José Cobo, el 'aperturista' de la Iglesia española que sale reforzado tras el viaje del Papa como futuro jefe de los obispos
“Don José, hoy la Iglesia de Madrid ha hecho un golazo”. El Papa León XIV se despedía así de los fieles en el acto celebrado en el Santiago Bernabéu, antes de encontrarse con Bad Bunny, con quien coincidio durante su visita a la ciudad. A su lado, como a lo largo de todos los días en la capital, se encontraba el cardenal José Cobo, actual vicepresidente de la Conferencia Episcopal y nombrado, contra todo pronóstico, arzobispo de Madrid por el Papa Francisco.
Cobo, que conoce a Prevost desde su época de prefecto del Dicasterio de Obispos —ambos fueron nombrados cardenales a la vez y formaban parte del mismo equipo que se encarga de designar a la cúpula episcopal en todo el mundo—, fue ‘bendecido’ por León XIV, ‘señalado’ como su hombre de confianza en España.
Cuando se planteó el viaje a nuestro país, con los pórticos del centenario de la muerte de Gaudí (Barcelona) y el viaje a la frontera atlántica de la migración (Canarias), pensados pero nunca llevados a cabo por Francisco, fue Prevost quien llamó a Cobo para proponerle empezar el primer viaje de un pontífice a España en 15 años por Madrid. Y, desde ahí, lanzar un mensaje ‘político’ al país y al mundo.
Y es que este no fue, estrictamente, un viaje a España, por más que los altos responsables de la Conferencia Episcopal intentaran, una y otra vez, apropiarse de la gestión de la visita papal, sino tres viajes a tres zonas muy concretas. Así, Madrid sería la sede del poder político y económico, con mensajes claros defendiendo el multilateralismo, la política de pactos o la lucha contra la polarización —especialmente importantes fueron sus discursos en el Palacio Real, y la inédita alocución papal en el Congreso—.
Barcelona, la cuna de la cultura —con esa impresionante puesta en escena en la Sagrada Familia— y el encuentro con las realidades sociales, también en catalán. Y Canarias, con un llamamiento a la sociedad europea para afrontar el desafío de la acogida a los migrantes, la lucha contra las mafias y la apuesta por la integración frente a los “dobles naufragios”: el de los cayucos y el de la ‘prioridad nacional’.
Pero, además, Madrid supuso un antes y un después en cómo la sociedad mundial, y el propio Papa, contemplaban a León XIV. Un pontífice norteamericano, que no era muy dado al contacto físico, más bien tímido en público, que a lo largo de sus cuatro días en Madrid tuvo que acostumbrarse a saludar a centenares de miles de personas que se congregaron al paso del papamóvil —600.000 personas en la vigilia de la plaza de Lima, y más de 1,2 millones en la misa de Cibeles, según cifras oficiales—, besar niños, sonreir e, incluso, improvisar.
“El Papa aprendió realmente lo que es ‘ser Papa’ en Madrid” revelan para elDiario.es fuentes cercanas al pontífice, que subrayan cómo en Barcelona, Prevost era un hombre transformado, mucho más ágil, más cercano y más profundo, algo que también se vio en Canarias. “Pero todo nació en Madrid”.
Un viaje organizado con mimo por el cardenal Cobo, que trazó cada detalle directamente con León XIV —desde noviembre hubo infinidad de viajes a Roma—, desde los discursos a los momentos más emotivos, como la decisión de entrar en Madrid por el barrio de Lucero, o el discurso dirigido a los obispos, en los que León XIV dejó clara su apuesta por el modelo de Iglesia que representa Cobo, frente a la históricamente dinámica conservadora del episcopado español. Con el baldón de la gestión del encuentro con las víctimas de pederastia, muy mejorable y que, en privado, todos sus responsables reconocen como “un error”.
