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Silfio: la preciada especia romana que desapareció

Detalle de la copa de Arcesilao, del siglo VI a. d. C.

Para los romanos era una de las especias y hierbas más valiosas que existían y se usaba para todo: en perfumería, sus tallos y hojas como verdura, para aliñar platos, como aditivo para darle aroma al vino y como pienso para alimentar ovejas, cuya carne se consideraba un manjar de lujo, y también como medicamento en ungüentos y curas. Aunque de sus muchos usos ninguno tan importante como una concocción de su resina que se usaba como afrodisiaco y anticonceptivo. Se llamaba silfio (silphium o laserpicio en latín) y era tan valiosa que Julio César consignó un cargamento de 150 kg como parte del tesoro oficial de Roma.

En cerámicas griegas aparece como motivo iconográfico como en la imagen, que corresponde a Arcesilao II de Cirene pesando silfio que adorna el Kílix de Arquesilas.

Sabemos quesera planta sólo crecía en la Cirenaica, una región de la actual Libia; que era un pariente del hinojo y de hierbas aromáticas como la asafétida (de intenso, aunque desagradable olor) y que era tan valiosa que hizo rica a su región, que incluso la usaba como emblema en sus monedas.

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Maria Goeppert Mayer, la última ganadora de un Nobel de Física

Maria Goeppert Mayer, la última ganadora de un Nobel de Física

Sólo dos mujeres están entre los ganadores del prestigioso premio Nobel de Física y la última lo consiguió en 1963, hace ya 54 años: se llamaba Maria Goeppert Mayer y a lo largo de su carrera recibió varios apodos como la Bella de Gottingen o la Madonna de la Cebolla. Nacida en un pueblo alemán en lo que hoy es Polonia se aficionó a las matemáticas desde la infancia pero tuvo que estudiar en un instituto creado por sufragistas para poder presentarse al examen de ingreso en la universidad de Gottingen, que superó; allí entró en contacto con la física de la mano de Max Born (futuro Nobel él mismo) justo cuando se desarrollaba la teoría cuántica.

Tras su graduación se mudó a los EE UU con su marido e investigó en física tanto en la universidad John Hopkins como en Columbia, pero sin salario; estaba allí en calidad de esposa de un profesor, no como investigadora ya que las esposas de los profesores no podían ser empleadas. Como anécdota en 1941 fue aceptada como miembro de la Sociedad Física de América en una carta encabezada ‘Querido Señor’. Durante la Segunda Guerra Mundial trabajó en el Proyecto Manhattan, pero cuando su marido se mudó a Chicago tras la guerra de nuevo tuvo que aceptar un puesto ‘voluntario’ en aquella universidad. En aquellos años Maria desarrolló el trabajo por el que recibió el Nobel: a partir del análisis de las distintas cantidades de elementos presentes en el Universo y la relación entre esas cantidades descubrió que la estructura del núcleo atómico está formada por capas, como una cebolla; de ahí el apodo que le puso el físico Wolfgang Pauli. Su idea también permite explicar por qué algunos núcleos son más estables que otros, y sigue siendo fecunda y clave en la actual física cuántica y en la teoría atómica. Maria Goeppert Mayer fue nombrada (por fin) catedrática de física en la Universidad de San Diego en 1960, donde trabajó hasta su muerte en 1972. 

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¿Esconde el iceberg Larsen-C un 'arca de Noé' de nuevas especies?

Grieta en Larsen-C fotografiada en 2016

Hace pocas semanas se desprendió de la plataforma antártica Larsen-C un famoso y descomunal iceberg, el más grande jamás registrado con un billón de toneladas de hielo, casi 6.000 km2; es decir el tamaño de Delaware o La Rioja, dos veces Luxemburgo, Mallorca, México DF o París, 10 veces Madrid, etc. El ingente bloque de hielo está ahora separándose del resto de la plataforma, lo cual está dejando al descubierto 5.800 km2 de fondo marino que llevan al menos 120.000 años cubiertos por una capa de hielo.

Y no sabemos qué hay allí, por lo se está iniciando una verdadera carrera para llegar antes de que la luz del sol que esa zona lleva todo ese tiempo sin ver lo cambie todo. Porque sabemos que hay maravillas allá abajo.

En 2005 la rotura de un iceberg menor descubrió un pedazo de fondo marino, y afortunadamente una expedición que estaba por allí fotografío cosas increíbles: el suelo estaba cubierto de una especie de telaraña blanquecina formada por bacterias quimiolitótrofas entre las cuales había enormes almejas que también se alimentan de sustancias químicas.

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La Inteligencia Artificial es capaz de predecir el fracaso matrimonial

El matrimonio, o la vida en pareja en general, es una empresa complicada. Vivir con otra persona con sus propias manías, particularidades, intereses y talentos es un continuo ejercicio de malabarismo que a veces fracasa.

