El PP de Feijóo se enreda con la “plurinacionalidad” en su giro en Catalunya a un mes de las andaluzas

Aitor Riveiro

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“Para una nacionalidad como la catalana, la opción más acorde con la preservación de la estabilidad y de su identidad es la recuperación de su liderazgo en España y la contribución a un Estado y una Unión Europea vigorosos”. La frase pronunciada por Alberto Núñez Feijóo en una reciente conferencia ante la plana mayor del Cercle d’Economia, una de las organizaciones empresariales más potentes de Catalunya, persigue a su autor diez días después. Y amenaza con ser uno de los elementos centrales de las inminentes elecciones andaluzas. La referencia al artículo 2 de la Constitución de 1978 fue rápidamente utilizada por la ultraderecha para atacar al dirigente gallego, quien ha respondido desde entonces en varias ocasiones con una defensa cerrada del Estado de las autonomías. Su número tres y mano derecha de Juan Manuel Moreno en Andalucía, Elías Bendodo, lo ha llevado al extremo al afirmar en El Mundo que “España es un Estado plurinacional”.

El ritmo lento de oposición de Feijóo se topa con Pegasus

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El presidente del PP quiere resituar a su partido en el escenario político catalán y desandar el camino emprendido en 2017. No fue la única vez que Feijóo habló en esos términos ante un público entregado a las tesis económicas del gallego, como demostraron las poco sutiles palabras del presidente del Cercle, Javier Faus, al líder del PP que captó un micrófono que se quedó abierto tras su alocución. “Espero no haber dicho muchos inconvenientes”, dijo Feijóo. “No, espectacular”, le respondió el empresario. En otro momento de su discurso, el jefe de la oposición sostuvo: “Una comunidad autónoma, una nacionalidad histórica como es el caso de Galicia, Catalunya y Euskadi, dialoga, acuerda o discrepa con el Gobierno central, no con el Estado”.

La reacción de Vox llegó ipso facto. Y, a su rueda, siguió la de Ciudadanos. “La nación española debe recuperar su autoestima. Y dejar de utilizar el lenguaje al que se agarran los que quieren destruirla”, tuiteó la ultraderecha, obviando que el término que usó Feijóo está recogido expresamente en la Ley Fundamental española, tal y como le recordó el PP en la misma red social.

El giro de Feijóo

La tesis de Feijóo no es nueva en el PP. Ni mucho menos. Ha sido defendida por el partido, de forma intermitente y en función de sus necesidades, hasta que eclosionó el independentismo catalán y se puso en marcha un proceso de secesión que llegó a su culmen en octubre de 2017, con la breve declaración de independencia que protagonizó el expresidente Carles Puigdemont. Después llegó el 3 de octubre y el discurso del rey; la aplicación del artículo 155 de la Constitución y el triunfo del independentismo en la consiguiente convocatoria electoral; el encarcelamiento, procesamiento y condena de líderes políticos y sociales del movimiento secesionista. Y en medio de todo, la irrupción de Vox en las instituciones en las elecciones andaluzas de 2018.

Cuatro años después de esos comicios el PP ha constatado que prácticamente no tiene espacio para gobernar sin el apoyo de la ultraderecha. Incluso en Madrid, donde Isabel Díaz Ayuso logró un sonoro triunfo en mayo de 2021, sus políticas dependen de Vox aunque gobierne en solitario. En el PP también parecen haberse percatado de que su discurso anticatalán, escenificado en aquella Foto de Colón de 2019, lejos de engrosar sus filas ha alimentado consecutivamente a Ciudadanos y, tras su derrumbe, a la ultraderecha que lidera Santiago Abascal.

Aquella imagen de febrero de 2019 se produjo en una concentración contraria a un proceso de diálogo entre el Gobierno central y el Govern catalán que intentara reconducir la compleja situación institucional, económica y social generada por el choque de los años anteriores. En el acto estuvieron presentes, sin buscar protagonismo, dos de los barones del PP que en 2018 habían apoyado la opción de Soraya Sáenz de Santamaría frente a la de Casado: Alberto Núñez Feijóo y Juan Manuel Moreno.

En pleno juicio del procés, las derechas azuzaron el ambiente en una competición de la que el PP no logró apenas réditos electorales. Es más: sus números de aquel año, en el que se repartió todo el poder del Estado, posteriormente han mejorado solo en Madrid y ligeramente en Castilla y León. En Catalunya, en febrero de 2021, el PP fue el partido menos votado de los que lograron representación parlamentaria: un 3,8% de sufragios y apenas tres diputados.

