El Papa ningunea a las asociaciones de víctimas pese a considerar una “plaga” la pederastia en la Iglesia
Mientras algunos supervivientes aguardaban, en vano, en la puerta de la Nunciatura, León XIV sí se reunió, por espacio de una hora, con media docena de supervivientes de abusos, que le presentaron “algunas propuestas para hacer más eficaz la respuesta de la Iglesia ante casos tan dramáticos”, que el pontífice ha calificado de “plaga”. Tal y como puede confirmar elDiario.es, las asociaciones de víctimas, las más ‘díscolas’ con la actitud de la Conferencia Episcopal en lo tocante a la pederastia clerical, no fueron invitadas, pero sí emplazadas a una nueva cita con León XIV… en el Vaticano.
Había indignación, aunque contenida, por parte de las asociaciones de víctimas, que en la mañana del lunes se concentraban a las puertas de la Nunciatura Apostólica para protestar contra “la exclusión de colectivos representativos puede generar una percepción errónea en la opinión pública, haciendo creer que existe un consenso o una satisfacción general que no se corresponde con la realidad. Esta situación incrementa el sentimiento de abandono entre numerosas víctimas”.
La familia Cuatrecasas y otra media docena de supervivientes de los abusos a menores en la Iglesia protestaban, y con razón, por su ausencia en el encuentro que, en la tarde del lunes, se ha producido entre algunas víctimas de la pederastia clerical, y el Papa León XIV.
Un Papa que esta mañana se convertía en el primer pontífice en hablar, en público, sobre los abusos en la Iglesia española. Y a hacerlo delante de los obispos, en su casa: “Uno de los encuentros más dolorosos es con aquellos que han sido heridos precisamente por quienes debían cuidarlos, incluso por miembros del clero. Ante esta plaga, la comunidad eclesial está llamada a responder con la escucha, la verdad, la justicia, la reparación y un compromiso cada vez más decidido en la prevención y la cultura del cuidado. Cada persona herida debe poder encontrar escucha sincera, acogida, protección y caminos reales de sanación”.
León volvía a denominar como “plaga” los abusos en la Iglesia, como ya hiciera a preguntas de los medios durante el vuelo que lo trajo desde Roma. No parece que, al menos en este punto, Prevost vaya a ser más tibio que Francisco.
Sin embargo, en mitad de una visita que ha supuesto un rotundo éxito de participación, civismo y organización, el encuentro con las víctimas resulta una mancha difícil de tapar. Especialmente para las asociaciones de víctimas, que desde hace años llevan a cabo un trabajo de acogida y representación de muchos supervivientes de la pederastia, y que han permanecido a las puertas de un hotel situado frente a la fachada de la residencia papal, aguardando una mano tendida. Sin resultado. “Nos han dicho lo que ya sabíamos, que no hay tutía, que no nos van a recibir hoy”, explicaba Juan Cuatrecasas, portavoz de Infancia Robada.
Un ofrecimiento “tarde y mal”
Algunos obispos se han presentado junto a ellos. Destacó el cardenal Omella, o el obispo de Barbastro-Monzón, Ángel Pérez Pueyo. También, el obispo de Santander, Arturo Ros. En un momento, según han confirmado algunas de estas víctimas a elDiario.es, se acercó a ellas el cardenal José Cobo. El arzobispo de Madrid, que desde el principio intentó un encuentro lo más representativo posible de la realidad de los supervivientes en España, explicó a los concentrados la situación actual. Y les lanzó una propuesta. ¿Cuál? “Cobo nos ha remitido a un futuro encuentro en Roma, sin fecha programada”, explica Cuatrecasas. ¿Con el Papa? “Con el Papa”.
Las víctimas no contestaron al ofrecimiento, que consideran que llega “tarde, y mal”, pero no cerraron la puerta a una hipotética recepción papal. Mientras tanto, y tras un fugaz recibimiento a la presidenta de la Comunidad, Isabel Díaz Ayuso, y al presidente del PP, Alberto Núñez Feijóo, León XIV se reunía, por espacio de una hora, con un grupo de seis víctimas de miembros del clero y de la Iglesia en España, eso sí, “acompañadas por personal eclesial comprometido con la labor de cercanía y apoyo a las víctimas”.
Así lo confirmaba la Santa Sede, que añadía cómo “cada uno de los presentes, partiendo de sus dolorosas experiencias personales, presentó al Papa algunas propuestas para hacer más eficaz la respuesta de la Iglesia ante casos tan dramáticos”.
“El Papa escuchó con afecto y atención, aseguró su cercanía —y la de toda la comunidad eclesial—, y reafirmó su compromiso para que las propuestas recibidas sirvan de base para nuevos esfuerzos, de modo que la Iglesia pueda ser verdaderamente un lugar seguro y espiritualmente saludable, donde las heridas encuentren consuelo y sanación”, concluía el breve comunicado de la Santa Sede, que no hacía referencia a las otras víctimas, de nuevo silenciadas, que aguardaban, en vano, a las puertas de la Nunciatura.
Ese encuentro fue una incógnita hasta pocas horas antes de la llegada del Papa a España. Solo unos días antes, en un escrito remitido a una víctima, la diócesis de Madrid subrayaba que “es cierto que desde el comité organizador se estuvo hablando con la delegación vaticana de ello, pero hasta el momento, en el programa oficial de la visita no se ha contemplado dicho encuentro”.
Hasta el viernes por la noche no se concretó ese encuentro, medido hasta el extremo, a puerta cerrada y sin riesgos ni sorpresas.
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