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La voz de las 790.000 personas sumidas en la pobreza severa tras un año de pandemia: “Jamás me había visto en una de estas”
Pocas semanas después de que se decretase el estado de alarma, las colas de los comedores sociales se llenaron de gente que nunca en su vida había estado allí antes, personas que siempre habían podido trampear con pequeños trabajos más o menos precarios. Una de las más concurridas de Barcelona era entonces la del comedor social del Arc de Sant Agustí, en el barrio del Raval. Un año después, sigue igual de larga, de unos 100 metros. Entre los que esperan su turno, Ana, una mujer de 50 años originaria de República Dominicana, explica que apenas gana 300 euros al mes con las dos o tres horas de limpieza semanales que hace en un teatro. Todo lo que ingresa va para pagar el alquiler de un piso compartido. “No aguanto más”, reconoce.
Escribe Germán Aranda Millán.