En aquellos comicios, el por entonces líder del partido intentó un regate táctico a unos días de abrirse las urnas. Pablo Casado desveló en una entrevista en Rac1 que el 1 de octubre de 2017 se negó a ejercer su papel de portavoz del partido: “Decidí no salir a explicar lo que estaba pasando en Catalunya porque no estaba de acuerdo con los que decían que allí se estaba votando de forma homologable ni con los que decían que no se estaba votando nada”. Casado también rechazó las duras cargas policiales de aquel día: “No me gustaron”. Y criticó al Gobierno de Mariano Rajoy por no haber evitado la celebración del referéndum.

Aquel 9 de febrero de 2021, Casado habló de Catalunya como de “una tierra de concordia”. “Yo quiero ser parte de la solución para Catalunya, no del problema”, apuntó. Y aceptó preguntas en catalán, en contradicción con la que había sido su fallida apuesta personal para liderar electoralmente al PP en las generales de 2019 y para ejercer de portavoz del partido en el Congreso, Cayetana Álvarez de Toledo: “Ojalá que las lenguas nos unieran y que mis hijos las hablaran. Entiendo muy bien el catalán, es una lengua estupenda pero no se debe hacer con ella política”.

A Casado le duró poco la apuesta, quizá porque los réditos electorales fueron inexistentes. En junio llegaron los indultos a los condenados del procés, que el PP rechazó con vehemencia. Las derechas volvieron a Colón, donde los más aplaudidos fueron Abascal e Isabel Díaz Ayuso. Casado recibió abucheos. Feijóo y Moreno se ausentaron.

Unos meses después, durante la Convención Nacional con la que intentó relanzar su proyecto político al frente del PP, Casado recuperó su discurso original, el que en 2018 le dio la presidencia del partido, y pidió dar la “batalla cultural”, glorificó la Hispanidad como un hito solo comparable al de la romanización, planteó como una de sus promesas estrella la creación de un Museo Nacional de Historia de España y señaló una senda compartida con Vox: la recentralización de competencias autonómicas por decisión del Gobierno central, no por desistimiento de las propias comunidades autónomas, como había planteado el PP alguna vez en años anteriores.

La “plurinacionalidad”

Casado abandonó pronto su acercamiento a Catalunya marcado de cerca por José María Aznar, quien dijo en la convención del PP que España “no es un estado plurinacional, plurinivel ni la madre que los parió”. Pero Feijóo quiere intentarlo, consciente quizá de que las grandes mayorías del pasado bipartidista no son posibles sin obtener un buen puñado de votos en esa España. En 2011, por ejemplo, el PP fue el tercer partido más votado en Catalunya y obtuvo 11 diputados. En noviembre de 2019, logró dos parlamentarios.

Feijóo ha tratado de separarse de las tesis territoriales de Vox a quien, intentando no citar expresamente para evitar el enfrentamiento directo al que sí entró Casado en la moción de censura de 2020, ha acusado de no ser constitucionalista por rechazar el Título VIII de la Carta Magna, que consagra el Estado autonómico. Mientras el dirigente del PP alaba este modelo y lo sitúa como uno de los pilares de la evolución de España desde 1978, la ultraderecha lo señala como un gran error con el que hay que terminar para volver al modelo franquista centralista y basado en la provincia.

El PP vive una suerte de paz interna desde el XX Congreso Nacional (extraordinario) que encumbró al gallego, propiciado en parte por el lento despliegue de Feijóo en Madrid y su resistencia a definir las estructuras orgánicas y parlamentarias. Las palabras de Feijóo no provocaron reacciones internas. Ayuso se ha mantenido en silencio en este caso, pese a que ambos ya han mostrado sus profundas discrepancias en público sobre cómo debe relacionarse el PP con el Gobierno de coalición o con Vox.

Pero este lunes las palabras del número tres del PP, Elías Bendodo, en una entrevista en El Mundo han supuesto una escalada en la estrategia. “Yo le he oído a Aznar afirmar públicamente que España era un Estado plurinacional, pluricultural y plurilingüístico. Eso es una realidad. Cataluña no es una nación dentro de España”, dijo el coordinador general. El también consejero de Presidencia andaluz, presidente del Comité Electoral del PP andaluz y presidente del PP de Málaga (circunscripción por la que se presenta Juan Manuel Moreno a las elecciones del 19J), añadió: “Cataluña sí es una nacionalidad del Estado español, como cualquier otra comunidad autónoma”.

“El objetivo es volver a conectar con la sociedad catalana”, apuntó. “Catalunya, en su momento en el centroderecha, dio una opción y ganó las elecciones”. Y zanjó: “Yo creo que, efectivamente, España es un Estado plurinacional”.

