León XIV nombrará una veintena de obispos en España con la vista puesta en las elecciones de la Conferencia Episcopal
“El mapa se mueve, y en los próximos meses podremos ver hasta una veintena de cambios en el episcopado español”. Fuentes eclesiales confirman a elDiario.es que, tras la visita del Papa a España, y una vez recuperado de su operación de cáncer de pulmón, comienza el movimiento de obispos.
El nuevo nuncio, Piero Pioppo, que ya ha pasado unos meses de aclimatación, ha puesto en marcha una cascada de informes, candidatos y consultas, que ya se encuentran en el dicasterio de Obispos, de donde saldrán las ‘ternas’: tres nombres entre los que el Papa habrá de elegir a cada candidato. Movimientos complicados, con dosieres de más de 800 páginas, en los que se bucea en la vida eclesial y personal de los candidatos para evitar “sorpresas”. La pasada semana, durante un encuentro en Barcelona, el cardenal de Madrid, José Cobo, bromeó con los asistentes apuntando que Roma “tendría que abrir un departamento solo para los obispos que necesita España”.
Más allá de la broma, lo cierto es que en los próximos meses, y especialmente con la mirada puesta en la primavera de 2028, en la que se renovarán los cargos directivos de la Conferencia Episcopal (con un Luis Argüello que, por edad, no podrá presentarse, y un cardenal Cobo a quien León XIV ha vuelto a señalar como su hombre en España), la maquinaria ha comenzado a moverse, y ya no se parará. Hasta una veintena de nombramientos que podrían cambiar el rostro de la Iglesia española.
Los primeros cambios
El primer movimiento vino la pasada semana, con León XIV todavía en el hospital. El pasado viernes, el Papa nombraba a Fernando Murga y Andrés Martínez Esteban nuevos obispos auxiliares de Madrid. Un nuevo gesto de cercanía del Papa a Cobo, también miembro del dicasterio de Obispos, y que se llevó a cabo antes del que se antoja como nombramiento más relevante de todos: el del sucesor del cardenal Juan José Omella al frente de la diócesis de Barcelona. Omella, quien en abril cumplió 80 años (la edad de renuncia está en 75) es, junto a Cobo, el único cardenal en ejercicio en una diócesis española. Y esta es una de las razones que hacen relevante el proceso para designar a su sucesor. A diferencia de Francisco, que hizo cardenales a los arzobispos de Sevilla o Valladolid, todo parece indicar que León XIV sólo dará la púrpura al titular de la sede de la Ciudad Condal.
Ambos, Cobo y el sucesor de Omella, están llamados a liderar la renovación de un episcopado español que durante el pontificado de Francisco se mostró como el más refractario a las reformas emprendidas por el Papa argentino, hasta el punto de que en Roma se consideraba a España, no sin cierta sorna, la ‘excepción ibérica’.
Una vez desatascado el proceso, todo parece indicar que muchas de las sedes pendientes se cubrirán en breve. La primera (el caso de Barcelona, por su relevancia, dependerá de los tiempos marcados entre Omella y Roma) podría ser la del Obispado de Cartagena. Pero no será la única.
Cambio de cromos
En breve, habrá nuevos inquilinos en Cuenca, Mallorca, Segorbe-Castellón o Teruel, sin olvidar relevos polémicos como el del futuro obispo de Cádiz y Ceuta una vez el administrador apostólico, Ramón Valdivia, consiga ‘pacificar’ una diócesis maltratada durante el pontificado del dimitido Rafael Zornoza, quien se libró por un defecto de forma de ser juzgado tras una denuncia de abusos y que, como informó elDiario.es, sigue viviendo en un piso propiedad de la Conferencia Episcopal en Madrid.
A ello habría que sumar ‘cambios de cromos’: obispos que ya lo son y que son enviados a otros destinos. Esto podría ocurrir con el actual secretario general de la CEE, César García Magán, quien en el caso de ser elegido para liderar alguna de las diócesis sin obispos podría renunciar a su cargo, clave para las relaciones Iglesia-Estado y para el gobierno interno de la Iglesia.
Otros movimientos, en cambio, podrían llevar a unificar varias diócesis bajo el mando de una sola persona, como ya sucede en Ciudad Rodrigo y Salamanca, ambas gobernadas por monseñor Retana; o Huesca y Jaca, unidas ‘in persona episcopi’ en la figura de Pedro Aguado. Por cierto, que algunas fuentes apuntan a una posible salida del obispo de Barbastro-Monzón, Ángel Pérez Pueyo, tras la próxima resolución del ‘caso Torreciudad’, sugiriendo que Aguado asuma también dicha diócesis, con lo que englobaría todo el territorio de la provincia, en un proyecto planteado hace más de veinte años en Nunciatura pero nunca llevado oficialmente a efecto, consistente en adecuar las fronteras de las diócesis a las de las realidades provinciales, y que choca con los ‘derechos históricos’ de diócesis pequeñas, como la propia Ciudad Rodrigo, Solsona, Barbastro o Jaca.
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