Empezó como modelo, fue reportera de guerra y se coló en la bañera de Hitler: la increíble historia de Lee Miller

Lee Miller en la bañera del apartamento de Hitler en Múnich.

Laura Cuesta

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La de Lee Miller (Nueva York, 1907) es una de esas vidas que superan la ficción. Desde niña, estuvo familiarizada con posar ante el objetivo de una cámara. Su padre, ingeniero y fotógrafo aficionado, la retrató desde que nació hasta que se convirtió en adulta. Fue precisamente esa pasión de su padre la que hizo que su interés por la fotografía se fuera gestando.

Con 18 años, le pidió a su padre hacer un viaje de estudios a París, una experiencia que la marcó profundamente por la enorme vida cultural, artística e intelectual que había en la capital francesa. A su regreso a Nueva York, en 1926, tuvo un encuentro casual con el fundador de Vogue, Condé Nast. El hombre quedó fascinado con la belleza de Miller, a quien inmediatamente invitó a posar para su revista.

Durante un par de años, Lee se convirtió en una de las modelos más solicitadas en Nueva York, posando para algunos de los fotógrafos más destacados de la época. Pero la joven seguía soñando con ser ella quien se colocaba detrás de la cámara. En 1929, se trasladó a París con la intención de convertirse en aprendiz de Man Ray, con quien acabó teniendo una relación sentimental.

De modelo a corresponsal de guerra

El estallido de la Segunda Guerra Mundial supuso un nuevo giro de guion en la vida de Miller, que entonces se instaló en Londres. Allí empezó a colaborar como fotoperiodista para Vogue publicando reportajes sobre el impacto del conflicto en la vida de las mujeres, pero el avance de la contienda volvió a sorprenderla. De las fotografías de estudio, pasó a hacer reportajes sobre el terreno.

Así, se convirtió en una de las cuatro únicas fotógrafas acreditadas como corresponsales de guerra oficiales de las fuerzas armadas estadounidenses. Miller llegó a Normandía en julio de 1944, un mes después de que los Aliados lanzaran su invasión a la Europa ocupada por los nazis. Empezaba entonces su andadura como fotógrafa de guerra.

En aquella época, documentó varios momentos históricos como la Liberación de París o las consecuencias del Día D. También fotografió las ruinas de ciudades destruidas en toda Europa y el horror de los campos de concentración de los nazis. De hecho, algunos de sus trabajos más reconocidos los hizo en los campos de Buchenwald y Dachau, en abril de 1945. 

Fue ese mismo año en el que protagonizó uno de sus retratos más icónicos. Lee y su compañero David E. Scherman, fotógrafo de la revista Life, se colaron en el apartamento que Adolf Hitler tenía en Múnich el mismo día que el dictador alemán decidió quitarse la vida en Berlín. “Durante años he llevado la dirección de Hitler en Múnich en el bolsillo y por fin he tenido la oportunidad de usarla. Pero mi anfitrión no estaba en casa. Hice algunas fotos del lugar y dormí bastante bien en la cama de Hitler”, señaló tiempo después. 

Lee Miller nunca contó a su familia todo el trabajo que hizo en la guerra. Semanas después de su fallecimiento, fue su nuera Suzanna quien encontró de casualidad miles de negativos acumulados en cajas en una buhardilla. Anthony Penrose, su único hijo, decidió entonces catalogar toda la obra de su madre sin saber que esta había sido una de las fotógrafas más importantes del siglo XX.

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