La reacción desde Vox fue inmediata. Su portavoz, Jorge Buxadé, planteó este lunes en Twitter: “Al PP poco le importa España. Sólo le importa el PP”. Y desde Ciudadanos, su líder en Catalunya, Carlos Carrizosa, apuntó: “El 'nuevo' PP asumiendo el discurso podemita del Estado plurinacional. Si la alternativa al sanchismo es esto, apaga y vámonos”.

El PP se asoma a sus propias contradicciones con las palabras de Bendodo. Su propio jefe de filas en Andalucía, el actual presidente Juan Manuel Moreno, pedía en junio de 2017 “que alguien del PSOE” explicase “en qué consiste la España plurinacional”.

Bendodo convocó el lunes por la tarde a la prensa en Málaga para intentar reformular su mensaje: “España es una nación indisoluble, compuesta por 17 autonomías y dos ciudades autónomas que tienen, cada una, una identidad y unas particularidades propias. El PP lo que defiende es que se puede compatibilizar y respetar las diferencias territoriales y es compatible con defender la unidad de España. Ni combatimos la particularidades ni las queremos hacer prevalecer sobre otros sentimientos. Tenemos claro que España es una nación única y respetuosa. Es lo que he dicho siempre”.

En apenas un mes llega el primer test de verdad del nuevo PP de Feijóo en las urnas. Lo liderará el barón con el que se ha repartido el poder dentro del partido. Y Vox acecha en las encuestas.

“Para una nacionalidad como la catalana, la opción más acorde con la preservación de la estabilidad y de su identidad es la recuperación de su liderazgo en España y la contribución a un Estado y una Unión Europea vigorosos”. La frase pronunciada por Alberto Núñez Feijóo en una reciente conferencia ante la plana mayor del Cercle d’Economia, una de las organizaciones empresariales más potentes de Catalunya, persigue a su autor diez días después. Y amenaza con ser uno de los elementos centrales de las inminentes elecciones andaluzas. La referencia al artículo 2 de la Constitución de 1978 fue rápidamente utilizada por la ultraderecha para atacar al dirigente gallego, quien ha respondido desde entonces en varias ocasiones con una defensa cerrada del Estado de las autonomías. Su número tres y mano derecha de Juan Manuel Moreno en Andalucía, Elías Bendodo, lo ha llevado al extremo al afirmar en El Mundo que “España es un Estado plurinacional”.

El ritmo lento de oposición de Feijóo se topa con Pegasus

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El presidente del PP quiere resituar a su partido en el escenario político catalán y desandar el camino emprendido en 2017. No fue la única vez que Feijóo habló en esos términos ante un público entregado a las tesis económicas del gallego, como demostraron las poco sutiles palabras del presidente del Cercle, Javier Faus, al líder del PP que captó un micrófono que se quedó abierto tras su alocución. “Espero no haber dicho muchos inconvenientes”, dijo Feijóo. “No, espectacular”, le respondió el empresario. En otro momento de su discurso, el jefe de la oposición sostuvo: “Una comunidad autónoma, una nacionalidad histórica como es el caso de Galicia, Catalunya y Euskadi, dialoga, acuerda o discrepa con el Gobierno central, no con el Estado”.

La reacción de Vox llegó ipso facto. Y, a su rueda, siguió la de Ciudadanos. “La nación española debe recuperar su autoestima. Y dejar de utilizar el lenguaje al que se agarran los que quieren destruirla”, tuiteó la ultraderecha, obviando que el término que usó Feijóo está recogido expresamente en la Ley Fundamental española, tal y como le recordó el PP en la misma red social.

El giro de Feijóo

La tesis de Feijóo no es nueva en el PP. Ni mucho menos. Ha sido defendida por el partido, de forma intermitente y en función de sus necesidades, hasta que eclosionó el independentismo catalán y se puso en marcha un proceso de secesión que llegó a su culmen en octubre de 2017, con la breve declaración de independencia que protagonizó el expresidente Carles Puigdemont. Después llegó el 3 de octubre y el discurso del rey; la aplicación del artículo 155 de la Constitución y el triunfo del independentismo en la consiguiente convocatoria electoral; el encarcelamiento, procesamiento y condena de líderes políticos y sociales del movimiento secesionista. Y en medio de todo, la irrupción de Vox en las instituciones en las elecciones andaluzas de 2018.

