Las aguas residuales desbordan a España, incapaz de depurar el volumen de vertidos que genera
España es incapaz de depurar la inmensa cantidad de aguas residuales que genera. Los constantes vertidos a ríos, acuíferos o la costa de agua llena de impurezas hace que, recurrentemente, la Comisión Europea lleve casos a la justicia (y los magistrados acaben condenando a España).
La última vez que han sacado los colores al país fue recientemente, a finales de abril, cuando Bruselas señaló otros 52 municipios donde no se cumple la normativa de “recogida, tratamiento y control”, pero es que “se trata de un problema extendido que está por todo el país”, explica el responsable del programa de aguas de WWF Alberto Fernández Llop.
De esta última remesa de infracciones, un funcionario de la Comisión desgrana a elDiario.es, aunque sin concretar localidades, que son 16 aglomeraciones urbanas en Andalucía, 13 en las Canarias –de las que cinco en Tenerife, tres en Fuerteventura, tres en La Palma y una en El Hierro y La Gomera–, seis en Castilla y León, cinco en Asturias, otras cinco en Balears (cuatro en Mallorca y una en Ibiza), cuatro en Castilla-La Mancha, dos en Galicia y una en la Comunitat Valenciana.
Llop subraya como una de las claves del problema que “a la hora de invertir nadie quiere coger el toro por los cuernos y asumir el desgaste político de pagar”. A eso se le suma que “la cuestión es difusa debido a que, en ocasiones, no se sabe quién debe asumir la responsabilidad”. Por ejemplo, “no sirve de nada tener una depuradora que ha construido alguien y ya está. Hay que mantener esa infraestructura. Y eso también es dinero, pero como los vertidos acaban en el río y los peces y los bosques de ribera no hablan, ni tienen voz, ni votan pues no generan alarma social”.
La dimensión
España genera al año unos 20.000 hm³ de aguas residuales –con materia orgánica e inorgánica nociva proveniente de las actividades humanas–. “Realmente, es difícil imaginar y visualizar la magnitud de esa cantidad”, admite el propio Censo Nacional de Vertidos. Esa agua equivale a un tercio de la capacidad de todos los embalses españoles juntos o llenar seis veces el pantano más grande de España, el de la Serena.
Hay que asumir que somos grandes productores de agua residual. El volumen que se consume se ha convertido en un símbolo de estatus, pero esa agua hay que depurarla y sin embargo a la falta de inversión se le une que no se está haciendo pagar al que contamina
El panorama que describe el censo muestra que las cinco demarcaciones hidrográficas con más volumen de vertido concentran más del 54 % de las aguas residuales generadas. Entre ellas, la del Ebro ronda los 3.000 hm³, la de Galicia-Costa supera los 2.000 hm³, las del Cantábrico Occidental y el Segura se aproximan a esa cantidad y la del Tajo supera los 1.600 hm³. Aunque los vertidos industriales son los más abundantes (75% del total), las condenas y multas contra España se deben, sobre todo, a la falta de tratamiento de las aguas urbanas.
Los vertidos contaminan todo tipo de aguas. El 1,1% llega a los acuíferos subterráneos. El 43% se tiran a ríos o lagos y más de la mitad se vierten directamente al mar o sobre la costa.
No es un capricho
Depurar no es un capricho verde: los vertidos al agua causan daños ecológicos evidentes, pero también están afectando al consumo humano en España. Lo que se vierte puede filtrarse al suministro de las poblaciones. Sin ir más lejos, un grupo de municipios del norte de Segovia y sur de Valladolid tienen problemas recurrentes de niveles excesivos de arsénico en el suministro de agua que tienen que beber sus vecinos. Más de 200.000 personas viven en áreas con problemas de contaminación en el agua que sale de sus grifos.
“Hay que asumir que somos grandes productores de agua residual”, reflexiona Fernández Llop. “El volumen que se consume se ha convertido en un símbolo de estatus, pero esa agua hay que depurarla y, sin embargo, a la falta de inversión se le une que no se está haciendo pagar al que contamina”, insiste el ecologista. Se refiere a que pocos municipios hacen pagar por los gastos de depuración “porque el desgaste político, electoral, de exigir ese pago no lo quiere ningún alcalde”.
Ya desde 2004 sabemos que uno de los problemas para tener buena calidad de las aguas es que se depura mal. Es un poco desesperante porque parece que a las administraciones les merece la pena seguir incumpliendo la normativa y que se pague la multa
La problemática historia de España con sus aguas residuales viene de antiguo. “Ya desde 2004 sabemos que uno de los problemas para tener buena calidad de las aguas es que se depura mal”, cuenta el coordinador de aguas de Greenpeace, Julio Barea. “Es un poco desesperante porque parece que a las administraciones les merece la pena seguir incumpliendo la normativa y que se pague la multa”.
Esta situación ha provocado, hasta el momento, tres grandes sentencias europeas. La primera data de abril de 2011 cuando se constató el incumplimiento de las normas establecidas en una directiva de 1991 en 43 aglomeraciones urbanas (de más de 15.000 habitantes cada una). El límite para implementar las medidas de depuración se había trazado en el año 2000.
La segunda sentencia fue en 2018 por no cumplir con el primer fallo de siete años antes. Esta vez se condenó a pagar 12 millones de euros más otros 10,9 millones cada semestre mientras no se solventara la situación. A pesar de restar un porcentaje a esa cantidad según se iban poniendo en marcha las infraestructuras, la multa sigue viva.
Lejos de atajarse la situación, el 18 de diciembre de 2025, los magistrados europeos volvieron a condenar a España por el mismo asunto. Otras 32 aglomeraciones urbanas incumplían alguna de las obligaciones de depuración. Y en 49 no se controlaban los vertidos para comprobar que se respetaban los niveles de sustancias autorizados. No hay multa, pero es el primer paso para que, en caso de reiteración, la Comisión Europea repita la jugada de 2018 y pida sanción económica para España.
Julio Barea resume que “parece un problema que pasa desapercibido para la mayoría, pero quienes lo padecen lo tienen muy presente”. Con todo, concluye, “los vertidos de agua infecta hacen que se pierda un patrimonio natural como son los ríos, que nos los cargamos y no pasa nada”.