El dilema de Ayuso: dar oxígeno a Vox o fiarlo todo a la mayoría absoluta
Isabel Díaz Ayuso pulsó el botón del adelanto electoral el pasado 10 de marzo convencida de que revalidaría la presidencia de la Comunidad de Madrid. Los sondeos internos daban tal subidón al PP que anticipaban un gobierno sin la compañía incómoda de Ciudadanos, un partido y unos dirigentes con los que Ayuso nunca tuvo sintonía, pese a sentarse con ellos en un Consejo de Gobierno incapaz de aprobar unos presupuestos y que solo sacó adelante una norma, la enésima reforma de la ley del suelo. El plan era cambiar de socio porque a diferencia de otros líderes regionales, Díaz Ayuso nunca se ha sentido incómoda con la extrema derecha, que tiene en Madrid uno de sus principales caladeros de voto. Veinte días y varias encuestas después, la preocupación en el equipo de la presidenta es morir de éxito: que todo ese voto del centro-derecha concentrado en el PP le impida revalidar el Gobierno, a pesar de la opa sobre Ciudadanos y de que la candidata haya logrado achicar el espacio a Abascal con su discurso.
Escribe Fátima Caballero.