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Girando la mirada

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Casi lo peor de la discapacidad son los otros. Los otros marcan la diferencia en nuestras vidas. Esa mirada de prejuicio y su incomprensión son la mayor barrera a la que nos enfrentamos. Aunque las personas con discapacidad no formamos un bloque homogéneo.

Hay discapacidades que se comprenden, que generan miradas compasivas, que a fuerza de concienciación social y pedagogía de la discapacidad, saca lo mejor de los otros. Un brazo que te ayuda a cruzar la calle, porque eres ciego; alguien que te pregunta si necesitas ayuda, porque ve tu dificultad. Los otros, vosotros, habéis aprendido que las personas con discapacidades evidentes tenemos ciertas dificultades. Pero también hay discapacidades que no se ven, que no saltan a la vista como la ceguera o el síndrome de Down.

A un alumno ciego se le lee la pizarra en voz alta, a uno con síndrome de Down se le anotan los deberes en la agenda. Pero hay muchas neurodivergencias que pasan desapercibidas para los demás, porque no se ven. Son invisibles, como el autismo o el TDAH, para que quien lo tiene, situaciones comunes y corrientes son una fuente de estrés. Y necesitan que giremos nuestra mirada hacia ellos.

Para esas personas no es fácil explicar su necesidad de ayuda, ni pueden vivir explicando sus síntomas cada vez que encuentran una situación con la que no pueden lidiar.

Una manera de visibilizar esa condición es llevando un cordón verde con estampado de girasoles. Es una forma visible de indicar que el portador del distintivo es una persona con una discapacidad no evidente a simple vista que puede necesitar ayuda.

Se puso en marcha en el aeropuerto de Gatwick (Reino Unido) en 2016, para que su personal pudiera brindar ayuda a esas personas que tienen discapacidad oculta o invisible. Aunque no es muy conocida en España aún, ya empieza a extenderse.

Comencé escribiendo que casi lo peor de la discapacidad son los otros. Pero termino añadiendo, lo peor y lo mejor, porque cuando los otros conocen y comprenden, giran sus miradas y se encuentran con las nuestras. Y, entonces, todo es un poco mejor.

Casi lo peor de la discapacidad son los otros. Los otros marcan la diferencia en nuestras vidas. Esa mirada de prejuicio y su incomprensión son la mayor barrera a la que nos enfrentamos. Aunque las personas con discapacidad no formamos un bloque homogéneo.

Hay discapacidades que se comprenden, que generan miradas compasivas, que a fuerza de concienciación social y pedagogía de la discapacidad, saca lo mejor de los otros. Un brazo que te ayuda a cruzar la calle, porque eres ciego; alguien que te pregunta si necesitas ayuda, porque ve tu dificultad. Los otros, vosotros, habéis aprendido que las personas con discapacidades evidentes tenemos ciertas dificultades. Pero también hay discapacidades que no se ven, que no saltan a la vista como la ceguera o el síndrome de Down.