La escultura romana que encargó el propio emperador Augusto y que se puede visitar actualmente en el Museo del Prado
En la sala 047 del Museo del Prado de Madrid se encuentra una destacada escultura, que tiene orígenes que se remontan al primer emperador del Imperio romano, Augusto, que la encargó después de salvar su vida. Una obra que llegó a estar en el Capitolio de Roma, una copia de alta calidad que pasó por algunas de las figuras más influyentes del siglo XVII en Europa y que acabó en manos de la Corona española durante el reinado de Felipe V.
Es la escultura de Júpiter Tonante, de mármol blanco, que forma parte del Taller Romano del museo del Prado. Originalmente, la figura alzaba el brazo izquierdo para asir un alto cetro, mientras en la derecha empuñaba un rayo, según se cree, un atributo que no se conserva en la actualidad.
Según informa el propio museo en su página web, los atributos de que se trate de una figura de un dios desnudo cubierto tan solo con un manto encima del hombro izquierdo hacen que se trate de Júpiter o Neptuno, aunque el hecho de “la caballera no tan revuelta y la barba bien cuidada” lo identifican como el primero.
“En esta escultura confluyen varios modelos del arte griego, inspirándose probablemente en una famosa estatua de culto de origen romano, que fue reproducida en numerosas ocasiones en época romana, y en la que predominan los rasgos propios del pleno clasicismo”, apuntan desde el museo.
El origen de la escultura de Júpiter Tonante
Esta escultura que observamos en el Museo del Prado procede de la estatua de culto del templo de ‘Iupiter Tonans’, que se situaba en el Capitolio de Roma y que estaba dedicado por Octavio Augusto el 1 de septiembre del 22 a.C como agradecimiento a salvar su vida durante la campaña de Cantabria.
Y es que al que fue el primer emperador romano le pasó un rayo a poca distancia de donde dormía, cayendo sobre un esclavo que iba delante con una antorcha en la mano, pero salvando a Augusto, que lo encontró como una señal “milagrosa”. Sin embargo, el templo y la estatua original se quemaron en el 80 d.C y se reconstruyeron por parte de Domiciano. De esta época se trata la estatua que se puede visitar en Madrid, que se considera se reconstruyó entre el 85 y 100 d.C.
Cómo llegó esta escultura romana a España
Esta copia romana de la escultura fue pasando por diferentes manos a lo largo de su historia. Una de las primeras fue la de la reina Cristina de Suecia, que la incluyó en su colección en Roma hasta 1689, para luego pasar a ser propiedad del cardenal Decio Azzolino y de Pompeo Azzolino, hasta que pasó de 1692 a 1713 a ser de Livio Odescalchi, duque de Bracciano.
De aquí, en el siglo XVIII, la escultura de Júpiter Tonante entró dentro de la Colección Real española durante el reinado de Felipe V, para estar expuesta en el Palacio de La Granja de San Ildefonso y luego llegar al Palacio Real, ya reestructurado tras el incendio del Alcázar. Finalmente acabaría en la sala mencionada del Museo del Prado, donde se puede visitar actualmente.
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