.

Los centros de salud de la Comunidad de Madrid están saturados pero sus sanitarios no pueden quejarse. “Estamos censurados” es la frase que más se repite cuando se piden declaraciones a los directores de los ambulatorios. 

Desde la recepción, los auxiliares administrativos explican que los sanitarios no pueden hablar a menos que los periodistas hayan solicitado a la Consejería de Sanidad de la Comunidad de Madrid una entrevista, donde se especifique la temática que se va a tratar, y estos la hayan aprobado. De no ser así, los directores de los centros no pueden responder a ninguna pregunta. La Comunidad de Madrid, entretanto, emite mensajes de normalidad cuando no culpa directamente a los profesionales de “no arrimar el hombro” para solventar la crisis, como hizo la presidenta Isabel Díaz Ayuso hace un par de días.

Sin embargo, en el caso de que se concertara una entrevista con los parámetros que pide la Consejería, los directores tampoco podrían expresarse libremente. Saben que si defienden una opinión perjudicial para el Gobierno de la Comunidad pueden recibir una llamada, un toque de atención. Ya los han sufrido.

Voces en mitad del silencio

En este reportaje, algunos directores de centros de salud en la región se han atrevido a hablar, con la condición de que ni su identidad ni el nombre del centro en el que trabajan se conozcan. 

Explican que están completamente saturados y que las largas filas de personas, con o sin cita, que se crean en las calles para entrar a los centros son solo la parte más visible del problema. Aseguran que dentro, en las consultas, sus agendas están abarrotadas, y que no llegan refuerzos y por un motivo que se repite desde que estalló la crisis de la COVID-19 hace casi dos años: “Hay muchos compañeros que están de baja porque se han contagiado”. 

En plena pandemia los turnos de ocho horas tampoco se cumplen. “Los que deberían  salir a las tres de la tarde, se van a las cinco. Y los que tienen que salir a las diez de la noche, muchas veces no se van hasta las once y media a casa”. Se ven obligados a hacerlo para poder atender a todos los pacientes por teléfono o en la consulta. Están resignados: “No nos queda otra”.  

Estos sanitarios recuerdan que sus denuncias de siempre -no tienen tiempo para “atender correctamente a todos”- se han agravado durante la crisis sanitaria. En muchas ocasiones, las pruebas preventivas que son necesarias para detectar enfermedades de forma temprana no se están realizando. Este hecho puede provocar problemas de salud a largo plazo. 

La culpa, coincide el personal que ha accedido a hablar para este reportaje, es la falta de personal en los ambulatorios. Antes de la pandemia la situación era complicada, pero se podía sobrellevar. Ahora, con una sexta ola desatada y las restricciones mínimas que impone el Gobierno regional, la Atención Primaria  necesita refuerzos como nunca antes. 

Ayuso: “No todos quieren trabajar y arrimar el hombro”

El mensaje de Díaz Ayuso ha caído como una bomba entre los profesionales. El personal que ha doblado turnos, que se ha contagiado, que ha visto morir a compañeros escucha ahora que la presidenta del Gobierno madrileño les señala como sospechosos e incluso anuncia una investigación para saber qué sanitarios son los culpables de que en los centro de salud “no cogen el teléfono, cuelgan o de repente no hay médicos”. 

El Sindicato de Enfermería (SATSE) de Madrid, que no necesita permiso de la Consejería de Sanidad para poder pronunciarse,  ha anunciado que junto a las otras cinco centrales presentes en la Mesa Sectorial de Sanidad están estudiando si emprender acciones legales “ante las falsedades, calumnias e injurias” porque -señalan- “no podemos tolerar su acoso a los profesionales”.

“Nos enfrentamos al colapso de la Atención Primaria y a sus graves consecuencias sobre todo el sistema asistencial de nuestra comunidad si se pretende basar el control de esta grave situación epidemiológica tan solo en la realización de Test diagnóstico o autodiagnóstico, y el asilamiento posterior del paciente”, denunciaba también el pasado domingo la nueva dirección del Colegio de Médicos de Madrid, poco sospechosa de ser enemiga del Gobierno regional.

El lunes, Ayuso ya zanjó el debate: “No estoy en disposición de acordar más restricciones ahora mismo, porque no estoy en condiciones de cambiar la estrategia sanitaria y económica que hemos mantenido en la Comunidad de Madrid a lo largo de estos dos años”. Y el martes, la Comunidad de Madrid enviaba un protocolo anti-COVID que contradecía partes de lo que Ayuso había defendido hasta esa misma mañana.

En medio de todo lo anterior, los sanitarios siguen echando horas y escuchando anuncios de refuerzos que no acaban de llegar a la atención primaria.

Los centros de salud de la Comunidad de Madrid están saturados pero sus sanitarios no pueden quejarse. “Estamos censurados” es la frase que más se repite cuando se piden declaraciones a los directores de los ambulatorios. 

Desde la recepción, los auxiliares administrativos explican que los sanitarios no pueden hablar a menos que los periodistas hayan solicitado a la Consejería de Sanidad de la Comunidad de Madrid una entrevista, donde se especifique la temática que se va a tratar, y estos la hayan aprobado. De no ser así, los directores de los centros no pueden responder a ninguna pregunta. La Comunidad de Madrid, entretanto, emite mensajes de normalidad cuando no culpa directamente a los profesionales de “no arrimar el hombro” para solventar la crisis, como hizo la presidenta Isabel Díaz Ayuso hace un par de días.