Desde las investigaciones del psicólogo John Gottmann sabemos que se pueden detectar indicios que permiten predecir si una pareja será capaz de perdurar incluso en las fases iniciales de su relación; cuestiones como el respeto a las opiniones de la pareja, el modo de resolver los conflictos e incluso el tono de voz y la forma de hablarse el uno al otro pueden predecir si ese emparejamiento tiene visos de futuro, o no.

Ahora otro grupo de psicólogos acaba de publicar un artículo en el que han entrenado a una Inteligencia Artificial (IA) para que haga un análisis de parejas en terapia matrimonial; la IA ha conseguido una elevada tasa de acierto (del 79,3%) en cuanto a predecir el éxito de la terapia, es decir, si la pareja en cuestión sobreviviría como tal o no.

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Ánimo contagioso, los cuadernos perdidos del Congo y Tsien Hsue-shen, padre de la astronáutica china

Nuestras madres tenían razón: es importante escoger buenas compañías porque tan influyente es para los humanos la conexión con otras personas que, según recientes investigaciones, el estado de ánimo se puede contagiar entre miembros de un grupo como una enfermedad. Investigadores estadounidenses utilizaron datos de un gran estudio sobre el ánimo de adolescentes en institutos EE UU a lo largo de muchos años y descubrieron que los chavales integrados en un grupo de amigos con peor estado de ánimo tendían ellos mismos hacia el enfurruñe y el mal rollo, y lo que es peor; tenían mayores dificultades para animarse y salir del hoyo.

Afortunadamente y, según este mismo estudio, el efecto, aunque detectable, no es lo suficientemente intenso como para provocar depresión: aunque el ánimo de los que nos rodean y están más próximos nos influye, esta influencia por sí sola no es capaz de empujarnos hacia una patología. Para determinar el estado de ánimo, el estudio utiliza marcadores como el apetito, el sueño o el cansancio, y el análisis matemático demostró que, en efecto, en las redes de conexión entre adolescentes (sociogramas) los indicadores de mejor o peor ánimo tienden a extenderse por contagio social. O sea que, según con quien vayas, así te sentirás, al menos en parte.

Para saber qué le espera al clima del planeta en estos tiempos de calentamiento global y contaminación es importante conocer con el mayor detalle posible cuáles son los mecanismos exactos de su respiración; los ciclos geoquímicos por los que diversos contaminantes pueden llegar al aire y desaparecer de él.

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Cómo reconocer una Inteligencia Artificial (y por qué darle la bienvenida)

El robot Pepper

Inteligencia artificial (IA); los medios están llenos de apocalípticas profecías sobre lo que le va a hacer a nuestra economía, y de aún más apocalípticas advertencias de que puede suponer el Fin de la Humanidad. Gente tan seria como Elon Musk o Stephen Hawking nos han avisado del peligro que supone para nuestra supervivencia la emergencia de sistemas no humanos que igualen o incluso superen nuestro nivel de inteligencia; se habla de superinteligencias nacidas de una Singularidad tecnológica, de programas tan listos que diseñan programas aún más listos hasta dejar a los humanos a la altura de una hormiga o un protozoo. Sin contar con los numerosos avisos de la ciencia ficción sobre el peligro de los robos (Robocop o Terminator), replicantes (Blade Runner, Ex Machina) o incluso asistentes de voz como Siri (Her, Black Mirror).

Curiosamente definir cuándo estamos en presencia de una Inteligencia Artificial no es tan sencillo; en algunas de esas películas la dificultad de separan las mentes artificiales de las naturales forma parte del argumento, como el test Voight-Kampff de Blade Runner o el argumento mismo de Ex Machina, y en ciencia existe el experimento mental del Test de Turing. Porque reconocer cuándo lo que estamos viendo es inteligente no es sencillo: la definición de inteligencia no es única e incontestable, y puede ser que cuando surja una verdadera IA no sea tan fácil de reconocer. O puede ser que ya hayamos visto el tipo de reacción que provocará cuando surja, porque ya ha surgido, al menos en algunos campos. Un ejemplo es el rostro del maestro de Go Lee Sedol ante el movimiento 102 del programa diseñado por Google AlphaGo durante la segunda partida de su enfrentamiento hace unos meses. El programa decide colocar una ficha blanca en la parte superior izquierda del tablero, y el maestro humano tiene una reacción muy humana.