Porque Prevost también ha encargado a Cobo, en su triple función de cardenal de Madrid —ahora mismo, es el único español elector que ejerce en España, porque Omella ha superado los 80 años—, vicepresidente de la CEE y miembro del dicasterio de Obispos, la tarea, que ya intentó sin éxito Francisco, de cambiar el rostro de los obispos españoles.
En los próximos dos años, habrá que nombrar más de una veintena de nuevos obispos, que sustituirán a una mayoría conservadora, que todavía mantiene los ecos del omnímodo poder que, durante décadas, mantuvo el cardenal Rouco en la sede de la Casa de la Iglesia de Añastro. Una veintena larga de nombramientos que, además, podrían cambiar las mayorías en la CEE, con la mirada puesta en las elecciones a la presidencia de la Conferencia Episcopal que habrían de celebrarse en la primavera de 2028.
A esas elecciones ya no podría presentarse, por edad, el actual presidente, Luis Argüello, quien tuvo un ínfimo protagonismo en la visita, a diferencia de la relevancia que demostraron Omella, Cobo y los obispos canarios, ni otros candidatos del sector conservador, como el polémico Jesús Sanz o el arzobispo de Sevilla, José Ángel Sáiz Meneses, muy marcado por la resolución del ‘caso Zornoza’.
En este sentido, fuentes vaticanas apuntan a que, “igual que León ha comenzado a ser Papa en Madrid”, el cardenal Cobo, después del viaje, ha de afrontar “la obligación de convertirse en el ‘Tarancón’ del siglo XXI”, acompañado por la figura del nuevo nuncio Piero Pioppo, que hasta la fecha se ha mantenido en un prudente segundo plano.
La elección del sucesor del cardenal Omella para Barcelona, prevista para la primera semana de julio, marcará, sin duda, el comienzo del cambio en el episcopado. En este sentido, el nombre del futuro arzobispo de la Ciudad Condal —llamado a ser, en tiempos de Prevost, el otro cardenal de España, pues no se esperan ‘inventos’ como los que hicieron purpurados al cardenal de Valladolid, Ricardo Blázquez, o sedes como Toledo o Sevilla—, se antoja sumamente relevante.
Aunque todas las fuentes apuntan a que Omella “se ha ganado el derecho de participar en la sucesión”, la buena sintonía entre ambos cardenales asegura que su sucesor será un estrecho colaborador de Cobo. Las figuras del actual arzobispo de Tarragona, Joan Planellas, o del obispo de Córcega, el carcenal Francisco Javier Bustillo, ganan peso frente a otras opciones, como el propio Saiz Meneses (Sevilla) o los arzobispos de Valencia (Enrique Benavent) o Pamplona (Florencio Roselló, miembro del sector renovador). Sin dejar de lado posibles “omelladas”, tal y como califican los cercanos al todavía arzobispo de Barcelona sus capacidades para sorprender con nombres fuera de las quinielas.
Tras el relevo de Omella, vendrá el trabajo más difícil: encontrar —y convencer, pues en los últimos años, según reveló la Santa Sede, tres de cada diez candidatos a obispos se niegan a aceptar la propuesta— candidatos dispuestos a implantar en la Iglesia española la sinodalidad, una relación con los poderes públicos más sana que en la actualidad y una apuesta por una Iglesia en salida, más comprometida en la lucha contra la desigualdad y menos en la ‘batalla cultural’ de la que se ha apropiado la ultraderecha autodenominada ‘católica’, y que no ha ahorrado esfuerzos en tratar de impugnar cualquier actuación de Cobo, tanto en lo tocante al trabajo con las víctimas, por los migrantes, o en la resignificación de Cuelgamuros.
Quienes le conocen afirman que el cardenal de Madrid se encuentra “tranquilo, confiado y sabedor que quedan muchas batallas que dar”. A sus 60 años, y con el horizonte de dos décadas al frente de la Iglesia española, Cobo busca ir “partido a partido”. Aunque León XIV le reconozca, como en el Bernabéu, su capacidad para marcar “golazos”.
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