Cuatro años después de esos comicios el PP ha constatado que prácticamente no tiene espacio para gobernar sin el apoyo de la ultraderecha. Incluso en Madrid, donde Isabel Díaz Ayuso logró un sonoro triunfo en mayo de 2021, sus políticas dependen de Vox aunque gobierne en solitario. En el PP también parecen haberse percatado de que su discurso anticatalán, escenificado en aquella Foto de Colón de 2019, lejos de engrosar sus filas ha alimentado consecutivamente a Ciudadanos y, tras su derrumbe, a la ultraderecha que lidera Santiago Abascal.

Aquella imagen de febrero de 2019 se produjo en una concentración contraria a un proceso de diálogo entre el Gobierno central y el Govern catalán que intentara reconducir la compleja situación institucional, económica y social generada por el choque de los años anteriores. En el acto estuvieron presentes, sin buscar protagonismo, dos de los barones del PP que en 2018 habían apoyado la opción de Soraya Sáenz de Santamaría frente a la de Casado: Alberto Núñez Feijóo y Juan Manuel Moreno.

En pleno juicio del procés, las derechas azuzaron el ambiente en una competición de la que el PP no logró apenas réditos electorales. Es más: sus números de aquel año, en el que se repartió todo el poder del Estado, posteriormente han mejorado solo en Madrid y ligeramente en Castilla y León. En Catalunya, en febrero de 2021, el PP fue el partido menos votado de los que lograron representación parlamentaria: un 3,8% de sufragios y apenas tres diputados.

En aquellos comicios, el por entonces líder del partido intentó un regate táctico a unos días de abrirse las urnas. Pablo Casado desveló en una entrevista en Rac1 que el 1 de octubre de 2017 se negó a ejercer su papel de portavoz del partido: “Decidí no salir a explicar lo que estaba pasando en Catalunya porque no estaba de acuerdo con los que decían que allí se estaba votando de forma homologable ni con los que decían que no se estaba votando nada”. Casado también rechazó las duras cargas policiales de aquel día: “No me gustaron”. Y criticó al Gobierno de Mariano Rajoy por no haber evitado la celebración del referéndum.

Aquel 9 de febrero de 2021, Casado habló de Catalunya como de “una tierra de concordia”. “Yo quiero ser parte de la solución para Catalunya, no del problema”, apuntó. Y aceptó preguntas en catalán, en contradicción con la que había sido su fallida apuesta personal para liderar electoralmente al PP en las generales de 2019 y para ejercer de portavoz del partido en el Congreso, Cayetana Álvarez de Toledo: “Ojalá que las lenguas nos unieran y que mis hijos las hablaran. Entiendo muy bien el catalán, es una lengua estupenda pero no se debe hacer con ella política”.

A Casado le duró poco la apuesta, quizá porque los réditos electorales fueron inexistentes. En junio llegaron los indultos a los condenados del procés, que el PP rechazó con vehemencia. Las derechas volvieron a Colón, donde los más aplaudidos fueron Abascal e Isabel Díaz Ayuso. Casado recibió abucheos. Feijóo y Moreno se ausentaron.

Unos meses después, durante la Convención Nacional con la que intentó relanzar su proyecto político al frente del PP, Casado recuperó su discurso original, el que en 2018 le dio la presidencia del partido, y pidió dar la “batalla cultural”, glorificó la Hispanidad como un hito solo comparable al de la romanización, planteó como una de sus promesas estrella la creación de un Museo Nacional de Historia de España y señaló una senda compartida con Vox: la recentralización de competencias autonómicas por decisión del Gobierno central, no por desistimiento de las propias comunidades autónomas, como había planteado el PP alguna vez en años anteriores.

La “plurinacionalidad”

Casado abandonó pronto su acercamiento a Catalunya marcado de cerca por José María Aznar, quien dijo en la convención del PP que España “no es un estado plurinacional, plurinivel ni la madre que los parió”. Pero Feijóo quiere intentarlo, consciente quizá de que las grandes mayorías del pasado bipartidista no son posibles sin obtener un buen puñado de votos en esa España. En 2011, por ejemplo, el PP fue el tercer partido más votado en Catalunya y obtuvo 11 diputados. En noviembre de 2019, logró dos parlamentarios.

Feijóo ha tratado de separarse de las tesis territoriales de Vox a quien, intentando no citar expresamente para evitar el enfrentamiento directo al que sí entró Casado en la moción de censura de 2020, ha acusado de no ser constitucionalista por rechazar el Título VIII de la Carta Magna, que consagra el Estado autonómico. Mientras el dirigente del PP alaba este modelo y lo sitúa como uno de los pilares de la evolución de España desde 1978, la ultraderecha lo señala como un gran error con el que hay que terminar para volver al modelo franquista centralista y basado en la provincia.

