La ciencia detecta el mismo hábito una y otra vez: los humanos prefieren caminar en sentido antihorario

Las hipótesis avanzaron mientras la respuesta siguió pendiente

Héctor Farrés

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La marcha hacia la izquierda ha salido del terreno de las manías y ha acabado dentro de un estudio científico. Una investigación publicada en Nature Communications ha observado que, cuando las personas caminan sin un destino fijado por espacios cerrados o abiertos, tienden a girar hacia la izquierda y a avanzar en sentido contrario a las agujas del reloj, tanto solas como en grupo, en pruebas en España y Japón.

Según The Guardian, el hallazgo nació al revisar grabaciones de experimentos sobre distancia sanitaria en la pandemia, cuando el equipo de Iñaki Echeverría Huarte, investigador de la Universidad de Navarra, vio que las multitudes repetían el mismo giro.

Ese patrón hizo que el grupo, junto a Claudio Feliciani, investigador que trabajaba en la Universidad de Tokio y estudia el control de masas en Waseda University, abriera una línea de pruebas en España y Japón.

Los participantes, todos de perfiles distintos, mantuvieron la pauta cuando iban solos

El trabajo no se quedó en una observación de multitudes, porque los investigadores separaron a los caminantes para comprobar si el efecto dependía de copiar al grupo. En una de las pruebas recogidas por ScienceAlert, 209 personas caminaron solas dentro de un recinto hexagonal hecho con sillas y mesas, sin presión de otras personas alrededor, y aun así apareció una preferencia medible por los giros antihorarios.

Ese resultado también resistió cuando el equipo revisó posibles explicaciones ligadas al cuerpo o a la cultura, ya que el patrón apareció en hombres y mujeres, en España y Japón, además de personas diestras o zurdas.

Feliciani explicó en ScienceAlert que “había una tendencia definida y medible a girar en sentido antihorario antes que horario, en igualdad de condiciones”. La edad sí movió algo el resultado, porque los niños mostraron una inclinación más marcada.

La investigación publicada en Nature Communications apunta a un origen individual del movimiento, una idea que Smithsonian Magazine recoge al citar el propio estudio. Los autores escribieron que “nuestros hallazgos demuestran que este fenómeno surge del comportamiento individual y no aparece colectivamente por interacciones entre peatones o entre peatones y límites”. Esa frase encaja con las pruebas con parches en los ojos, el análisis de pie dominante y los ensayos en recintos con varios diseños.

El mecanismo siguió sin una explicación definitiva

La causa sigue abierta, aunque el equipo ha ido descartando las explicaciones más fáciles. Feliciani señaló en ScienceAlert que “probablemente no procede de los ojos, porque probamos a tapar el ojo izquierdo o el derecho de las personas y el sesgo seguía ahí”. En CTV News, los autores añadieron que las asimetrías sutiles del cerebro y el sistema muscular podrían influir en la dirección que toma una persona al caminar sin una meta.

Las aplicaciones futuras alcanzaron ámbitos muy diversos

Echeverría Huarte planteó en The Guardian una explicación parecida, vinculada a pequeñas diferencias personales que se acumulan cuando varias personas comparten un espacio. El investigador dijo que “cada uno de nosotros lleva un pequeño sesgo personal a girar ligeramente hacia un lado, y cuando muchas personas comparten un espacio, esos pequeños sesgos se suman en una rotación neta en sentido antihorario”. Después añadió que el mecanismo exacto sigue sin resolverse.

El interés práctico aparece en los lugares por los que pasan grandes grupos, porque el diseño de aeropuertos, museos, estaciones y estadios puede cambiar si los modelos de evacuación incluyen esa preferencia. Enrico Ronchi, ingeniero de seguridad de Lund University, dijo al New York Times, según Smithsonian Magazine, que los resultados “abren muchas vías nuevas e interesantes en el campo de la dinámica de multitudes”. Bon Appetit ya había descrito en su análisis sobre supermercados que muchos recorridos empujan al cliente a moverse en sentido antihorario.

Otros estudios y el deporte aportaron más pistas

El deporte aporta otro ángulo al mismo debate. Gareth Irwin, profesor de biomecánica del deporte y el ejercicio en Cardiff Metropolitan University, recordó en The Guardian que los primeros Juegos Olímpicos modernos de 1896 usaron pistas en sentido horario, hasta que el cambio de 1913 atendió a atletas que lo veían como una dirección antinatural para correr. Hoy, las Laws of Athletics fijan la carrera antihoraria, mientras el propio Irwin relaciona esa norma con la dominancia de la pierna derecha.

El patrón apareció en perfiles muy distintos

La comparación con otros animales rebaja la rareza del caso humano, aunque mantiene abierta la búsqueda de una causa. Investigadores de Bristol ya habían mostrado que las hormigas de roca giran a la izquierda al explorar nidos desconocidos, y ScienceAlert cita además estudios sobre periquitos.

Feliciani resumió en The Guardian el camino que queda por delante al decir que “no sabemos por qué ocurre, pero creemos que, al entender las razones, podríamos comprender mejor cómo percibimos el mundo”. El equipo quiere probar ahora edades más avanzadas, personas con movilidad diferente y escenarios de realidad virtual.

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