Nuevas armas de tecnología española en la lucha contra la COVID
Cuando se inició la pandemia, la institución de ciencia pública más importante de España se lanzó un reto a sí misma: que todos los investigadores del CSIC que pudieran adaptar sus líneas de trabajo a la lucha contra la COVID-19, lo hicieran. Esta decisión, así como otros compromisos éticos que adquirieron en ese momento, ha cambiado la historia de esta agencia.
El primero de esos compromisos fue desarrollar tecnologías que llegasen a la sociedad, a la gente. El segundo fue no proteger mediante secreto industrial las tecnologías relacionadas con la COVID que desarrollase; ser públicos, abiertos y transparentes. El siguiente fue no licenciar patentes en términos de exclusividad, y así evitar los abusos, facilitar el cubrir la enorme demanda de tecnologías COVID y obligar a las empresas que compiten entre sí para bajar los precios. El cuarto, esencial, fabricar en España para crear riqueza en el entorno y puestos de trabajo de calidad y eludir la dependencia de otros países como China. Y el último, al menos de esta lista de prioridades, implicar a las empresas lo antes posible en el desarrollo del proyecto.
Escribe Elena Cabrera.