Los cuatro cines de España que merece la pena visitar al menos una vez

Imagen de archivo de una sala de cine

Daniel Casanova

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Ver una película en casa nunca ha sido tan sencillo y las salas españolas llevan varios años intentando recuperar al público. En 2025, los cines cerraron el año con 65 millones de espectadores, un 8 % menos que el ejercicio anterior, encadenando así su segundo año consecutivo de descenso, según la Federación de Cines de España (FECE).  

Este 2026, sin embargo, la tendencia ha empezado a cambiar: la Fiesta del Cine reunió a 1.352.668 espectadores, un 4,3 % más que en su edición de junio de 2025 y el mejor resultado de una edición de primavera desde 2019. En ese contexto de recuperación, algunos cines ofrecen motivos para que ver una película sea algo más que sentarse frente a una pantalla. Edificios con décadas de historia, formatos de proyección poco habituales o salas que han sobrevivido a grandes cambios en el sector convierten la propia visita en parte de la experiencia.

Cines Callao (Madrid): un siglo en plena Gran Vía

Los Cines Callao en los años 30 (i) y en una imagen actual (d)

Pocos lugares representan mejor esa historia que los Cines Callao, que este 2026 celebran su centenario. El edificio abrió sus puertas el 11 de diciembre de 1926 y fue diseñado por Luis Gutiérrez Soto, uno de los grandes nombres de la arquitectura española del siglo XX. Por sus salas también pasaron algunos hitos: allí se proyectó en 1929 la primera película sonora y hablada exhibida en España y, años después, acogió las primeras proyecciones en color y 3D del país.

Phenomena Experience (Barcelona): recuperar el cine como espectáculo

En Barcelona, Phenomena Experience apuesta precisamente por aquello que resulta difícil reproducir en el salón de casa. Se trata de una gran sala que combina estrenos con clásicos, retrospectivas y sesiones especiales, manteniendo además la posibilidad de proyectar películas en 35 y 70 mm. En 2025, recibió el Premio Carlo Lizzani Europa a la Mejor Sala Europea y este 2026 ha renovado sus instalaciones y su sistema de proyección.

Cine Albéniz (Málaga): una sala que resiste desde 1945

El Albéniz lleva más de ocho décadas formando parte de la vida cultural de Málaga. Inaugurado en 1945, conserva el carácter de una sala histórica mientras mantiene una programación ligada al cine independiente, europeo y en versión original. También es uno de los espacios vinculados al Festival de Málaga. Su ubicación añade otro atractivo: se encuentra en la calle Alcazabilla, junto al Teatro Romano y a los pies de la Alcazaba.

Cine Palafox (Zaragoza): una gran sala que conserva su pasado

La última parada nos lleva hasta Zaragoza. Inaugurado en 1954, el Palafox conserva elementos originales como sus escaleras, el vestíbulo y la propia sala. Una importante reforma realizada en 1997 lo transformó en un complejo con varias pantallas. Es un ejemplo de cómo un cine nacido a mediados del siglo pasado puede adaptarse sin borrar por completo el carácter con el que fue construido.

En un momento en el que las salas buscan recuperar el terreno perdido, estos espacios recuerdan que la experiencia cinematográfica también depende del lugar. Ver una película en un edificio centenario, recuperar un clásico o disfrutar de una proyección en 70 mm son experiencias difíciles de trasladar al salón de casa. En algunos cines, la sala también forma parte de la película. 

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