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Los vetos preelectorales anticipan una campaña de bloques: el 28A se elegirá entre izquierda y derecha

La ejecutiva de Ciudadanos aprueba formalmente que el partido no pactará "ni con el PSOE ni con Pedro Sánchez para un futuro Gobierno de España"

Podemos apuesta por un Gobierno de coalición con los socialistas que impulse las medidas que se han quedado en el tintero con el fin de la legislatura

El PSOE apuesta por reeditar un Ejecutivo en solitario, mientras el PP dice que no pactará "con los independentistas, los comunistas ni los socialistas de Sánchez"

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Albert Rivera, Pedro Sánchez y Pablo Iglesias. FOTO: JuanJo Martin/EFE

Albert Rivera, Pedro Sánchez y Pablo Iglesias, en un debate electoral en 2015. JuanJo Martin/EFE

En el primer trimestre de 2016 los españoles vieron cómo los vetos cruzados obligaron a repetir las elecciones al no lograrse un acuerdo que permitiera elegir un Gobierno. Durante la campaña electoral de las elecciones de diciembre de 2015, los candidatos se habían esforzado por aparecer abiertos a fórmulas transversales de alianzas postelectorales.

Tres años después y ante otros comicios que se presentan muy abiertos -a tenor de los sondeos publicados- las estrategias han cambiado radicalmente y ahora los partidos están mostrando sus cartas con mucha antelación.

El que más lejos ha ido, de momento, ha sido Ciudadanos. El Comité Ejecutivo del partido presidido por Albert Rivera ha aprobado una resolución por la que se compromete a "no pactar con Sánchez ni con el PSOE para un futuro Gobierno en España".

No se trata de una declaración de un dirigente o de una respuesta en una entrevista. Es una decisión orgánica que define el campo de juego que se han marcado en Ciudadanos para la campaña y para ese mes que separará las elecciones generales de las autonómicas, municipales y europeas de mayo. En los ayuntamientos y gobiernos regionales el partido de Rivera sí se abre a encontrarse con el PSOE, pero solo "si se ha regenerado"

Algunos dirigentes de Ciudadanos han salido a defender la decisión y a dejar claro que no tienen intención de reconducirla.

La reacción de Rivera, que ha empujado a su Comité Ejecutivo a elegir sus vetos postelectorales dos meses antes de los comicios, intenta cerrar una hipotética fuga de votos hacia al PP e incluso a Vox. Dirigentes de Ciudadanos admiten que el 11% de sus votantes han marchado al partido de Santiago Abascal y de lo que se trata ahora es de contener la hemorragia.

Vistos los antecedentes -fueron muchos los portavoces de Ciudadanos, empezando por el propio Rivera, los que rechazaron durante meses la idea de hacer presidente a Mariano Rajoy, a quien acabaron votando en la sesión de investidura-, ahora la promesa de no permitir que Sánchez siga en La Moncloa se presenta como una decisión oficial tras ser ratificada por los órganos del partido. 

En Vox e incluso en el PP recuerdan ahora que Rivera dijo en múltiples ocasiones que nunca haría presidente a Mariano Rajoy y que acabó haciéndolo, con la ayuda de buena parte del grupo parlamentario socialista que se abstuvo.

El PSOE, por su parte, aspira a seguir gobernando como hasta ahora: en solitario. El secretario de Organización, José Luis Ábalos, decía este lunes preferir un "Gobierno monocolor" como el que ha dirigido Pedro Sánchez durante ocho meses y que no ha logrado sacar unos Presupuestos Generales.

La estrategia de Ferraz busca desvincularse así del debate sobre los pactos postelectorales y desligarse de las campañas que lo relacionan con los independentistas. Preguntado durante la noche del lunes en TVE sobre si contemplaba volver a aceptar los votos de los partidos independentistas, Sánchez no negó que esté abierto a recibirlos, pero subrayó que su partido se ha entendido con otras formaciones políticas. "Como tampoco me cierro a acordar con Podemos y Ciudadanos, como hemos hecho últimamente", dijo el presidente del gobierno a las preguntas de Carlos Franganillo sobre hipotéticos apoyos del independentismo.

El objetivo de los socialistas es también dejar de aparecer ligado a Unidos Podemos como su "socio preferente".

La crisis desatada en el partido de Pablo Iglesias tras la espantada de Íñigo Errejón en Madrid y las encuestas a la baja empujan a algunos dirigentes del PSOE a mirar a Ciudadanos, con quienes podrán entenderse mejor sus barones más críticos, como Emiliano García-Page o Javier Lambán. 

Pero el veto de Ciudadanos cierra esa puerta y sitúa al PSOE a la izquierda del tablero. Allí le sigue esperando Unidos Podemos. La coalición (todavía pendiente de ratificarse) ha bloqueado ya cualquier opción de entendimiento con los socialistas si Ciudadanos está por medio. Lo hizo el pasado viernes la portavoz parlamentaria, Irene Montero, tras anunciarse la convocatoria electoral. "Es imposible pactar con Ciudadanos, que no tiene propuestas para mejorar la vida de la gente y que se ha situado del lado de la extrema derecha y del lado de quienes dicen que el aborto en España no es un derecho", aseguró.

Y lo ha ratificado en las últimas horas Noelia Vera, portavoz del Consejo de Coordinación de Podemos: "Ciudadanos está situado en la derecha cada vez más radical. Hay que ir a Andalucía y ver cómo está el pacto con Vox. Ciudadanos es lo mismo o peor que Vox".

En Podemos, y en Ciudadanos, tienen grabado a fuego que el juego a dos bandas del PSOE en 2016 deparó una repetición electoral en la que ambos perdieron votos. El shock llevó a ambas fuerzas a tener una pésima relación que no ha hecho más que empeorar en estos dos años largos de legislatura. Ni rastro del espíritu del Tío Cuco.

Por último, el PP también ha dejado muy claras sus intenciones postelectorales. "Con quien no vamos a pactar es con los independentistas, ni con los comunistas, ni con los socialistas de Sánchez", aseguró Pablo Casado este mismo lunes.

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