Construido sobre un acantilado de 212 metros, fue el castillo que inspiró una de las novelas de Julio Verne

La fortificación milenaria ha permanecido a lo largo de los siglos donde convergen las aguas del río Danubio y del río Morava

Alberto Gómez

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El Castillo de Devín fue construido sobre un enorme acantilado rocoso de 212 metros de altura a las afueras de Bratislava, justo en el punto donde convergen las vertiginosas aguas del río Danubio y del río Morava. Esta fortificación milenaria ha permanecido a lo largo de los siglos como un vigía inquebrantable en el corazón del continente europeo, contemplando la confluencia fluvial que separa y une fronteras históricas. Su posición geográfica privilegiada no solo le ha conferido una trascendencia defensiva insuperable desde épocas remotas, sino que ha regalado a la región de Eslovaquia un paisaje panorámico deslumbrante que impresiona a todo aquel viajero que se acerca a contemplar sus ruinas.

Los orígenes del emplazamiento se remontan al Neolítico, cuando las primeras comunidades humanas identificaron el promontorio como un baluarte natural perfecto para la defensa y el asentamiento. Con el desarrollo de las rutas comerciales de la antigüedad, singularmente la Ruta del Ámbar, el lugar fue ocupado sucesivamente por celtas y romanos, quienes erigieron estructuras fortificadas para supervisar la navegación y el comercio a lo largo del Danubio. Asimismo, los legionarios del Imperio Romano levantaron en este risco la primera iglesia cristiana registrada al norte de la corriente fluvial, dejando huellas arqueológicas de valor incalculable que atestiguan el papel crucial del castillo como bastión defensivo y cultural.

Durante el apogeo de la Gran Moravia en la Alta Edad Media, la fortaleza asumió una relevancia histórica trascendental, apareciendo mencionada por primera vez en fuentes escritas en los Anales de Fulda del año 864 bajo la denominación de Dowina, vocablo que significaba niña. Posteriormente, hacia el siglo XIII, Devín se consolidó como una fortaleza real erigida en piedra con el propósito primordial de resguardar la frontera occidental del Reino de Hungría frente a incursiones enemigas. A lo largo de las centurias siguientes, el dominio de la estructura pasó a manos de influyentes linajes de la nobleza europea, entre los que destacaron las familias Gorjanski, Báthory y Pálffy, quienes ampliaron y reforzaron activamente sus defensas.

El castillo está situado en un entorno de altísimo valor paisajístico que actualmente alberga un museo arqueológico al aire libre y un espacio natural protegido

La configuración arquitectónica del conjunto castillo continuó evolucionando durante las épocas gótica y renacentista, incorporando un palacio señorial y bastiones defensivos de piedra con bóvedas destinadas a resistir el avance de las tropas invasoras del Imperio Otomano. Entre las construcciones supervivientes destaca de manera singular la célebre Torre de la Virgen, posada con asombrosa audacia sobre una estrecha aguja rocosa aislada que se eleva directo sobre el abismo. La tradición popular sostiene una trágica leyenda alrededor de esta torre, recordando a una joven novia que, desolada tras el asesinato de su prometido a manos de su propia familia y ante la amenaza de encarcelamiento conventual, decidió quitarse la vida.

El célebre escritor francés Julio Verne quedó profundamente cautivado por la atmósfera melancólica y la silueta sobrecogedora de la fortaleza durante su viaje de estudios por el Imperio Austro-Húngaro realizado en el año 1892. Acompañado por su guía local mientras recorría las inmediaciones de la capital eslovaca, el ilustre novelista contempló fascinado las murallas derruidas que se alzaban sobre la confluencia de los ríos y declaró su intención de ambientar su siguiente obra en un paraje similar. Aquella experiencia directa inspiró la ambientación gótica y misteriosa de su famosa novela “El misterioso castillo en los Cárpatos”, consagrando para siempre la imagen legendaria de Devín en las letras universales.

Telón de Acero

El destino del baluarte sufrió un trágico vuelco en el año 1809, cuando las tropas napoleónicas en retirada dinamitaron las fortificaciones de piedra por orden directa de Napoleón Bonaparte, reduciendo el glorioso complejo palaciego a un conjunto de majestuosas ruinas. No obstante, lejos de caer en el olvido, el sitio resurgió durante el siglo XIX como un símbolo patrio fundamental para el movimiento romántico y la identidad nacional de Eslovaquia. Los poetas y pensadores románticos exaltaron la memoria histórica de Devín en sus cantos, transformando las piedras derruidas en un emblema inmortal de resistencia, soberanía y orgullo cultural para el pueblo eslovaco a lo largo de las generaciones posteriores.

En tiempos de la Guerra Fría y tras la Segunda Guerra Mundial, la serenidad del enclave se vio alterada al convertirse la confluencia del Danubio y el Morava en una de las fronteras políticas más estrictamente custodiadas del denominado Telón de Acero. La estricta prohibición de edificación en la zona preservó involuntariamente un entorno de altísimo valor paisajístico que actualmente alberga un relevante museo arqueológico al aire libre y un espacio natural protegido. Declarado Monumento Cultural Nacional, el Castillo de Devín representa hoy uno de los atractivos turísticos más admirados de Eslovaquia, atrayendo a miles de visitantes ansiosos por rememorar su historia y contemplar sus vistas.

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