Sobre este blog

@Retiario estudió biología pero siempre quiso aprender y contar historias reales. En tiempos remotos fue paleontólogo, pero desde hace décadas es periodista y profesor de periodismo. Cree en la ciencia, la tecnología y el poder de la humanidad para cambiar las cosas para bien, si se aplica. Pasa la mayor parte de su tiempo en Internet y es un firme defensor de la pluma (y la red) frente a la espada.

La justicia y los bebés

Imagen de Danielvaz99 - trabajo de photopaint, CC BY-SA 3.0.

Muchos animales tienen un sentido innato de la justicia; por ejemplo hay monos que cuando se les entrena para hacer un trabajo a cambio de una golosina protestan si se paga diferente a distintos individuos por hacer lo mismo.

Esto también pasa con los niños humanos, incluso cuando son tan pequeños como para no haber aprendido aún a hablar: bebés de entre 18 y 30 meses esperan por ejemplo que el reparto de un plato de galletas entre varias personas sea justo (para saberlo se mide el tiempo que los niños contemplan una pequeña obra de teatro escenificada con marionetas; la intensidad de su mirada está relacionada con su sorpresa ante la situación). Incluso de muy pequeños esperamos justicia y nos rebelamos cuando no la hay.

Lo curioso es que también esperamos prejuicios: los bebés quieren justicia en el reparto cuando hay galletas para todos, pero si no hay suficientes esperan que el reparto sea injusto a favor de quien reparte.

Enfrentados a una escena con pocas galletas, una marioneta de jirafa, otra de mono y un mono encargado del reparto los bebés se sorprendían cuando el mono repartidor favorecía a la jirafa.

Esto quiere decir que venimos al mundo con instintos sociales que favorecen la cooperación mediante el reparto justo cuando los recursos son suficientes, pero también favorecen privilegiar al grupo cercano frente a otros grupos cuando los recursos no bastan. Justicia estricta cuando hay para todos, los míos primero cuando no hay bastante.

Claro que los humanos nos caracterizamos por la capacidad de aprendizaje; que vengamos con ciertos instintos preinstalados no significa que no podamos aprender a sobreponernos y superar nuestras tendencias iniciales.

Que los bebés traigan de serie una tendencia a los prejuicios no significa que no podamos quitárnoslos de encima, como hemos hecho con muchas otras de nuestras preconcepciones biológicas. Y contamos con ese instinto basal por la justicia que puede servirnos para construir una sociedad mejor.

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Publicado el
20 de mayo de 2018 - 21:17 h

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