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EEUU cancela un macroestudio sobre los beneficios del alcohol que estaba financiado por esa industria

El estudio, que ha recibido casi 70 millones de dólares de empresas alcoholeras, obviaba los posibles daños causados por al alcohol

"Da la sensación de que este ensayo se había creado para maximizar las posibilidades de mostrar un efecto positivo del alcohol", afirma el director de los Institutos Nacionales de Salud de EEUU

"La industria alcoholera sigue tratando de defender esta hipótesis, pero sigue sin haberse demostrado que el alcohol tenga ningún efecto cardioprotector en cantidades bajas", asegura el presidente de Sociodrogalcohol

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Según la OMS no existe una cantidad segura de consumo de alcohol

Según la OMS no existe una cantidad segura de consumo de alcohol

La pasada semana el director de los Institutos Nacionales de Salud (NIH, por sus siglas en inglés) decidió suspender un macro estudio de 100 millones de dólares que pretendía demostrar que el consumo moderado de alcohol es beneficioso para la salud. La decisión se produjo tras una investigación interna que detectó excesivas conexiones entre los investigadores y cinco multinacionales de la industria alcoholera. Además, los responsables de la agencia consideran que el estudio se había diseñado para obviar los posibles perjuicios del alcohol.

Los resultados de la investigación interna del NIH, hecha pública el pasado 15 de junio, mostraron toda una serie de "irregularidades significativas en el proceso de financiación", algo que "socavó la integridad del estudio", según se puede leer en el informe de la primera de las dos investigaciones anunciadas el pasado mes de mayo por el director de la agencia norteamericana, Francis Collins.

El anuncio de Collins se hizo tras la publicación de una información en el New York Times el pasado mes de marzo, en la que se aseguraba que el investigador principal del estudio, el profesor del Beth Israel Deaconess Medical Center, Kenneth Mukamal, y sus colaboradores habían pedido fondos directamente a varios grupos de la industria alcoholera entre 2013 y 2014.

Un proyecto de casi 100 millones de dólares

De los casi 100 millones que ha recibido el proyecto, 67.7 millones provienen de donaciones de cinco compañías alcoholeras: la multinacional holandesa Anheuser-Busch InBev (dueña de Budweiser o Stella Artois), la británica Diageo (que produce Smirnoff, Johnnie Walker o Baileys), la francesa Pernod Ricard (dueña de Chivas Regal, Beefeater o Havana Club), la danesa Grupo Carlsberg y la neerlandesa Heineken (que también es propietaria de Amstel o Cruzcampo).

El análisis de los correos electrónicos realizado por la Oficina de Evaluación Administrativa del NIH, demuestra que, tal y como aseguraba el rotativo norteamericano, los responsables del proyecto estuvieron en contacto directo con las cinco compañías y que, además, éstos eludieron conscientemente informar de ello al NIH, tal y como exige la normativa sobre conflicto de intereses de la institución.

El resto de la financiación había sido aportada por uno de los centros del NIH, el Instituto Nacional de Abuso de Alcohol y Alcoholismo (NIAAA, por sus siglas en inglés), que había asegurado una inversión de 20 millones de dólares. Varios miembros de este centro también se han visto envueltos en la polémica al aconsejar a Mukamal y sus colaboradores sobre la forma de maniobrar para saltarse las normas del NIH.

Un estudio diseñado a medida de la industria

Las irregularidades señaladas en el informe no solo han afectado a la financiación del proyecto, sino también el diseño del estudio, algo que ya había sido advertido por varios miembros del NIH que revisaron el proyecto en 2016 y que concluyeron que el estudio era demasiado pequeño para extraer conclusiones significativas y que sus hallazgos podrían ser parciales.

El análisis de los correos muestra que los responsables del proyecto reconocieron que el estudio estaba centrado en los beneficios y el informe concluye que los ensayos se diseñaron de tal forma que no se podrían detectar los posibles daños, como un aumento en distintos tipos de cáncer o la insuficiencia cardíaca, algo que, según los responsables del NIH, "arroja dudas sobre su credibilidad".

Según declaró el director del NIH el día que anunciaba la suspensión del este estudio, "da la sensación de que este ensayo se había creado para maximizar las posibilidades de mostrar un efecto positivo del alcohol", por lo que "es entendible que a la industria de bebidas alcohólicas le gustase esta opción".

Una hipótesis controvertida y contraria a la OMS

El estudio pretendía probar la hipótesis de que el consumo de una bebida alcohólica al día (aproximadamente unos 15 gramos de alcohol al día) no solo no es perjudicial, sino que tiene efectos preventivos para la salud cardiovascular, algo que ya habían sugerido algunos estudios epidemiológicos anteriores pero que no se ha demostrado.

"Decir que el consumo de ciertas cantidades de alcohol, por pequeñas que sean, es bueno para la salud, es mentira", afirma con rotundidad presidente de Sociedad Científica Española de Estudios sobre el Alcohol, el Alcoholismo y otras Toxicomanías, Francisco Pascual. "La industria alcoholera sigue tratando de defender esta hipótesis, pero la realidad es que  sigue sin haberse demostrado que el alcohol tenga ningún efecto cardioprotector en cantidades bajas".

En este sentido, un estudio reciente publicado en la revista médica The Lancet, mostró que la ingesta de pocas cantidades de alcohol puede tener cierto efecto protector contra los infartos de miocardio, pero no contra el resto de enfermedades cardíacas. "Al final, el riesgo asociado al consumo de alcohol es muchísimo mayor que los posibles beneficios", asegura Pascual.

Además, este estudio también disminuyó la frontera de lo que se considera consumo de bajo riesgo hasta los 100 gramos de alcohol a la semana. Por su parte, la Organización Mundial de la Salud estableció en su informe de 2014 que no existe ningún nivel de consumo de alcohol seguro, dado que incluso a cantidades bajas aumenta la probabilidad de aparición de ciertos tipos de cáncer.

Pascual se ha mostrado muy crítico con la participación de empresas alcoholeras en estudios científicos y asegura que "no se pueden presentar estudios que estén financiados por marcas de bebidas alcohólicas, porque el conflicto de interés es tan grande que el estudio carece del rigor necesario para poder ser considerado seriamente".

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