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— Última hora del temporal y la pandemia

REPORTAJE | Arréglese como pueda más allá de la M-30

13 enero 2021 - 09:37 h
Vecinos de Carabanchel caminan entre la nieve y el hielo.

No es el Rally de Montecarlo, pero los escasos conductores que se atreven a subir la cuesta de la calle de Afueras de Valverde, en el distrito de Fuencarral, están pendientes del semáforo como los pilotos de carreras. Conforme se pone verde, por turnos, engranan marcha y aceleran a fondo para subir la cuesta y no tener que parar a la mitad, porque la vía (cuatro carriles, doble sentido y conexión con las principales carreteras) sigue llena de nieve y no hay forma de avanzar. Javier, que mañana tiene que ir al hospital Ramón y Cajal a sacarse una muela, hizo hoy de avanzadilla para ver si los caminos estaban practicables. No te molestes en llamar al Ayuntamiento. Aquí no va a venir ni ‘Peter, avisa, tras lamentar la falta de previsión: Qué menos que haber tirado sal. El semáforo se abre, Javier acelera y llega arriba justo antes de que vuelva el rojo.

La M-30 es una linde más que simbólica en Madrid, y la nevada lo ha vuelto a dejar patente. Lo saben en el barrio de Santa Ana, adonde llega la línea 10 de metro y en el exterior todo es aún nieve. En el mapa municipal que muestra el avance de las labores de limpieza, las grandes vías del centro van apareciendo como despejadas poco a poco, pero a medida que se aleja el foco, las marcas se van espaciando. Santa Ana aún una zona muerta.

Mari Ángeles, del bar Hermanos Rodríguez, repite lo que muchos, mientras sirve cafés: Hemos llamado, pero no han venido; hemos sacado nosotros lo que pudimos. Afuera baja la pendiente desde el bloque de edificios Eugenia Iglesias, que con el esfuerzo hasta tiene calor, apoyándose en un bastón puntiagudo para mantener el equilibrio. Aquí no había que pagar ni un impuesto, critica, mientras avanza trabajosamente. Con más agilidad, pero también con cayado, viene por detrás Carlos, quien señala que los vecinos consiguieron palas de un comercio de material de construcción del barrio y con eso han podido ir liberando aceras, mal que bien. Más adelante, caminan Juan y Agustín, es difícil distinguir si por la acera o la calzada. Nada, nada, no han hecho nada, repite el primero. El otro cuenta que llamó al 010 porque su madre estaba aislada en casa y la entrada a su edificio, taponada. Le contestaron: Que no baje y así no se cae.

En el sur de la ciudad, la situación no es mucho mejor. Al cruzar el Puente de Toledo, donde más o menos empieza Carabanchel, la glorieta de Marqués de Vadillo es una constante escena de suspense, con los viandantes poniendo un pie tras de otro con mucho trabajo para no irse al suelo. Por favor, ayúdame a cruzar, pide una mujer que reconoce que las zapatillas que lleva no son muy adecuadas para el hielo. Aquí, no obstante, ya han llegado los trabajadores de limpieza, aun con retraso. Estaba de vacaciones y ayer me dijeron que no viniera, señala Gregorio, que normalmente se encarga de la conservación del pavimento, pero ahora está tratando de retirar el hielo de la plaza. Ha ido un compañero a por un pico, pero hace un rato, señala, y calcula que la normalidad no se recuperará hasta dentro de unos 15 días. No dan abasto con la gente que tienen, y no tenemos cadenas para los camiones, se resigna.

Un reportaje de Víctor Honorato, sobre cómo nieve y hielo siguen acumulándose en los barrios periféricos de Madrid por falta de personal y medios de limpieza.

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