El PP vive una suerte de paz interna desde el XX Congreso Nacional (extraordinario) que encumbró al gallego, propiciado en parte por el lento despliegue de Feijóo en Madrid y su resistencia a definir las estructuras orgánicas y parlamentarias. Las palabras de Feijóo no provocaron reacciones internas. Ayuso se ha mantenido en silencio en este caso, pese a que ambos ya han mostrado sus profundas discrepancias en público sobre cómo debe relacionarse el PP con el Gobierno de coalición o con Vox.

Pero este lunes las palabras del número tres del PP, Elías Bendodo, en una entrevista en El Mundo han supuesto una escalada en la estrategia. “Yo le he oído a Aznar afirmar públicamente que España era un Estado plurinacional, pluricultural y plurilingüístico. Eso es una realidad. Cataluña no es una nación dentro de España”, dijo el coordinador general. El también consejero de Presidencia andaluz, presidente del Comité Electoral del PP andaluz y presidente del PP de Málaga (circunscripción por la que se presenta Juan Manuel Moreno a las elecciones del 19J), añadió: “Cataluña sí es una nacionalidad del Estado español, como cualquier otra comunidad autónoma”.

“El objetivo es volver a conectar con la sociedad catalana”, apuntó. “Catalunya, en su momento en el centroderecha, dio una opción y ganó las elecciones”. Y zanjó: “Yo creo que, efectivamente, España es un Estado plurinacional”.

La reacción desde Vox fue inmediata. Su portavoz, Jorge Buxadé, planteó este lunes en Twitter: “Al PP poco le importa España. Sólo le importa el PP”. Y desde Ciudadanos, su líder en Catalunya, Carlos Carrizosa, apuntó: “El 'nuevo' PP asumiendo el discurso podemita del Estado plurinacional. Si la alternativa al sanchismo es esto, apaga y vámonos”.

El PP se asoma a sus propias contradicciones con las palabras de Bendodo. Su propio jefe de filas en Andalucía, el actual presidente Juan Manuel Moreno, pedía en junio de 2017 “que alguien del PSOE” explicase “en qué consiste la España plurinacional”.

Bendodo convocó el lunes por la tarde a la prensa en Málaga para intentar reformular su mensaje: “España es una nación indisoluble, compuesta por 17 autonomías y dos ciudades autónomas que tienen, cada una, una identidad y unas particularidades propias. El PP lo que defiende es que se puede compatibilizar y respetar las diferencias territoriales y es compatible con defender la unidad de España. Ni combatimos la particularidades ni las queremos hacer prevalecer sobre otros sentimientos. Tenemos claro que España es una nación única y respetuosa. Es lo que he dicho siempre”.

En apenas un mes llega el primer test de verdad del nuevo PP de Feijóo en las urnas. Lo liderará el barón con el que se ha repartido el poder dentro del partido. Y Vox acecha en las encuestas.

“Para una nacionalidad como la catalana, la opción más acorde con la preservación de la estabilidad y de su identidad es la recuperación de su liderazgo en España y la contribución a un Estado y una Unión Europea vigorosos”. La frase pronunciada por Alberto Núñez Feijóo en una reciente conferencia ante la plana mayor del Cercle d’Economia, una de las organizaciones empresariales más potentes de Catalunya, persigue a su autor diez días después. Y amenaza con ser uno de los elementos centrales de las inminentes elecciones andaluzas. La referencia al artículo 2 de la Constitución de 1978 fue rápidamente utilizada por la ultraderecha para atacar al dirigente gallego, quien ha respondido desde entonces en varias ocasiones con una defensa cerrada del Estado de las autonomías. Su número tres y mano derecha de Juan Manuel Moreno en Andalucía, Elías Bendodo, lo ha llevado al extremo al afirmar en El Mundo que “España es un Estado plurinacional”.

El ritmo lento de oposición de Feijóo se topa con Pegasus

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El presidente del PP quiere resituar a su partido en el escenario político catalán y desandar el camino emprendido en 2017. No fue la única vez que Feijóo habló en esos términos ante un público entregado a las tesis económicas del gallego, como demostraron las poco sutiles palabras del presidente del Cercle, Javier Faus, al líder del PP que captó un micrófono que se quedó abierto tras su alocución. “Espero no haber dicho muchos inconvenientes”, dijo Feijóo. “No, espectacular”, le respondió el empresario. En otro momento de su discurso, el jefe de la oposición sostuvo: “Una comunidad autónoma, una nacionalidad histórica como es el caso de Galicia, Catalunya y Euskadi, dialoga, acuerda o discrepa con el Gobierno central, no con el Estado”.