Primero, pasmo; puede verse cómo está pensando algo parecido a ‘pero ¿qué diablos?’ en coreano. Y de repente, sorpresa: Lee Sedol comprende lo que AlphaGo acaba de hacer. En palabras de uno de los comentaristas de la partida, un movimiento que ningún humano hubiese hecho jamás. Pero que Lee Sedol descubre, cuando lo procesa, que es una genialidad: un destello de inteligencia literalmente inhumana. Literalmente sobrehumana.

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Kakapo: una especie secuenciada entera, los azules huevos de los dinosaurios y Juan Valderrama, joven astrónomo

Ilustración de un kakapo

En las islas a menudo hay animales raros y ninguno tan raro como el Kakapo: un loro enorme e incapaz de volar que vive en zonas remotas de Nueva Zelanda y que acaba de convertirse en la primera especie del planeta de la que conocemos su genoma completo porque todos sus individuos han sido secuenciados. Desgraciadamente esto se debe a que sólo quedan 153 ejemplares: es un animal grande, torpe, con costumbres poco saludables como quedarse inmóvil ante el peligro y con un olor muy particular y característico (que quien lo ha experimentado describe como muy agradable). Desde la llegada de los maoríes en el siglo XIII y después la de los británicos en el XIX los cazaron con tal gusto y facilidad que se pensó se habían extinguido. Pero una población apareció en una remota isla en 1977 y desde entonces el gobierno neozelandés los cuida con esmero; hace unos pocos años eran tan sólo 129, ahora hay 153. El último intento para facilitar su conservación es secuenciar su genoma, y se ha conseguido hacerlo de todos y cada uno de los supervivientes, gracias a un crowdfunding que ayudó a obtener los dineros. Ahora se estudiará su composición genética para ver si hay algún modo de facilitar que la especie siga existiendo. 

Los azules huevos de los dinosaurios

Los mirlos americanos o mirlos robin, que tienen el pecho de color rojo, tiñen de un brillante color azul sus huevos. Pero la mayoría de las aves, los reptiles como cocodrilos, tortugas o lagartos y los pocos mamíferos que ponen huevos como el equidna y el ornitorrinco tienen huevos de color blanco. Debido a ello se daba por supuesto que los huevos de dinosaurio, hallados a veces incluso en nidos perfectamente preservados desde hace decenas de millones de años, eran también blancos. Pero se acaba de publicar un análisis químico de cáscaras de huevos de dinosaurios hallados en el este de China que muestra que al menos una especie de dinosaurio de pico de loro, Heyuannia huangi, tenía huevos de color azul. Este dinosaurio herbívoro similar a un avestruz pequeño de unos 2 m de largo y con pico y plumas tenía huevos cuya cáscara contiene trazas químicas de dos pigmentos azul-verdosos comunes en los huevos de aves como el mirlo primavera. La coloración además encaja con el tipo de nido en tierra y en zonas despejadas donde el color probablemente ayudaba a que se vieran menos entre las plantas. Lo interesante es que cada vez más cosas que pensábamos eran propias de las aves resulta que las han heredado de los dinosaurios: las plumas, ciertos comportamientos de cortejo como las danzas, y ahora los huevos coloreados. Cada vez está más claro que los dinosaurios jamás se extinguieron: siguen viviendo a nuestro alrededor, revoloteando. 

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El planeta donde las bacterias mandan

Los peces no notan lo que es el agua porque viven en su interior y algo parecido nos pasa a los seres vivos de la Tierra pero con un océano de bacterias. Resulta que estamos rodeados (y rellenos) de inimaginables cantidades de microorganismos que interactúan con nosotros y con nuestro entorno de modos que apenas estamos empezando a descubrir y entender. Los estudios de la microbiota en nuestro interior se llevan buena parte de los titulares porque se relacionan con nuestra salud, pero estamos descubriendo que microbiomas hay en todas partes; en los seres vivos y en los mares, en los ríos y en la atmósfera, en los suelos y en las tormentas. Y los microorganismos que los conforman no se limitan a sobrevivir, sino que modifican su entorno en aspectos clave y al hacerlo determinan la fertilidad de los campos, los regímenes de lluvias e incluso la temperatura global. En la Tierra, nuestro hogar, en realidad mandan los microorganismos, como estamos descubriendo.

Así acabamos de entender la importancia del microbioma de las tormentas, cuyos vientos dominantes recogen bacterias y las transportan a veces a centenares o miles de kilómetros modificando la composición  del suelo de una región. Según investigadores israelíes las tormentas levantan polvo, que contiene bacterias, de modo que las tormentas pueden llevar de un lado a otro enfermedades o resistencias a antibióticos, y también podrían influir en ciclos geoquímicos y explicar diferencias de fertilidad o de composición de suelos. La fertilidad agrícola de una región puede así depender de cómo está situada respecto a los vientos o tormentas dominantes. Y no sólo la composición de los suelos depende de su microbioma.

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